1965–25 de mayo-2014: 49° Aniversario de la fundación del PRT

La burguesía detenta el poder en el sistema capitalista y desde esa posición dominante trabaja sin descanso en el intento de imponernos su forma de pensar, su forma de analizar la realidad que vivimos, su ideología.

La finalidad que persigue es envenenar a la sociedad con un pensamiento idealista, en donde todo aparentemente transcurre evolutivamente, siguiendo un destino que no se puede modificar. Este trabajo ideológico lo que trata es de coartar de cuajo cualquier sentido crítico, cualquier cuestionamiento al «orden natural» (que no es otro que el suyo, el de su clase), mucho más aun cuando comienzan a despuntar vestigios concretos de cuestionamientos a su poder.

Dentro de este plan y en esta misma línea, el sistema educativo que instaura (y defiende) la dominación burguesa, nos «enseña» la Historia como una simple sucesión de hechos del pasado, sin ninguna vinculación con nuestro presente.

Esa historia oficial esconde sistemáticamente la acción colectiva, el protagonismo popular, y cuando la contundencia de los hechos la deja en evidencia y ya no puede evitar la verdad, muestra los acontecimientos de manera tal que impida a los trabajadores y al pueblo verse reflejados; como si miráramos algo extraño a nosotros, cosas que les pasaron a otros y que nos son totalmente ajenas. Así actúan a la hora de no contar la verdadera historia del pueblo, no es difícil imaginarse lo que hacen si de su enemigo de clase se trata.

Pero para la clase obrera hay otra Historia, construida de generación en generación, en donde van pasando los relatos, las vivencias, las grandes epopeyas, los triunfos y también las derrotas. En ella se expresan los más altos gestos de heroísmo y solidaridad, y las más viles entregas y traiciones. Al contrario de lo que  nos plantean en la historia oficial, en esta Historia nada nos es ajeno, nada le pasó a otros; al contrario, todo es transmitido y vivido haciendo hincapié en la experiencia y la construcción colectivas, en la vinculación directa y continua, en fenómenos que dan lugar a otros nuevos, que aprenden del pasado desde una visión que nos permite construir todo lo que ellos intentan destruir.

Esa es la razón por la cual, cuando se derriban los muros del silencio y la desinformación, los hechos salen a la luz y los verdaderos protagonistas renacen de múltiples formas, aunque la burguesía los presente desde páginas amarillentas, ajadas fotos o “simples” recuerdos.

El pasado deja de ser lejano y con la velocidad de un rayo se acerca presuroso al presente, al aquí y al ahora, con un peso decisivo, recobrando su auténtica forma, reavivando corazones y cabezas inquietas que, porfiadas, una vez más, quieren saber de qué se trata.

Y por más que la burguesía quiera limitar ese redescubrimiento de las masas a su verdadera historia (una búsqueda vital), intentando congelarla, desgastarla y volviéndola  a matar, ya perdió la partida: la Historia es tomada, contada y vivida por sus protagonistas, convirtiéndose en arcilla revolucionaria para moldear nuestro futuro.

UN PARTIDO REVOLUCIONARIO. El mes de Mayo está cargado de símbolos nacidos desde las entrañas del pueblo que reivindican una vida de lucha, esperanza y decisión por una sociedad justa: las jornadas por la independencia de 1810, la gloriosa lucha de los trabajadores de Chicago el 1° de Mayo de 1886, la búsqueda incesante por la unidad obrera expresada en el Cordobazo de 1969, y la constitución –el 25 de Mayo de 1965– del PRT, Partido Revolucionario de los Trabajadores.

¿En qué contexto histórico nace nuestro Partido? Mayo del ’65 ocurría a diez años del golpe del ’55; a 8 años del desengaño Frondicista que pasó del discurso desarrollista al Connintes (Conmoción Interior) que llenó las cárceles persiguiendo al pueblo, reprimiéndolo; a 2 años del gobierno de Illia votado por apenas el 25% del electorado, con proscripciones y “acuerdos” con las Fuerzas Armadas.

La situación de los trabajadores estaba signada por un estado de alerta y movilización. La resistencia de finales de la década del ´50, atravesada por la acción individual, los sabotajes, la tiza y el carbón, había madurado en acciones colectivas, tomas de fábricas, ocupación de barrios y movilizaciones masivas. La lucha salía hacia fuera y tomaba estado público.

El nuevo proletariado instalado fundamentalmente en la industria automotriz y siderúrgica, superaba su juventud e inexperiencia haciendo base en su fuerza colectiva, apoyándose en todo el pueblo y socializando las enseñanzas de cada conflicto.

La Revolución Cubana demostraba que era posible la victoria del pueblo, y sus logros y avances: sus dificultades y bloqueos eran vividos como propios.

Las reivindicaciones rompían los moldes de la petición o la demanda. Eran consideradas como parte de una lucha más profunda, del combate de fondo de dos clases: la contradicción Capitalismo-Socialismo ponía una divisoria de aguas que arrinconaba al reformismo y al oportunismo.

El avance del Capitalismo Monopolista destruía fuerzas productivas (tradicionales) y la concentración expulsaba a miles y miles al exilio interno, a la migración. La injusticia y la explotación eran enfrentadas en todo del país. Los trabajadores azucareros de Tucumán y de todo el Noroeste estaban en lucha permanente. Son estas las bases que determinan la necesidad y por ende la creación de un Partido Revolucionario.

Aquel minúsculo grupo de fundadores, da forma a una herramienta que se funde con las aspiraciones y necesidades de la clase. Córdoba, las Riberas del Paraná, Mendoza, y el Gran Buenos Aires, hacen crecer una alternativa política revolucionaria de los trabajadores para todo el pueblo.

Y en un muy corto plazo, el Partido va tomando un destacado papel, erigiendo a muchos de sus hombres y mujeres en dirigentes queridos y admirados. Desde Mario Roberto Santucho, nuestro Secretario General Histórico, hasta los «desconocidos» obreros de los cordones industriales, los dirigentes barriales, estudiantiles e intelectuales.

La eliminación física de toda nuestra Dirección es acaso el dato más revelador de hasta dónde le dolía a la burguesía el PRT. Como decía un compañero hace algunos años: cómo habrá sido la cosa que en Julio de 1976 clausuraron Crónica por difundir el asesinato de Santucho y los demás compañeros en Villa Martelli, temerosos de las posibles repercusiones.

«Lo que el PRT dice, lo hace» era la síntesis que corría de boca en boca, a la hora de definir qué clase de organización necesitaba la vanguardia obrera y popular.

UN PROYECTO REVOLUCIONARIO. La Revolución no la hace un Partido, la hacen las masas con su protagonismo. La Revolución la hacen las masas, pero sin la decisión de la clase obrera, no existe unidad ni proyecto de poder.

El proletariado es la columna vertebral del proyecto revolucionario basado en el poder del pueblo, pero sin una organización política que reúna y sintetice la acción de sus dirigentes naturales, no hay trabajadores que actúen y piensen como clase, no hay unidad, ni poder, ni protagonismo.

Esa misma necesidad 49 años después, no sólo no ha desaparecido sino que se ha profundizado con una potencia arrolladora. Día a día crece la importancia de un Partido Revolucionario, de una vanguardia obrera organizada que se disponga a dirigir la lucha política por el poder, en momentos como este (aquí y en el mundo) en que la lucha de clases se extiende y se profundiza.

Ese ha sido siempre nuestro compromiso, el mismo que sostenemos hoy, con la convicción y la fuerza que nos da la lucha de nuestro pueblo por su dignidad. ¡¡¡Que viva el glorioso PRT!!

 

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