Argentina bajo el fuego de los negocios agropecuario, minero e inmobiliario

10/10/2020
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Los incendios en la zona centro y norte del país resultan devastadores: son 14 las provincias afectadas, siendo el Delta del Paraná en Entre Ríos y la provincia de Córdoba los casos más graves. Pero se calcula que en todo el territorio nacional, a la fecha y durante los últimos meses, se han quemado ya más de 500.000 hectáreas. (Tengamos en cuenta que la superficie de una hectárea equivale, casi con justeza, a la de una manzana, es decir, 10.000 metros cuadrados).

El Servicio Nacional de Manejo del Fuego asegura que el 95% de los incendios son el resultado de una actividad intencional. Algunos focos ya han sido controlados, pero otros persisten y avanzan dejando tras de sí tierra arrasada. En Córdoba, por ejemplo, los testimonios de los vecinos son angustiantes: cuerpos de bomberos desbordados por la situación, brigadistas, vecinos y vecinas combatiendo el avance de las llamas que avanzaban sobre parajes y localidades, que destruyeron casas y se cobraron víctimas fatales. Por supuesto, no es la primera vez que ocurre este fenómeno: siguiendo con el caso de la provincia mediterránea, en la zona serrana se quemaron 1.600.000 hectáreas entre los años 1987 y 2018, lo que representa el 58 % de las sierras cordobesas. Según denuncian diversas organizaciones ambientalistas, sólo el 3 % del bosque nativo ha sobrevivido a la catástrofe ambiental, y a esa cifra hay que sumarle la que proviene de la quema de otros sectores de la provincia. Una realidad alarmante. (1).

¿La causa de los incendios? Si le preguntamos al Gobernador Schiaretti, el fenómeno se debe a las altas temperaturas y a la sequía prolongada, ya que hace meses que no llueve en la provincia y los ríos están prácticamente sin agua. Nadie duda que esos factores climáticos aumentan la peligrosidad de los incendios y facilitan su propagación, pero como ya señalamos, se sabe con certeza que la enorme mayoría de los focos son el resultado de la intervención humana intencional, más allá de algún que otro descuido o “accidente”, o imprudencia.

La realidad es que desde hace muchos años los incendios son una parte esencial y necesaria para el establecimiento de negocios agropecuarios, deportes de élite y emprendimientos inmobiliarios no sólo en Córdoba, sino en todo el país, como ocurre en la zona del Delta, donde la destrucción de humedales y de su biodiversidad es dramática. Estos negocios, que demuestran la avidez de la clase dominante que no mide consecuencias a la hora de avanzar en el engrosamiento de sus fortunas, son de larga data: lo que ocurre es que la magnitud de la destrucción resulta hoy más que alarmante.

Las empresas monopolistas están detrás de los incendios, con la complicidad de las autoridades de cada región. El desmonte activo, que arrasa con los bosques y deja suelo pelado, es condición para una diversidad de actividades que generan una gran rentabilidad. Uno de los grandes negocios es el agropecuario: los desmontes permiten extender la frontera ganadera fuera de la zona pampeana, para profundizar la producción de soja y otros cultivos en ella, extendiendo la producción animal hacia la zona de las sierras devastadas por el fuego. En el norte de Córdoba, por ejemplo, se quemaron muchos campos para el avance de los feed lots (engorde de corral: la cría de animales en espacios reducidos facilita la extensión del terreno para cultivo).

Otro de los negocios de punta es el inmobiliario: en el Delta del Paraná los incendios permiten avanzar en la construcción de barrios cerrados, complejos de cabañas, residencias privadas y adecuación de terrenos para la práctica de deportes de élite, como el golf,  al igual que en la Provincia de Córdoba y en otras regiones del país.

La megaminería de canteras también ve los frutos de la destrucción ambiental y el desastre ecológico. La producción de estas empresas va a alimentar las necesidades de materiales para los negocios que se generan gracias al desmonte y la quema de campos: “la megaminería de canteras es uno de los vectores del negocio desarrollista. Estas empresas se instalan en áreas de consumo de triturado granítico que proviene de Córdoba y Sierras Chicas (mineras Gran Ombú, Cantesur, Grupo Mogote, Holcim) localizadas en áreas urbanas porque no hay ferrocarril -salvo Ferrocarril Nuevo Central Argentino- y la mayoría utiliza camiones para transportar su producción a las obras que el agronegocio proyecta en la región pampeana.” (2).

El negocio inmobiliario también se advierte en la compra de tierra barata para desmontarla y prepararla para la siembra, vendiendo por supuesto el terreno a valores que generan enormes ganancias para las empresas depredadoras.

En definitiva, queda muy a las claras que la burguesía monopolista no repara en daños a la hora de potenciar sus negocios y concentrar riqueza.

Ecocidio: pérdida de flora y fauna nativas, destrucción del suelo, arrasamiento de los bosques nativos, degradación de los ríos. El desmonte favorece las grandes inundaciones que afectan a los asentamientos humanos ya que la ausencia de bosques y la tierra arrasada permiten que el agua corra libremente, dejando más destrucción a su paso, como es habitual en muchas de las provincias hoy afectadas por los incendios provocados.

A costa de la destrucción del ecosistema, vía libre para el agro negocio, los emprendimientos inmobiliarios y mineros. Todo vale, en este sistema que avanza a pasos agigantados hacia la destrucción del planeta y el agotamiento de vastos recursos naturales. Esto es lo que ocurre cuando se produce para la ganancia y no para la satisfacción de las necesidades humanas y colectivas.

Esta es la esencia del capitalismo, que conduce a una producción anárquica que atenta contra las condiciones de vida, y la propia vida, de millones de seres humanos en todo el planeta. Así ha pasado ya en nuestro país, cuando la oligarquía terrateniente no reparó en diezmar a los pueblos originarios para extender la frontera agropecuaria. La llamada “conquista” del desierto fue un genocidio llevado adelante sobre un territorio que, lejos de ser un “desierto”, se encontraba habitado.

Muchas comunidades de las zonas afectadas se están organizando para frenar el desastre. Los planes Provinciales de Manejo del Fuego y las leyes existentes no alcanzan. De hecho, en muchos lugares afectados, se ha debatido en asambleas populares de base la urgencia de combatir el fuego y acciones a futuro para prevenir nuevos incendios, a sabiendas que el enemigo es voraz y poderoso.

Sin embargo, en algunos lugares y gracias a esta autoconvocatoria, se han logrado reducir los focos de incendio, despejando caminos cerrados por los terratenientes dueños de los grandes latifundios, haciendo picadas perimetrales para controlar el avance del fuego. Mientras el Estado y los políticos cuidan los negocios de los empresarios, las familias, los pequeños productores y campesinos de las zonas afectadas procuran avanzar en estas instancias de organización para defender los bosques, los suelos, la biodiversidad y la vida humana en armonía con la naturaleza.


Fuentes:

  • La Arena La Pampa: El Fuego de los Agronegocios

El fuego de los agronegocios

  • La Tinta: Donde hubo fuego, negocios quedan

“Donde hubo fuego negocios quedan”

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