2018-2058

21/12/2018
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ALGUNAS REFLEXIONES A POCOS DÍAS DE TERMINAR EL AÑO, DESDE UN FUTURO NO TAN LEJANO, DE DIGNIDAD Y ESPERANZA.

La lucha por la vida y los problemas económicos de la familia, fueron mellando los lazos de amor. Los contratos familiares pudieron más que los afectos o, en todo caso, éstos últimos se subordinaron a los primeros. Un estado de descomposición alteró a nuestra sociedad.

Con ese pesado antecedente, lo que vivimos hoy con cambios sustanciales que llevaron varias décadas de transición y que aún continúan, posibilitaron revertir situaciones no queridas por nadie de un pasado desolador, paria, ruin, en donde toda relación entre los humanos estaba degradada por la idea de que “todo se compra y todo se vende”, un sistema capitalista caduco en donde la existencia del “Dios” mercado lo podía todo.

El Estado en manos de las minorías estaba (¡muy presente!) para actuar en beneficio de los ricos, de los poseedores de los medios de producción. Pero en estas circunstancias, en donde el Estado es de todos, ciertas leyes y normativas se van extinguiendo gracias a un cada vez más alto nivel de conciencia de nuestra población y poblaciones vecinas.

Por lo pronto esta vez el amor ganó la gran batalla contra las ataduras que provocaron los sistemas de explotación. El hombre y la mujer, explotados y oprimidos nos adueñamos de los medios de producción y con ellos comenzamos a administrar a la nueva sociedad.

Muy cierto, los primeros años fueron de caos, muy pocos sabíamos de administrar, jamás habíamos sido partícipes de tamaña tarea, el Estado era de unos pocos poderosos y ellos lo dirigían todo, pero llevábamos la ventaja de saber producir y con ello un buen nivel del manejo de la ciencia y de la técnica. Una ventaja que a lo largo de los años iba a facilitar la resolución de los problemas más acuciantes.

Costó mucho al principio de este proceso asimilar el gran cambio, ya que el peor daño lo hicieron en la mente. La fuerza cultural del individualismo que dejó el sistema capitalista no fue menor. Fue un gran acierto el acompañar este cambio de manos en cuanto a los medios de producción con una gran campaña cultural de lo nuevo, de todo un amanecer distinto para la sociedad.

Lo que se hizo antes de construir desde la base la nueva sociedad en ciernes, posibilitó en gran medida dar pautas fundamentales para la existencia del nuevo Estado Revolucionario. Es que las grandes decisiones de la lucha por el poder se gestaron en los centros fundamentales de producción capitalista que en aquella época lo teñían todo. Allí se elaboraban las grandes gestas políticas para poner en marcha un nuevo país.

Todo estaba cuestionado. Las grandes mayorías no creían en las instituciones y solo se confiaba en las propias fuerzas que venían desde abajo, pero que aún estaban muy dispersas. La acción consecuente de ese proyecto político en marcha coincidía con las aspiraciones políticas de progreso de todo el pueblo, el mismo que no cesaba de luchar por conquistarlas.

De a poco y con cambios cuantitativos y cualitativos permanentes desde muy abajo, aparecieron los primeros embriones del verdadero poder popular aún presente. Embriones porque el mismo poder burgués no los consideró y como embriones pudieron desarrollarse hasta cobrar una fuerza activa, en donde la existencia de un poder político centralizado se fue construyendo desde una masividad y participación democrática en forma directa.

El Estado proletario y popular triunfó con esa base de poder y con un control de los medios de producción existentes y otros resortes fundamentales de la economía.

Pero con el poder en la mano de las grandes mayorías había que construir, ladrillo sobre ladrillo. No se partía de cero, ahora esa fuerza política centralizada y bien pegada a las mayorías, que eran las bases de sustento de todo el cambio estructural pretendido, debía comenzar por un principio básico.

Ninguna persona podía pasar hambre, existencia de pobreza sí, existencia de miseria no.

Se debatía mucho el qué hacer con los medios de producción, el qué hacer con el consumo, el qué hacer con el campo, todo en discusión… Pero había un norte que lo contemplaba todo: el destino de lo producido también cambiaba de mano y de contenido. Ahora, la ganancia de unos pocos se cambiaba por la necesidad de la mejora de la sociedad, y el principal destinatario: la sociedad humana.

Se necesitaba de todo y de la sociedad entera para salir del caos. En un corto período se desarrollaron los primeros planes para sacar de la miseria a millones de compatriotas. La riqueza producida en los primeros dos años volvió con creces a los miserables de la sociedad anterior. Los resultados estaban a la vista. No más pordioseros, no más gente buscando comida en los tachos de basura, no más indigentes, no más niños desnutridos.

En él mientras tanto, entre el cúmulo de problemas, del aprendizaje para administrar, había que elaborar los primeros planes estratégicos. Nada fue fácil, menos aún en el arranque.

Sin embargo, había una fuerte directriz política: el Estado en manos del pueblo también tenía una fuerza de abajo muy movilizada y con dirigencias surgidas de los años de lucha contra el viejo y caduco sistema. Miles y miles de nuevas camadas de dirigentes fogueados en la democracia directa, con organizaciones de poder popular, pasarían a tomar el mando político para garantizar un camino en donde la administración de la nueva sociedad fuese un problema de todos.

Los centros productivos y todo lo que los rodeaba fueron la columna vertebral para garantizar los primeros pasos de la nueva sociedad.

En ese sentido, se garantizaron los primeros años con gran producción acompañada de una revolución cultural permanente. La plena movilización, su constancia para la solución de los problemas, iban a ser el primer escalón. Pero había que trabajar y hacer conciencia que lo que se producía volvía al pueblo, a los hijos, a la familia, a los amigos, a la sociedad. Se dio una lucha frontal contra la enajenación y la alienación. Se comenzaba a asimilar que el trabajo en estas condiciones era liberador, pero había que insistir una y otra vez en esta educación popular. El daño del sistema anterior era muy profundo, la transición debía hacer el acento en la producción, su carácter y la elevación de la conciencia socialista.

Si bien invadían los problemas y dificultades, el entusiasmo y las ganas del pueblo por vivir una vida distinta ayudaron a ver resultados en lo inmediato. De entrada había que dar respuesta a la ruptura que había ocasionado el sistema anterior en cuanto a la división campo-ciudad y al trabajo intelectual del manual, hombre- mujer, “jóvenes-viejos” entre los principales obstáculos, y sin menoscabar otros.

Para producir productos para el consumo de calidad y cantidad se aprovechó la ciencia y la técnica alcanzada hasta ese entonces. La capacidad de nuestros técnicos en estadísticas se encontraba entre los mejores del mundo, con ese recurso se pudo producir lo requerido para las necesidades de la sociedad. Se sabía cuántos litros de leche producir, cuántos de pan, etc. Se aprovechó la calidad de nuestra tierra, de nuestro clima, para radicar industrias cercanas a las materias primas. Para ello fue necesario abrir nuevas escuelas, universidades, la salud y la vivienda eran preocupación constante para acompañar tal desarrollo. Con los años se descentralizó y a la vez se centralizó una administración muy pegada a proyectos para cada etapa.

Cuando el trabajo se consolidó como liberador de la sociedad y no una “cárcel” o “yugo” como estaba considerado en el sistema capitalista, “el tiempo libre” hoy ya no existe, es parte de la vida actual, sobre todo en las nuevas generaciones, al estar el sello imborrable de que lo que produzco me vuelve con creces en calidad y cantidad. Puedo desplegar las más variadas actividades y de todo orden, el viejo individualismo se va extinguiendo y se afirma la tendencia de la libertad más amplia.

Todo fue muy difícil, había muchos escépticos, y no era para menos. Pero nuestra sociedad fue rebelde, sacaba fuerzas en forma constante y la lucha por la vida se fue transformando en una lucha política por el poder. En definitiva, se constituyó en la base de todos estos años de consolidación de una nueva sociedad.

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EL COMBA Nº 1098, 14 de Junio de 2019

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