EC n° 927
Salarios planchados y precios por las nubes
ASÍ NO SE PUEDE SEGUIR VIVIENDO
La brecha entre el Estado burgués monopolista y la clase trabajadora y el pueblo, se profundiza y comienza a adquirir una relevancia histórica: ya no hay ninguna expectativa de que esto cambie por las vías institucionales de la burguesía; a lo que se le suma una profunda sensación de bronca que hay en las calles, porque cada día es más caro vivir, y no hay salario que alcance.
Grande es la crisis que manifiesta en todas sus aristas el sistema capitalista.
Grande es su crisis, ya que los pueblos del mundo no les creemos más y nos hemos puesto a luchar por una vida digna.
Grande es la mentira que quieren sostener en nuestro país, de la mano de la presidente Cristina Fernández y no pueden, ya que ha comenzado a dar sus primeros pasos el movimiento obrero revolucionario al calor de la lucha de clases.
Las mentiras son desplomadas de un manotazo, por la realidad que acecha cada día a nuestro pueblo. Por más que dibujen una historieta, tragicómica por cierto, con personajes ridiculizados al mango, el verdadero carácter del gobierno de los monopolios queda cada vez más expuesto a los ojos de las masas populares.
Esto salta a la vista -una vez más- con las últimas medidas del gobierno respecto a la “expropiación” de Repsol-YPF.
No sólo porque el pueblo y la clase trabajadora saben que los fondos del Estado van a ser utilizados para beneficiar a un sector monopólico en su disputa intermonopólica; sino porque además, el propio pueblo, va a ser perjudicado con las medidas que lleva adelante el gobierno. Dichas medidas están íntimamente relacionadas con la concentración económica, con la crisis global del sistema, con el saqueo de los recursos naturales a nivel planetario.
La oligarquía financiera busca darle una vuelta más de tuerca a la explotación y la obtención de mayor plusvalía que se concentra a nivel mundial. En nuestro país esto se traduce en las políticas de ajuste que viene llevando la burguesía, para llegar a los niveles de salario más bajos a nivel mundial. La intención es achatar cada vez más nuestros salarios.
Por eso le viene como anillo al dedo entrar en el “debate” y el carajeo de privatizadas si, privatizadas no, estatización si, estatización no; mientras tanto, con la complicidad de los sindicatos, patean las paritarias y los aumentos salariales para más adelante.
En el medio de este circo se manifiesta rotundamente la decisión de los trabajadores petroleros, que no se tragan el cuento, que no cambian su lucha por el pescado podrido de “expropiación y estatización”. El mismo ejemplo nos transmiten los trabajadores de la línea 60 de colectivos, los trabajadores del subte, los trabajadores del puerto que bloquearon las terminales de la ciudad de Buenos Aires y las de Dock Sud.
La brecha y el abismo que se ha abierto entre el Estado burgués –que sólo puede ofrecernos promesas y propaganda- y la clase trabajadora y el pueblo -que empezamos a gestar nuestras organizaciones independientes-, es inusitada en términos históricos, ya que nadie tiene expectativa que esto cambie por las vías institucionales que nos muestra tradicionalmente la burguesía.
La sensación que hay en las calles es de bronca, por que cada día se hace más caro vivir, por que ya no hay salario que alcance, porque la educación está cada vez peor, porque en los hospitales no hay insumos.
La sensación que vivimos en cada ámbito de trabajo, de estudio, familiar, es de mucha bronca; porque primero dejamos de comer un asado con los amigos, luego dejamos de comprar leche para nuestros hijos, y ahora ni siquiera podemos disfrutar de tomar mate. Vivimos preocupados por los altos precios que azotan a nuestros bolsillos. Todo esto no sólo atenta a la economía familiar, sino también a una serie de aspectos culturales, tradiciones que como sociedad nos han caracterizado y son parte de nuestra esencia como pueblo.
Hay mucha bronca, inclusive aparece desde los sectores que en algún momento recibieron dádivas o asistencialismo de parte del gobierno, que impuso una asignación familiar miserable, que mantuvo las leyes de flexibilización laboral impuestas por el “innombrable” menemismo, que utilizó a diestra y siniestra los fondos del Anses para promocionar el negocio del fútbol, utilizando todo como herramienta proselitista y para bombardearnos mediáticamente.
Toda esa bronca de a poco se va trasmitiendo de boca en boca y se va plasmando en organización. Se van tejiendo los lazos de unidad que promueve la autoconvocatoria, patrimonio que hemos adquirido con mucho esfuerzo, plantándonos en cada conflicto mediante la acción directa de la movilización, los cortes de calles, los paros y asambleas.
Las nuevas vanguardias que se han fogoneado al calor de la lucha vienen dando pasos en este sentido. Además de tutearse con las ideas revolucionarias, ya han comenzado a poner ladrillo por ladrillo para fortalecer ese movimiento obrero revolucionario que será el que muestre el camino a todo el caudal de luchas que avasallan al poder burgués y que hoy no los deja respirar.
La responsabilidad de los revolucionarios es hacer fuerte y sólida esta propuesta, impulsando todas las acciones necesarias para concretar la tan necesaria unidad, para fundirla con un proyecto revolucionario de carácter socialista que ponga en el centro de la escena al ser humano, al cuidado de la naturaleza y borre de un solo golpe, todas las calamidades a las que nos condena este sistema.
YPF: ¿”NACIONALIZACIÓN” O MÁS RECURSOS PARA LOS MONOPOLIOS?
La “nacionalización” de Repsol-YPF viene siendo presentada por el gobierno de los monopolios con bombos y platillos, con toda la estridencia que a su criterio
merecía semejante “medida nacional y popular”.
Ríos de tinta se han escrito (como se decía hace algunos años respecto a los medios gráficos, previo a la masividad que luego adquirieron los medios de difusión digital); todos opinan: que sí, que es extraordinario recuperar “la soberanía”, que no, que así nos ponemos “el mundo en contra”, también están los que dicen ni, que sí pero que con estos a la cabeza no…
Un sinfín de palabras que fijan posiciones aparentemente a un lado u otro de la medida, pero todas cortadas por la misma tijera, que son los intereses de clase de la burguesía.
Ninguno de estos análisis hace hincapié en algo que para los revolucionarios es sustancial: el Estado argentino es propiedad de la oligarquía financiera, de los grandes monopolios transnacionales, y el gobierno actual responde a ese sector de clase, que se apropia de todo lo producido por el pueblo. No podemos esperar nada bueno de ellos, y por ende, no tenemos nada que “festejar”.
NO es esta una medida popular o una medida que le convenga al pueblo, no es una medida que mejore la propuesta de privatizaciones, no es una medida que desarrolle el “mal menor”. Es una medida de la oligarquía financiera para concentrar y centralizar capitales, en un contexto internacional donde se encuentran en extrema debilidad.
Esta “nacionalización” es parte de una guerra intermonopólica, por quién controla el Estado Monopólico, es una guerra entre ellos para apoderarse aún más de los recursos de todo el pueblo.
Nada puede sorprendernos. Cada vez que la burguesía monopolista toma una decisión para sostener e incrementar sus ganancias, lo hace al amparo de alguna mentira cínica. Y siempre, la base de esa mentira es el “beneficio para el pueblo”. No obstante, cada vez más temprano que tarde, comprobamos en nuestra propia piel que los perjudicados en cada una de esas decisiones somos los trabajadores y el pueblo. O sea, quienes creamos, con nuestro trabajo, la riqueza que otros se llevan y disfrutan, mientras nosotros seguimos sometidos a las inclemencias del trabajo diario agotador y al salario cada vez más achatado.
Pretender que creamos que este Estado monopolista puede “nacionalizarse” no sólo es un contrasentido sino que es una falta de respecto a la inteligencia y a la experiencia popular.
Este Estado le pertenece a los monopolios, no estamos en la época en donde el Estado burgués, el Estado capitalista podía favorecer el desarrollo de una burguesía nacional (porque a ella pertenecía) generalizando así su proyecto burgués para erigirse en caudillo de un proceso capitalista nacional.
Como expresión de lo que decimos aparece el nombramiento del ministro De Vido al frente de esta nueva maniobra; un hombre de los monopolios, un ministro de los monopolios que, junto al extinto presidente Kirchner y la actual presidenta, aprobaron y fomentaron la privatización de YPF con Menem y todas las políticas posteriores a favor de los monopolios. Un hombre que en todos estos años dio muestras de su lealtad al capital financiero, que desde el Estado pergeñó todas las políticas de entrega del patrimonio generado por nuestro pueblo.
Para completar la farsa discursiva de la burguesía y su modelo “nacional y popular”, por estos días el senador Menen (privatizador en los años 90 junto a los K), vota hoy por la estatización, nuevamente junto a los K. Paradojas de la politiquería burguesa…
Las figuritas se repiten, siempre son las mismas, se intercambian, pasan de una orilla a la otra, los que están hoy en “contra”, mañana están “a favor” y viceversa. El decreto de expropiación de Repsol YPF no es ajeno a esto y así lo expresa.
Otra gran falacia lo constituye el planteo de “España versus Argentina”, como si los capitales en la etapa monopolista tuviesen patria. No sólo no la tienen, sino que para el caso específico de Repsol, ello es público: la constructora Sacyr Vallehermoso controla el 20 por ciento de las acciones, Pemex controla otro 10 por ciento, lo que se suma a los grandes fondos de inversión de origen norteamericano que también poseen acciones en la Repsol “española”, dejando al Estado con limitado poder resolutivo cuando todos los accionistas se juntan entre sí.
¿CUÁLES SON LOS NEGOCIOS QUE ESTÁN EN DISPUTA?
Más allá de los cantos de sirena que trae consigo esta “nacionalización”, la misma está apuntalada por un sector de la oligarquía financiera que somete y pone de rodillas a otros capitales a nivel planetario. Vale la pena preguntarse: ¿Qué bancos apoyan esta decisión? ¿Qué petroleras fogonean y conviven con este proyecto? ¿Por qué no se mencionan sendos proyectos de capitales establecidos en EEUU e Inglaterra en torno a la exploración, explotación y comercialización de los hidrocarburos en nuestro país? ¿Porqué si “nacionalizar” sería una política de Estado conservan la figura de Sociedad Anónima?
No está muy claro de dónde salen o saldrán los capitales para toda esta movida. Pero lo que sí puede verse muy claramente es que nuestro pueblo pagará la “nacionalización” y los costos de la extracción y exploración a través del mecanismo de la estatización, dejando intacta la ganancia del negocio a los nuevos dueños.
¿Cuánto tiene que ver esta movida contra Repsol con el anuncio realizado en diciembre de 2010, respecto al “descubrimiento” de importantes reservas de shale oil y shale gas en el sur de nuestro país?
El shale es la denominación que se le da al petróleo y al gas que se encuentran entre la roca de la corteza terrestre, por el cual se utilizan métodos de extracción denominados de “fractura hidráulica”, que consisten en la inyección de grandes cantidades de agua más arenas y aditivos químicos, como el tolueno y el benceno, altamente contaminantes y cancerígenos.
El descubrimiento al que hacemos referencia, significó que nuestro país aumentó de un plumazo cinco veces las reservas de gas. El shale gas, o gas esquisto, es un combustible que se viene utilizando en el hemisferio norte, sobre todo en EEUU y Canadá, en reemplazo del gas convencional. 187,4 billones de metros cúbicos de gas esquisto se encuentran en apenas 32 países, y China, Estados Unidos, Argentina, México, Sudáfrica y Australia (en ese orden) concentran casi el 80% de esas reservas.
En nuestro país esos recursos están en yacimientos bajo dominio de Repsol, sobre todo en la provincia de Neuquén, y están calculados para alcanzar a 300 años de consumo actual, como para que veamos de qué cifras y de qué impresionantes negocios estamos hablando. Enfrentamiento que recrudece la lucha intermonopolista mundial por el control de estos recursos, en una pelea abierta por los mismos. Una lucha entre corporaciones en las que el gobierno nacional es arte y parte buscando favorecer, según le convenga, los intereses de uno u otro sector monopolista
Existen un montón de otros ejemplos en donde la burguesía viene actuando de la misma manera que con el decreto de “nacionalización” de Repsol YPF, en donde sus argumentos están basados en una mentira que esconde sus verdaderos motivos, y que siempre traen consecuencias deplorables para los trabajadores y el pueblo.
Por mencionar sólo algunos, podemos citar: la flexibilización laboral que bajo el argumento de más trabajo y mejor paga busca en realidad la reducción de los costos laborales para las empresas, con la consiguiente inestabilidad laboral, condiciones de trabajo extenuantes y salarios achatados. O el cierre de importaciones que bajo el argumento de un beneficio para la industria “nacional” promueve en realidad la concentración de capitales, con la consiguiente desaparición de empresas pequeñas y medianas y más desocupación con achatamientos de salarios. O la reciente modificación de la carta orgánica del Banco Central que bajo el argumento de una mayor soberanía en las decisiones sobre los recursos del país busca en realidad tener una mayor disponibilidad de capitales para los monopolios, quedando menos recursos para el pueblo y la satisfacción de sus necesidades.
LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO NO SEREMOS FURGÓN DE COLA
Es evidente que la burguesía está hablando de todo esto para no hablar de lo que hay que hablar, de los problemas que tenemos.
Como respuesta a todas estas miserias, no entraremos a debatir en el terreno que nos proponen: que si “privatizaciones” o “nacionalizaciones”. Salimos a denunciarlos, a decirles que ninguna de estas maniobras del capital financiero logrará una tregua en la lucha y en la movilización.
Haremos el acento precisamente en lo que el poder no menciona y mucho menos el coro de alcahuetes que traicionan los destinos de nuestra patria.
La lucha por el salario y por mejores condiciones de trabajo, afectarán estas maniobras, de apoderarse de recursos y capitales sustraídos de la recaudación pública.
Estas luchas, las haremos desembocar con luchas y conquistas políticas que cotidianamente desenmascaren la prepotencia y embestida de furiosos capitales planetarios y se desarrolle desde allí una salida revolucionaria hacia la construcción de un Estado revolucionario.
No hay que dejarlos en paz con sus mentiras y miserias, hay que redoblar la propuesta de lucha en todos los terrenos, esa es la única nacionalización posible en la época en que los monopolios se apoderaron del Estado
Mantengamos firme el timón, nuestra posición es una posición de principios que no se negocia bajo ningún concepto, y bajo ninguna especulación política que pueda rozarse con el oportunismo o la subestimación a nuestro pueblo.
Nota: Recomendamos leer el artículo que publicamos en La Comuna Nº62 (YPF, CAPITALES TRANSNACIONALES Y ESTADO) que se edita conjuntamente con este periódico; nota publicada en nuestra página web (prtarg.com.ar) en fecha 18 de abril.
TRABAJADORES PETROLEROS
EN PIE DE LUCHA FRENTE AL SAQUEO Y LOS ATROPELLOS
La crisis social y política en las regiones petroleras de nuestro país empeora y se acelera,
como resultado de la puja intermonopólica por los recursos petroleros,
y por el creciente enfrentamiento que pone en primer plano
los derechos de los trabajadores.
La crisis política se agudiza en las profundidades del régimen, dando una nueva vuelta de tuerca a la centralización en las decisiones políticas del área energética, particularmente en la Patagonia, con el tercer yacimiento de hidrocarburos no convencionales más grande del planeta, declarada fuente de energía primaria de la nueva reconversión industrial y automotriz de la oligarquía financiera.
La crisis social y política empeora. La mayoría de los trabajadores de esta industria dependen de las contratistas de servicios petroleros, quienes han dejado de recibir las “ayudas” económicas de las empresas petroleras, particularmente de Repsol, ayuda originada el año pasado como producto del “pacto de paz social” acordado por empresarios y sindicatos, lo que significa para los trabajadores el no cobro de sus salarios, la inestabilidad laboral, la extorsión y el despido masivo.
Cientos de perseguidos, listas negras, presos y procesados por oponerse al atropello, es el actual paisaje de la región patagónica. Los derechos políticos de libre asociación y agremiación totalmente avasallados y las estructuras sindicales cooptadas por las empresas.
A esto se le suma el ajuste, de hecho, de los gobiernos provinciales y municipales que pagan los miserables salarios en cómodas cuotas, la salud, educación, trasporte, etc. totalmente sin recursos y paralizados. De esta manera la burguesía pretende castigar a los trabajadores y a todo un pueblo que desde décadas han sabido decir NO a cada una de sus políticas, a la impunidad de los monopolios y sus gerentes políticos.
La burguesía utiliza distintas formas para intentar frenar las luchas, tratando de inmovilizar con los espejitos de colores que surgen de los simulacros de “nacionalización”. Así es como el gobierno promete, la inclusión dentro del Directorio de la “nueva” YPF de un representante de “los trabajadores” (o sea, del sindicato). Aunque se llevara a cabo esta promesa, en el Capitalismo Monopolista de Estado, el Estado está al servicio de los monopolios, por lo tanto los recursos están en manos de privados y del Estado, la “parte del león” se la llevan los monopolios, y sus testaferros nacionales o extranjeros, esté quien esté como cabeza de turco en los directorios.
Ya sabemos que propongan lo que propongan, nunca será a favor de los trabajadores ni del pueblo argentino, al que pretenden confundir todo el tiempo.
Los recursos que producimos con nuestro trabajo serán verdaderamente de todos cuando saquemos del medio a la burguesía monopolista, cuando el poder esté en manos de la clase obrera y el pueblo para decidir qué se hace con esos recursos, teniendo como guía la realización del ser humano y no la ganancia capitalista.
La lucha por el salario, por mejores condiciones de trabajo, y por insertar a planta permanente a decenas de miles de trabajadores petroleros, afectarán estas maniobras de apoderarse de recursos y capitales sustraídos de la recaudación pública.
ORGANIZARNOS Y UNIFICARNOS EN LA LUCHA
POR NUESTRA DIGNIDAD
Este 1° de Mayo encuentra a nuestra clase obrera en una encrucijada, en un momento de definiciones, donde de acuerdo al rumbo que decida seguir, aparecerán diferentes escenarios.
La posibilidad de avanzar, desde su unidad y organización hacia superiores niveles de enfrentamiento se abre en el horizonte.
Si la lucha tenaz y sostenida contra la explotación capitalista madura en el surgimiento de un movimiento obrero revolucionario, la perspectiva de una salida política de los trabajadores y el pueblo, habrá dado un salto de gigantes.
¿Sobre qué se sustenta el tan promocionado “éxito” del capitalismo argentino, los récords de producción, exportaciones, recaudación impositiva y balanza comercial?
¿Quién está aportando más esfuerzo y sudor en nuestra sociedad?
Los discursos de la presidenta y sus funcionarios, las opiniones de gobernadores e intendentes, las palabras de diputados, senadores, empresarios y sindicalistas; o los “sesudos” análisis de periodistas “especializados”, intentan convencernos que el secreto es haber encontrado una fórmula mágica, el tan famoso modelo nacional y popular.
Pero cuando tomamos distancia de tanto discurso, de tanta verborragia patriótica, de tanta invocación a próceres y al uso indiscriminado de íconos, y bucea en los verdaderos pilares del modelo, descubre que el modelo 2012 es tan solo una remake ya utilizada entre otros por ejemplo por el tandem Onganía-Krieger Vasena , que de nacionales y populares tuvieron poco y nada…
La salvaje devaluación del 2002 ejecutada por Lavagna, ministro de economía de Duhalde, fijó las bases del modelo: la pesificación de los salarios en una economía con precios dolarizados.
Sobre esta base se produjo una invasión de empresas transnacionales tanto en la industria como en los servicios y bancos.
Así se da la paradoja que detrás de tanta fanfarria nacionalista, la concentración del poder monopolista internacional, no sólo no se redujo sino que creció exponencialmente.
Apoyados en la ecuación salarios pesificados-precios dolarizados, y en la legislaciones antiobreras alcanzadas en los años noventa (con la seguridad que no serían objeto de “revisión histórica”), los monopolios utilizan a nuestro país como plataforma de sus fabulosos negocios.
Año a año logran romper los récords de producción superexplotando a los trabajadores, amparados en la complicidad de todo el arco político y de la asociación con las dirigencias sindicales, verdaderas gerencias dentro de las empresas.
La subordinación del aparato estatal a los intereses y planes monopolistas, llega al colmo que la ANSES (Administración Nacional de Servicios Sociales) se convierta en el nuevo Banco de los monopolios, utilizando los aportes jubilatorios de millones de trabajadores para financiar a los monopolios. Los Fondos del Bicentenario a una tasa del 9% anual son otorgados a empresas nacionales y populares como General Motors (GM), Pirelli o Ford (por nombrar solamente a algunas), mientras se argumenta que no hay plata para pagarle dignamente a los jubilados.
La justicia social del siglo XXI, los planes sociales y las asignaciones, también están sostenidas por el aporte de los trabajadores, como una muestra más de sobre quién carga la generación de recursos, el esfuerzo en nuestro país. “La plata del pueblo, vuelve al pueblo”…
Mientras tanto, las paritarias son una verdadera burla para los trabajadores, con negociaciones a sus espaldas, con aumentos escalonados, a pedir de boca de las empresas.
El Ministerio de Trabajo está siempre bien dispuesto a cumplir con el papel de bombero de la burguesía, legalizando las arbitrariedades y abusos, y boicoteando las protestas y rebeliones proletarias que ponen en el centro del debate los reclamos genuinos.
Los trabajadores, que somos el sustento con nuestra actividad de todo este orden social de los monopolios, recibimos a cambio cada vez menos, y estamos totalmente al margen a la hora de las decisiones.
En el sistema capitalista, la clase obrera no tiene arte ni parte, está absolutamente sometida a las políticas de los monopolios, su Estado y su gobierno.
De la Argentina potencia del peronismo del 73 a la sintonía fina del kirchnerismo, pasando por Argentina trabaja y avanza, Revolución productiva y salariazo, o Somos el primer mundo, siempre la burguesía nos viene prometiendo un futuro venturoso, que ahora sí estamos fundando una nueva Argentina.
Pero los trabajadores sabemos que más allá de sus cantos de sirena la realidad es que nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, sirve para continuar engordando a una clase, la burguesía monopolista, a un selecto grupo de empresas que se quedan con todo.
Es por esto que la rebelión que se desata hoy desde abajo va mucho más allá de la pelea contra un patrón, por un salario, por una condición de trabajo.
Así como la burguesía se prepara permanentemente y se unifica cuando tienen que avanzar con sus planes en contra de nuestros intereses; los trabajadores debemos prepararnos, organizarnos y unificarnos en la lucha por nuestra dignidad.
La burguesía no escatima esfuerzos a la hora de intentar dividir a la clase obrera: nos pone horarios diferenciados, uniformes por secciones, nos “terceriza”, tratando de aislarnos. Además de lo que hacen cada día dentro de los lugares de trabajo, ocultan la situación de los trabajadores al resto de la sociedad, buscando hacernos “desaparecer” como clase, nos quieren invisibilizar, pretenden desclasar a la sociedad…
Los trabajadores conocemos desde hace rato estas maniobras porque las vivimos en nuestro cuero, y conocemos las intenciones de fondo de nuestro enemigo de clase.
Por eso, cuánto más avancemos en la unidad, cuanto más avancemos en nuestra organización independiente, más dolorosos serán los golpes a los planes monopolistas.
Si además le damos un carácter estratégico a cada lucha, a cada conflicto, a cada reclamo, que permita afianzar esa unidad de los trabajadores y del pueblo fortaleciendo y expandiendo un movimiento obrero revolucionario; los objetivos políticos de nuestra clase comenzarán a tallar en la lucha de clases, en la disputa política entre los monopolios y los trabajadores y el pueblo.
Tenemos hoy muchos motivos para festejar este 1° de Mayo, porque estamos encontrando y recorriendo el camino hacia nuestra propia liberación.
CONFLICTO DE LOS TRABAJADORES DEL TRANSPORTE:
UNIDAD DESDE ABAJO, GOLPEARLOS COMO UN SOLO PUÑO
Días atrás, los trabajadores de la línea 60 (servicio que transporta a diario a 250 mil pasajeros) sostuvieron un paro por seis días, en reclamo por despidos y para exigir mejoras en las condiciones laborales.
Bajo el marco de la conciliación obligatoria dictada por Tomada, se encuentran hoy en un impasse. Pero estos días serán decisivos ya que los trabajadores señalan que “si la empresa no accede a los reclamos que le planteamos ante el Ministerio de Trabajo nacional, volverán las medidas de fuerza”.
El conflicto viene de largo, desde el año pasado los trabajadores están denunciando una serie de irregularidades e incumplimientos por parte de la empresa.
“La empresa tiene tiempo hasta el jueves 3 de mayo para reincorporar a los cuatro compañeros despedidos, garantizar que otros 120 empleados vuelvan a sus actividades tras ser suspendidos, evaluar los cambios de tareas que impusieron a otros conductores y liquidar correctamente los sueldos”, reclaman los trabajadores respecto a los puntos que debe acatar la empresa de transporte. Los más de 1.200 trabajadores están bien atentos, porque ya se quemaron con leche: “Hasta el momento tenemos la experiencia de los cuatro paros que hubo el año pasado. Jamás cumplieron las actas que fueron firmadas”.
CONTRA LA IMPUNIDAD DE LAS PATRONALES
A mediados de este mes, el conflicto de los trabajadores de la línea 60 no fue el único que agitó la cada vez más lejana e improbable paz social que tanto necesita el gobierno de los monopolios. En diversos puntos de Buenos Aires, se sumaron otras medidas de fuerza desde el sector del transporte: la de la línea 25, la de la empresa Ecotrans y la llevada adelante en los subterráneos. Las mismas protagonizan una decidida ofensiva contra la impunidad de las patronales que, haciéndose los distraídos respecto a la situación concreta que estamos viviendo, pretenden seguir con su festichola, en sintonía fina con las políticas generales que desde arriba ejercitan la santa alianza de gobierno, empresas y sindicatos.
El pueblo padece crisis de todo tipo y ellos de vacaciones interminables. Pero así como la gente avanza en sus reclamos y atropella a la inoperancia gubernamental para resolver sus propios problemas, los trabajadores avanzamos con nuestros reclamos, denunciando la precariedad y la desidia empresarial y todo su desprecio a la dignidad humana.
Las empresas de transporte forman parte del selecto grupo de las más beneficiadas en las repartijas de subsidios del gobierno. Sus ganancias jamás decayeron y mintieron cuando decían que tenían pérdidas tal como mienten ahora, ya que no dicen que crecieron las recaudaciones por la incesante cantidad de público usuario. Mientras a los trabajadores nos aplican impuesto a las ganancias por trabajar, a las empresas se les subsidian las ganancias y los pasajeros padecen tortuosamente el hecho de ser arriados desde sus casas a sus lugares de trabajo y viceversa.
Los compañeros de la línea 60 exigieron la reincorporación de 4 despedidos al mismo tiempo que plantan bandera contra el vaciamiento de la empresa. Luego de cuatro días de lucha en la terminal de Maschwitz, el Estado de los monopolios mostró, una vez más, su verdadero rostro, rodeándolos con las fuerzas de la gendarmería y amenazándolos con una orden de desalojo emitida por la justicia burguesa.
En la línea 25, los choferes denunciaron la falta de inversión y el deplorable estado del parque móvil de 50 unidades (solamente 35 de ellas están siendo utilizadas), lo que se ve reflejado en la muy mala frecuencia y la pobre calidad de servicio que se le brinda a los más de 60.000 pasajeros diarios.
Los compañeros de Ecotrans pararon porque la empresa no depositó los sueldos; en subterráneos liberaron molinetes exigiendo la reapertura de las paritarias.
Si bien cada una de estas experiencias presenta distintas problemáticas, la situación es que, coincidentemente, todas son parte de la realidad de todos los trabajadores del transporte y bien podrían éstas estar contenidas en un mismo reclamo unificado.
Decimos esto sobre la base de la gran cantidad de apoyo y solidaridad que sumó por ejemplo el conflicto de la 60, de parte de trabajadores de muchas empresas del transporte que hicieron llegar su voz, tal como viene pasando con otros conflictos en diversas ramas.
Es por ello que debemos ver como con una misma causa y como un solo puño, hechos tales como los llevados a cabo, mientras 30 coches de la 60 interrumpían la circulación en la Panamericana, en otras dos empresas (Ecotrans y la 25) se retenían la salida de sus unidades, sumado a la acción de los compañeros del subte.
Esta elevación en el nivel del enfrentamiento, no es más que la resultante de la acumulación de infinidad de luchas que día a día se silencian pero que se dan por abajo, mientras crece el hartazgo y, de la impotencia, se avanza por la conquista de nuestra dignidad.
Estos y otros conflictos, sumados a la carestía de la vida, la opresión y la superexplotación que padecen la clase obrera y el pueblo trabajador, se constituyen en un momento propicio y certero para comenzar a construir la unidad, avanzando así en el desarrollo de un nuevo Movimiento Obrero Revolucionario, el mismo que demanda hoy la lucha de clases.












