La lucha de los pueblos arremete contra los planes de la burguesía

01/01/2020
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La concentración de la riqueza producida por los pueblos del mundo sigue creciendo exponencialmente. Según Oxfam más de 2.500 millones de dólares diarios engrosan las arcas de los selectos núcleos del capital monopolista trasnacional. En 2018 sus riquezas aumentaron a 900.000 millones de dólares.  Como contrapartida 3.800 millones de trabajadores en todo el mundo ven reducidos sus salarios en más de 11%.

El agravante de todo es que estos niveles de desigualdad que se sostienen sobre la base de la explotación del trabajo asalariado está sustentado desde la democracia burguesa. Es decir, desde políticas de Estado implementadas por gobiernos al servicio de estos magnates, que independientemente del sesgo más progre o más liberal que detente cada uno, no dudan en aplicar, ajustes, devaluaciones, inflación, impuestazos, tarifazos, congelamientos salariales, reformas tributarias, etc… Lo cual hace que ese 11% de reducción salarial que menciona el informe de Oxfam sea mucho más agudo y profundo.

El eje de la contradicción irreconciliable entre la clase explotada y explotadora nunca estuvo tan expuesto por el hartazgo de los cientos de millones que luchamos por una vida digna.

Esta contradicción, la fundamental contradicción de este putrefacto sistema social no solo esta agudizada únicamente en términos económicos sino también y de forma creciente a escala global, en términos políticos e ideológicos.

Todo el torbellino de luchas crece y seguirá creciendo tan exponencialmente como las ambiciones de ganancias del capital, porque la única condición de subsistencia del capitalismo es la superexplotación y el sometimiento de los pueblos.

Esta contradicción es parte integrante de todo el auge de la lucha de clases. Por ello no solo recorren el mundo las demandas contra la economía de la burguesía monopolista sino también las demandas contra su sistema de dominación política, sus mentiras, su corrupción y sus premisas ideológicas. Las avanzadas de los pueblos lo cuestionan todo.

El 2018 culminó con las formidables movilizaciones del pueblo francés y los chalecos amarillos, además de un conjunto de extraordinarias luchas en variadas regiones que a lo largo de ese año exponían una tendencia que se venía acentuando desde la acción de los pueblos. Aun con los esfuerzos ideológicos de la prensa burguesa y sus acólitos, aun con las prebendas y las migajas que desde los gobiernos se intentaron para contener un creciente estado de hartazgo y la búsqueda de dignidad.

Lejos de aminorar y quedar como hechos exclusivos,  el año 2019 se inaugura con las luchas obreras de las maquiladoras de México -que pusieron en jaque la industria automotriz de EE.UU. y de varias regiones más- y con las formidables huelgas en India, que abarcaron a varias ramas de la producción y que sumaron un apoyo de más de 200 millones de trabajadoras y trabajadores, dando un aire vivificante a las luchas obreras de varias regiones de África y Asia, y sin lugar a dudas aportando a la lucha de clases su saludable efecto multiplicador.

De ahí en más los pueblos del mundo no han detenido su marcha y al ritmo de su persistencia, su sed de justicia y dignidad la han ensanchado y consolidado. La prensa burguesa en sus balance políticos y sus notas de análisis reducen su contenido y el significado de todo este escenario a lo que ocurre fronteras adentro. La reducen a un conjunto de países determinados en cada continente. Con ello también, intentan justificar que las insurrecciones de Irak son solo por aumentos de impuestos, que las protestas y las formidables luchas en Chile son por el aumento de impuestos al subte, que las del Líbano se reducen a una cuestión de corrupción, que en China y Ecuador se ventilan demandas ciudadanas, etc… Todo el trasfondo político e ideológico se oculta al igual que todo el cuestionamiento a la democracia burguesa.

Por lo tanto, intentan preservarla maquillando lo que realmente está implícito en todo este auge de lucha de clases a escala global: que es el quiebre institucional e ideológico del propio aparato representante de sus intereses que es el Estado y el cuestionamiento al propio sistema de dominación.

A lo largo de este año se han multiplicado exponencialmente las movilizaciones, las huelgas, las tomas, los enfrentamientos violentos, las manifestaciones multitudinarias en los cinco continentes. Diversidad de expresiones de organizaciones de trabajadores en base al ejercicio asambleario, la autoconvocatoria y la democracia directa, han ganado enorme protagonismo, acentuando también el escenario de unidad política de los “de abajo”. Y aunque no todas estas formas de luchas se dan al mismo tiempo, sin dudas, como se va demostrando casi a diario, todas tienen un carácter insurreccional que va acompañado de un ferviente estado de ánimo. El 2019 concluye como una reafirmación de las tendencias del 2018, pero también contiene, en el marco de las experiencias de lucha de los pueblos las premisas de búsquedas políticas más profundas y la necesaria elevación de la conciencia política colectiva de cientos de millones de obreras y obreros.

Con tono de preocupación algunos lúcidos de la burguesía -férreos defensores del capitalismo-  advierten que si su propia clase no afloja “estamos en serio peligro”. Con esto no hacen más que reconocer que “la propia clase dominante” acusa el golpe de una creciente lucha de clases que está sofocando los poros de su dominación y sus negocios. Aun a pesar que sus cifras digan lo opuesto.

Al mismo tiempo ello no hace más que poner en evidencia que el intento de circunscribir la lucha de clases a los márgenes geográficos de determinado país no es más que una falacia para encubrir sus debilidades políticas y su creciente crisis.

Aun con sus intentos de aislamiento y represión de las masas, éstas no cesan su trabajo tenaz de enfrentar la fortaleza enemiga. No solo los ejemplos de las masas populares de Chile recorren el mundo, sino también la lucha del pueblo mendocino contra la megaminería y el hecho de hacer retroceder al capital monopolista altamente concentrado y su gobierno, que dicho sea de paso son parte de la casta que puja por apropiarse de 2.500 millones de dólares diarios a costa de mas explotación y saqueo.

La situación para la burguesía es tal que solo puede sostener sus negocios a costa de más globalización. Sin embargo, el hecho que la lucha de clases hoy se manifiesta también globalmente, impone condiciones que acentúa sus debilidades.

Por obra y gracia de la globalización, la lucha de clases en cualquier país tiene alcances globales. Es una realidad que la burguesía no puede contener. Sus negocios son globales pero también la producción.

La misma está socializada a escala planetaria y sobre esta base se internacionaliza el auge del pueblo. Esta contradicción entre apropiación de la riqueza producida socialmente a escala global ya es un hecho tan palpable para cientos de miles de millones de trabajadoras y trabajadores que se desnuda día a día a medida que arremeten contra las políticas y planes de la burguesía monopolista.  Esta es la contradicción que pone en vilo la dominación burguesa y, de la mano de la más amplia lucha de los pueblos, corroe al capitalismo.

«La fuerza material que logremos como pueblo en lucha contra los intereses irreconciliables de la santa alianza entre Estado, burguesía monopolista, y sindicalismo empresarial, será la única garantía de retroceso de las apetencias interminables de mayores ganancias por parte de ellos. Pero tengamos en cuenta que toda conquista política social y económica que se logre con la lucha y la movilización, mientras estén ellos en el poder, solo se sostendrá con mayor lucha y movilización, pues la única garantía de triunfo definitivo, será el cambio radical de las reglas de juego del sistema, lo que implica la toma del poder por parte de la clase obrera y el pueblo». (17 Congreso del PRT).

Las experiencias de los pueblos también marcan caminos. Viva la lucha de los pueblos, viva su lucha incansable por una vida digna y una sociedad sin explotadores ni explotados. La revolución esta en marcha.

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EL COMBA Nº 1112, 24 de Enero de 2020

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