Los medios y la ideología dominante en épocas de crisis terminal

 


Todo el contenido de noticias políticas que se difunden en los medios se centra casi exclusivamente en las luchas y guerras de intereses entre las diferentes facciones imperialistas.

El mundo mediático bajo el dominio de éstas, refleja las noticias según los intereses que representan, en ello no se diferencian en nada unas de otras a la hora de las mentiras.

Sus noticias tienen integrados a sus contenidos sus agudas disputas interimperialistas, sus crisis y sus guerras. De allí que, en esta época de descomposición, de crisis superproducción, de desenfrenada carrera armamentista, de quebrantamiento de sus estructuras, la combinación de desinformación, ocultamiento, amedrentamiento y amenazas adquiere mayor relevancia.

Si bien es cierto que en este mar de intereses cruzados y de guerras todo vale, es más cierto aún que todas estas formas mediáticas son de hecho embestidas políticas e ideológicas tendientes a desnaturalizar y ocultar la lucha de clases en el seno de cada país.  

Este “modo de informar” tiene un solo sentido: confundir, disuadir y obtener el consenso que sirva como expresión de apoyo a unos u otros intereses monopolistas.  Mediante todo este conjunto se ha instalado mediáticamente los supuestos progresismos de un capitalismo sin monopolios en nombre de la libertad y la democracia que sirven para justificar desde posiciones reformistas y progresistas, invasiones, bombardeos, matanzas, represiones internas, genocidios y las más brutales aberraciones sociales en nombre de la libertad. “Defendiendo en la época del capital financiero un “ideal reaccionario”, la “democracia pacífica”, o el “simple peso de los factores económicos”, Kautsky ha roto con el marxismo porque ese ideal hace objetivamente retroceder del capitalismo monopolista al capitalismo no monopolista, es una estafa reformista” (Lenin, en El imperialismo fase superior…)

La ideología y la propaganda de la clase dominante necesita de estos contrabandos y de la ingenuidad política de sus mentores que -quieran o no- se subordinan al imperialismo. Venezuela es un ejemplo de ello y por estos lados los planteos del PJ, de la izquierda reformista hacen lo mismo.

La dominación ideológica necesita de estas noticias y de las nociones que sus contenidos expresan para convencer a los pueblos que las alternativas visibles frente al futuro son variantes capitalistas de uno u otro color y que fuera de ello no hay nada.

Subyase en todo ello la desesperacion por reafirmar a como de lugar la defensa del régimen capitalista acosado por la lucha de los pueblos en general y por la creciente movilización obrera, atenta contra sus planes opresivos de un régimen que no da para más.

Las estructuras monopolistas gobernantes, parte activa de la oligarquía financiera y del imperialismo de los países de los 5 continentes, la inmensa mayoria de los estados capitalistas, han corrido el velo de su repulsivo carácter reaccionario y más alla de sus variantes nacionalistas, de derecha o de sus supuestos progresismos y aparente sentido democrático, arrementen contra las conquistas obreras promoviendo disciplinamientos, reformas laborales y previsionales, desplegando leyes contra las libertades políticas y profundizando las leyes represivas, impulsando ajustes brutales y descensos salariales como nunca antes vistos.

Leyes infames antiobreras y antipueblo que intentan profundizar la explotación y el sometimiento esclavizaste al capital imperialista. En nuestro país todas las expresiones políticas como el PJ, la CGT, la UCR y parte el progresismo y la izquierda reformista justifican determinadas revisiones, tratamientos, reformulaciones y hasta justificaciones de estas leyes reaccionarias (reforma laboral y previsional) por donde se las mire. Con ello no hacen más que promover las políticas de sometimiento al capital monopolista y su desesperación de ganancias y su crisis.

Sostener la maquinaria de producción y apropiación de plusvalía producida a escala planetaria para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia requiere del contrabando mediático que expresa al imperialismo, cuyo fin es justificar un mayor sometimiento a los pueblos del mundo.

La crisis estructural del régimen capitalista y las nefastas consecuencias sociales de su pudrición muestran sin disimulo que el nivel de contradicciones entre las facciones imperialistas dominantes y sus núcleos más concentrados han aumentado exponencialmente, creando con ello un cuadro caótico impredecible y sumamente inestable.

Sin embargo, este cuadro de guerras abiertas y guerras encubiertas, donde los tratados comerciales son efímeros y las volatilidades financieras están a la orden del día, donde el propio orden mundial está trastocado por el peso de sus agudas crisis, refleja con más virulencia que la línea divisoria determinante es entre la inmensa mayoría de las masas obreras y trabajadoras y los pueblos y el parasitismo explotador que es capital mundial. 

Por lo tanto, todo el andamiaje mediático burgués bajo el manto de noticias e información centraliza su razón de ser en este hecho que, aunque se disimule se oculte y se disfrace no deja de ser ineludible e inevitable. Cuanto más crece el escenario de lucha de clases más desenfrenadas son las expresiones mediáticas, más persistentes los diversionismos ideológicos y más desalmadas las mentiras mediáticas.

Los estudiosos y publicistas burgueses defienden habitualmente el imperialismo de forma indirecta, oscureciendo su dominación absoluta y sus raíces profundas, destacando los rasgos y detalles secundarios, haciendo todo lo posible para distraer la atención de lo fundamental a través de proyectos de “reformas” sin importancia, tales como el control policial de los trusts o los bancos, etc.” (Lenin. imperialismo fase superior del capitalismo).

La ineludible verdad es que ni la pobreza, ni la miseria endémica, ni las matanzas, ni la explotación obrera, ni los bajos salarios, ni los deterioros sociales de toda índole, ni la destrucción infame de recursos naturales tienen consenso social.

Por el contrario, a la luz de la intensidad de la lucha de clases, no solo los pueblos resisten, sino que comienzan a enfrentar estas condiciones con más agudeza y persistencia.   De allí que cuando estallan masivas movilizaciones y se profundizan y extienden la luchas obreras y populares se culpan mutuamente de estas conmociones sociales “imponentes de contener las fuerzas que se han desatado con sus conjuros” (Manifiesto Comunista), tratando de disimular las consecuencias funestas del parasitismo, la exacerbación por las ganancias y los negocios globales que caracteriza a la burguesía monopolista en el seno de los propios países.

Los escenarios de enfrentamientos que ocurren en los EE.UU., Europa, en la amplia mayoría de países africanos, en Asia, en Medio Oriente y en nuestro continente latinoamericano -considerado por la estadística burguesa como uno de los escenarios de lucha de clases más agudos del planeta- es un mar de fondo virulento para todas estas facciones dominantes. Sacando a relucir sus disputas internacionales en los medios tratan de ocultar las profundas contradicciones de clase y el estado de hartazgo que las masas obreras y populares ya no esconden.

Desde los arrebatos más descabellados hasta las declaraciones diplomáticas más calculadas o los silencios más convenientes respecto de sus propias y desenfrenadas decisiones, todas tienen un denominador común: la guerra de clases que el poder desata contra la clase obrera y los pueblos. Los medios del poder dominante y sus noticias van a la zaga de estas decisiones y como no podría ser de otra manera ya han entrado en un encuadre que incluso desnuda sus limitaciones y su marco de mentiras exponiendo su infame papel.

Un proceso de agudización de lucha de clase se desenvuelve a escala planetaria.

La socialización de la producción ha superado los estrechos marcos de las relaciones de dominación globales que taponan todo desenvolvimiento político de los pueblos tratando de contener las fuerzas productivas que ya no caben dentro de ellas. Los medios ideológicos y propagandísticos burgueses se esfuerzan en disimular ello y estimular la creencia religiosa en el capitalismo. La lucha de clases rompe con el molde y la uniformidad imperialista que disfrazada de libertad sofoca todo desarrollo humano y social.

Cada lucha y enfrentamiento en el seno de nuestros países también se desenvuelve en contra de sus políticas mundiales. Y debilita su dominación, debilita al capital imperialista y sus planes. Al mismo tiempo fortalece la acción política organizada y masiva de la clase obrera y desarrolla su potencia social como clase, cuya fuerza junto a las inmensas mayorías populares es capaz de derrotar no sólo sus reaccionarias leyes sino su putrefacto sistema de explotación y miseria.

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