Algo más sobre la reforma laboral

Según la OCDE, el costo laboral en nuestro país es el más alto de Latinoamérica. Está «en un 34% de lo que debería ser», pero no nos dice por qué es alto, ni cuál es el piso, solo una comparación con respecto a los costos laborales de todos los países de América Latina. Y llega a la conclusión que ese 34% es «el más alto de todos».

Paraguay por ejemplo tiene -según la OCDE- un costo laboral del 20,9% y Brasil de 32%. Aun a pesar de ser un costo laboral mucho más reducido, el 10% del costo laboral de Honduras es un costo 10% más elevado de lo que debería ser, o sea es un costo susceptible de ser reducido. Siempre medido en dólares, el capital monopolista se prefigura un costo laboral ideal -que es el equivalente a cero-. El ideal del costo cero es su objeto de deseo. Es el fetiche al que tributa toda su acción como clase explotadora.  En el culto al costo cero invierte todos sus esfuerzos políticos y económicos. Bajo la figura de las reformas laborales, tributarias y fiscales intenta reducir los salarios y atacar la conquistas laborales y políticas de la clase obrera.

Según Ceos de empresas y corporaciones monopolistas en uno de sus estudios afirman que el costo laboral tiene 3 componentes: El salario en Bruto –  Las deducciones al salario (aportes jubilatorios, obra social, etc.) – Contribuciones del empleador. 

El mismo se calcula en base al:

Salario en bruto

A.R.T. (seguros por accidentes)

Aportes Patronales.

Vacaciones.

Uniformes y vestimenta adecuada.

Controles médicos.

Viáticos (Transporte).

Feriados compensatorios.

Indemnizaciones por despidos.

Todo este el cuadro conforma -según los economistas del capital monopolista- el llamado  costo laboral que es el que paga el empleador pero que no recibe el empleado. O sea, lo que le llega al empleado en el bolsillo más lo que termina pagando el empleador en forma de tributos y contribuciones. Por cada 100 pesos que gana un trabajador, 150 pesos paga el empresario. Según esto, resulta que el capital monopolista -en la figura de sus empresarios- se dedica a la filantropía…

De aquí se puede llegar a concluir erróneamente que el contrabando que esconde todo este artilugio es verdadero, que la plusvalía que genera el trabajador no puede cubrir ni su propio costo salarial. Que es el propio empresario, que en un esfuerzo humano, recurre a su propio bolsillo para resolver esta cuestión. Que como ese esfuerzo es muy caro hay que reducirlo un 34%…

Pero la realidad es muy distinta. La clase obrera crea socialmente con su trabajo no solo el valor equivalente a su salario sino también, valores, mercancías y productos equivalentes a las cuantiosas ganancias del capital.

Las ganancias del capital provienen de la explotación del trabajo asalariado. Son el resultado del trabajo no remunerado a la clase obrera que las produce a cambio de un salario que es infinitamente menor al que genera con su esfuerzo productivo.

La clase obrera trabaja -para «generar» su salario- un tiempo muy reducido, que en el mejor de los casos no llega a media jornada de 9 horas de un día de trabajo, y que varía según el tipo de industria o de empleo. El resto del mes, de intenso trabajo, es creación de ganancias para el capital.

En apenas un rato de trabajo, la clase obrera no solo produce los 100$ para su bolsillo sino también, los 150$ que el empresario se apropia y dice poner del suyo.

¿Cuáles son entonces los costos que el capital desembolsa de su bolsillo, si sus ganancias provienen del trabajo no pagado a los obreros?  La reducción de lo que ellos llaman sus costos involucra a toda la lista que figura más arriba.

Desde salarios hasta viáticos, pasando por seguros laborales e indemnizaciones, implica que la parte de la plusvalía producida socialmente y destinada a cubrir todos estos aspectos del sostenimiento de fuerza de trabajo, no se dispersen en toda la estructura tributaria del Estado y queden en manos del propio capital monopolista.

La concentración de la ganancia agudiza la lucha intermonopolista por la disponibilidad de esas masas de plusvalía. Esas disputas son las que -por ejemplo- se ventilan en el Estado frente a los subsidios que las petroleras pretenden para invertir en Vaca Muerta.

Estos intereses disputan la apropiación de la ganancia por medio de las reformas tributarias, laborales y fiscales. Sin embargo, sus disputas -en un marco de concentración como el que estamos atravesando- implican agudas disputas que entorpecen sus propias demandas.

Hace unos pocos días El Cronista publicaba una nota de Julián de Diego que se titulaba “La reforma laboral fuera de la agenda electoral”. En ella, además de toda la defensa de estas leyes reaccionarias disfrazadas de modernas, despotrica contra la incapacidad política de las formulas electorales de promover las mismas dentro de sus plataformas.

Para tratar de agregar más elementos y limar lo reaccionario de la publicación de este autor, un no menos reaccionario como Funes de Rioja (vicepresidente de la UIA) consideró que «no se puede tener un sistema laboral respondiendo a las necesidades de la primera y segunda revolución industrial” orientando sus críticas a “la resistencia al cambio por parte de diversos sectores”.

Contrariamente a lo que afirma Funes de Rioja y todo el séquito de la UIA las reformas laborales son una profundización de la explotación. La drástica reducción de las libertades políticas, la subordinación más despótica de la propia humanidad de los trabajadores a las pretensiones de vida que una clase social parasitaria. Con todo lo que implican en retrocesos salariales y sociales y en conquistas laborales, dejan muy mal parada la llamada modernidad que la burguesía pregona.

Pero la hipocresía tiene su prosecución en las declaraciones del ministro de producción, Dante Sica. Quien, haciéndose el inocente, denuncia que las consecuencias de la crisis del 2018 (que se traducen en menores salarios, mayor desocupación, precariedad laboral, ajustes etc.) se resuelven con la aplicación de estas reformas. O sea que el gobierno propone profundizar mas este estado de putrefacción que muestra el capitalismo, con más descenso salarial y rapiña laboral a como dé lugar.

Escondida en una abrumadora superabundancia de noticias frívolas, el 12 de junio pasado la revista Eco Journal publica que el llamado frente opositor -el de los Fernández- se comprometió a sostener todas las garantías políticas y económicas, como así también avanzar en la ampliación de la producción del gas Shale en Vaca Muerta, incluido el llamado blindaje, que no es más que la aplicación más desmedida de la Reforma Laboral y el sostenimiento de este monumental negocio a contrapelo de lo que significa, vida laboral, ecología y medio ambiente.

Las premisas para profundizar el retroceso de las condiciones salariales y condiciones laborales ya están presentes. Independientemente de quién gane en las elecciones venideras, el capital monopolista se apresta a profundizarlas y junto con ellas socavar más aun los niveles de conquistas. Sus mezquinas necesidades frente a las necesidades de millones de trabajadores se confrontarán en un escenario corroído por el desprestigio de una clase social funesta.

La clase obrera y el pueblo deben profundizar su propia iniciativa de organización independiente y avanzar desde la democracia directa y desde sus propias experiencias en nuevos niveles de enfrentamiento. Parados desde nuestras fuerzas propias y sin la tutela del poder burgués, no le demos tregua al capital y a sus serviles en el gobierno.

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