Los ecos de una resistencia que avanza no son lejanos.
Por el contrario, están presentes y son permanentes no sólo en sus expresiones de lucha sino también en las reflexiones, en los debates, en las demandas, y también, claro está, en las cosas que hay que hacer frente a tanto desparpajo.
La resistencia se deja ver en las calles, en los estados de ánimo en el seno de los lugares de trabajo, en las críticas y rechazos a todos los circos sindicaleros. Esto obliga a la búsqueda, porque en los hechos el hartazgo a todo está superando el límite que las formas institucionales burguesas han impuesto para contener el desarrollo inevitable de los choques de clase.
Choque cuya primera premisa es la necesidad de una abierta lucha política contra este estado de cosas. Esa búsqueda con idas y vueltas, con avances y retrocesos, también es parte de la resistencia. Porque es una búsqueda que intenta la superación política en un mar de contradicciones donde el peso de lo viejo también resiste y lo nuevo se renueva a fuerza de intentar y no retroceder pese a los obstáculos que le pone lo que ya está caduco.
La reaparición de la CGT convocando un paro nacional y golpeándose el pecho como quien trata de convencer que va en serio luego de su ostracismo cómplice con los planes de gobierno entra de lleno en el plan de sostener los límites.
Es decir: entra de lleno en la necesidad de conservar el envase con la gobernabilidad y hasta la paz social juntas pero, que ya han perdido porque el aliento de la resistencia lo sienten en la nuca y porque ya hay experiencias de lucha que no solo los han expuesto por haber superado este límite de la democracia burguesa (Granja Tres Arroyos, por ejemplo) sino porque que han expuesto su putrefacción obligando a salir del cómodo lugar que ocupan en el juego de la esclavitud asalariada -con la que comulgan- a un escenario nada favorable a las mentiras y engaños que siempre han sostenido.
Pero jugar este papel que -a fuerza de traiciones se ha interpuesto entre las necesidades obreras y los planes burgueses- los obliga a apelar a la democracia burguesa que a esta altura de la situación significa tratar de cubrir un vacío que la propia resistencia va llenando a fuerza de lucha aquí y allá.
¿O acaso sostener el disciplinamiento y coartar las libertades políticas en las fábricas y lugares de trabajo, rubricar acuerdos con el capital en contra de los propios obreros para favorecer a las patronales no es democracia burguesa expresada por estos representantes del capital en el seno del proletariado?
¿Los más viles dictados impuestos a la clase obrera por el poder monopolista, desde la ley de bases hasta los despidos, desde los aumentos salariales del 1% hasta la extorsión por los retiros voluntarios, no son acaso la conducta que la CGT ha sostenido a lo largo de los últimos meses?
¿Esta supuesta representatividad -nada más y nada menos- del movimiento obrero, acaso no es otra mentira de la propia democracia burguesa?
Mientras tanto por arriba en sus mediáticas declamaciones, lejos, pero muy lejos de la realidad que se vive en el seno de las fábricas y empresas y en el seno del pueblo, se conforman partidos sindicalistas parlamentarios y una escasa columna de la UOM se saca fotos en la última marcha de jubilados después de avalar el congelamiento de salarios en el seno de las fábricas.
Es decir: se pergeñan nuevos límites favoreciendo la dominación monopolista para que no se les escape de las manos el escenario, intentando mostrar con ello que en el juego de democracia burguesa ellos son buenos muchachos fieles a sus patrones.
Sin embargo, tal como ocurre en el entramado de la clase dominante, la otrora central obrera se fragmenta y atomiza al compás de la crisis y del oportunismo por los negocios en los que están metidos. Queriendo llegar a tiempo para cubrir esas distancias, la lucha de clases se les escapa de la mano de una resistencia que -a fuerza de enfrentar los planes de gobierno- también los enfrenta a ellos.
Por más que prometan largos planes de lucha los vientos que soplan no van en su mismo sentido.