Las actuales luchas que el proletariado está encarando en lo marcos de resistencia muestran resultados dispares.
La clase dominante golpea con los despidos y con el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida, y del otro lado de la barricada, se responde intentando frenar toda acción que apunte a un disciplinamiento.
Es en este marco que nuestro Partido insiste en que la lucha económica y la lucha política están hermanadas.
La experiencia que se viene acumulando en las expresiones de lucha nos está indicando que la lucha económica concebida como una lucha en sí misma NO nos lleva a buen puerto. En cambio, en donde se combinan ambas herramientas, el devenir de los acontecimientos va demostrando que la lucha entablada da resultados positivos.
En varias notas de nuestra página damos cuenta de ello.
La lucha política es la vía principal para destrabar la conflictividad y encaminarla hacia un peldaño superior.
Este concepto general, cuando hay que llevarlo al terreno concreto, está plagado de dificultades. Es que la burguesía ha trabajado con intensidad en el plano ideológico para “demostrar” que la conciliación de clases es una vía de salida a cualquier crisis del sistema y con ello intenta liquidar LA IDEA DE INDEPENDENCIA POLÍTICA DE CLASE, para marchar en un camino en donde prima que la burguesía es la clase dominante.
Cuando se presenta el conflicto producto de la lucha de clases van apareciendo nuevas avanzadas del proletariado que resisten las embestidas. Son avanzadas que van creciendo y van adoptando el enfrentamiento como guía de acción.
Sin embargo, en ese tire y afloje de la resistencia, de ganancias y pérdidas, las avanzadas sienten a pesar suyo ciertos límites que parecen infranqueables.
Se puede ganar un conflicto -como está pasando en algunos lugares- y al cabo del tiempo “de vuelta la burra al trigo”. Un empezar de nuevo y muchas veces en un peldaño inferior. Estas avanzadas no están dispuestas a claudicar, es cierto, pero encuentran un techo en la lucha, en el enfrentar. Y entonces existe la inquietud por abrirse a nuevas ideas producto de ese mismo movimiento que produce la lucha de clases.
A esas nuevas avanzadas o vanguardias les planteamos que la superación de estas complejidades del presente solo puede tener respuesta dentro de los marcos de una verdadera salida política revolucionaria que ya está caminando. El objetivo es que inserte e involucre en cada enfrentamiento actual una acumulación de fuerzas políticas que robustezca el camino que libere a la clase obrera y al pueblo oprimido en vistas a la lucha política por el poder.
En los conflictos de hoy las clases enfrentadas están más a la vista, no hay tantos grises que “alivianen” la lucha de clases. Pero para insertar los planes políticos revolucionarios en nuestro país se necesita que la clase obrera, sus avanzadas, asimilen la idea de pertenecer a un partido político con intereses políticos independiente de la burguesía.
Es aquí en donde encontramos la mayor dificultad para encaminar esta resistencia hacia otra calidad del enfrentamiento.
Esas avanzadas están cansadas de tanto manoseo, sea de fuerzas políticas tradicionales de la burguesía como del peronismo en todas sus variantes, o sea lo que vulgarmente se llama “derecha” o “izquierda”. Cansancio de todo y hacia todos.
A decir verdad, las y los revolucionarios caemos en esa volteada y esa cuña existe a pesar de los esfuerzos que hacemos por quebrarla en lo político y en lo práctico.
Esta cuestión no permite avanzar como la realidad lo exige, pero hay que persistir una y otra vez y trabajar para convencer y para organizar.
Mucho hemos hecho y podemos decir que como Partido nuestro proyecto está llegando a las vanguardias y también a sectores más amplios de la sociedad.
Estamos batallando en las ideas, pero fundamentalmente en el trabajo gris, oscuro, que hace nuestra militancia allí en donde están los explotados y oprimidos.
Contamos con una línea política que se basa en la experiencia de lucha y organización que va haciendo nuestro pueblo, una línea política que reivindica la autoconvocatoria y la democracia directa, cuestiones fundamentales para un proceso revolucionario con el involucramiento de millones.
Pero nos cuesta asimilar que es una tarea del Partido y de las y los revolucionarios que esas dos cuestiones –autoconvocatoria y democracia directa- hay que elevarlas al plano de la conciencia revolucionaria y a la política cotidiana, como herramientas fundamentales para los cambios.
Hoy se resiste, se encuentran los nuevos caminos del enfrentamiento, pero aún todo ello no es parte de la lucha revolucionaria. Existe una creencia que la cosa pasa por otro lado, en donde las masas no son las protagonistas.
No se trata de reemplazar esas acciones de resistencia sostenida y en crecimiento. Se trata -en todo caso- que un partido de clase como el PRT, del proletariado, con independencia política dirija ese caudal de fuerzas hacia la lucha por el poder.
Es mucho lo acumulado y experimentado por nuestro pueblo, pero se necesita el robustecer y el comprometerse de esas vanguardias aún dubitativas con este proyecto de cambio partidario para que toda lucha no desgaste fuerzas, sino que -por el contrario- sea parte de un todo de acumulación.
La democracia burguesa tiene como partícipes fundamentales a los partidos burgueses, sus disputas por una banca en el Parlamento son disputas interburguesas, en donde no cuentan los intereses de la clase obrera y el pueblo. Por el contrario, la democracia directa o democracia obrera contempla los intereses de clase y de la gran mayoría de la población.
A esas vanguardias, a esas avanzadas que enfrentan las políticas de la burguesía en el marco de la resistencia les planteamos el desafío de robustecer el PRT, para insertar los planes revolucionarios cada vez más cerca de las amplias aspiraciones de cambio que necesita nuestro pueblo.