Despidos, suspensiones, recesión ¿está la clase desarmada?

 


Estamos atravesando algunas semanas que se caracterizan por cierto sentimiento de aletargamiento social. No estamos hablando del período de vacaciones, que siempre distiende los calientes eneros, hasta que llegan aquellos marzos paritarios decretando el inicio oficial del calendario. No, acá hablamos de otra cosa.

Durante los últimos meses la burguesía tomó una iniciativa política conjunta. Esperaron hasta después de las elecciones de octubre para que la recesión económica se convirtiera en despidos masivos, cierres de empresa sorpresivos, anuncios de venta de operaciones y suspensiones. Desde el gobierno, festejan números dibujados; desde la oposición, se llora la quiebra de empresas producto del “modelo”. De lo que nos pasa a los trabajadores, poco y nada.

No hace falta hacer un estudio académico para darse cuenta que la burguesía y sus representantes (empresas, gobierno, oposición, grandes medios de comunicación y burocracias sindicales) tienen un pacto de gobernabilidad: aguantaron los trapos hasta las elecciones de octubre; luego lanzaron una campaña de despidos, suspensiones y cierres para poner a los trabajadores a le defensiva mientras ellos discuten la reforma laboral.

Se implementa así un sentimiento general: no se puede hacer nada. La reforma laboral ya la tienen pactada, pareciera que “ya se aprobó”. En los lugares de trabajo se aprietan los dientes. Cada empresa es un mundo, pero cuando se las observa desde el punto de vista de la clase trabajadora, todas comparten el mismo relato.

En Granja Tres Arroyos les bajaron el salario a los trabajadores de la planta de Concepción del Uruguay (Entre Ríos). En su momento (mediados de 2024) la empresa declaró abiertamente que el objetivo era bajar costos de producción, no hay ningún problema productivo. Implementaron la reducción salarial, y ahora ya van dos meses que les pagan el sueldo atrasado ¿La empresa que dice? Que no hay plata ¿La producción? No para.

En la planta que Ternium tiene en San Nicolás, provincia de Santa Fe, los contratistas se rebelaron en agosto. Fueron a un paro por aumento salarial. El conflicto -verdadera rebelión obrera desde las bases- se levantó luego de días de intensa operatoria por parte de Paolo Rocca y la UOM: si se para el horno de fundición, Techint se va del país. Cinco meses mas tarde, el grupo Techint adquiere -¡A través de Ternium!- la empresa TASA (Tubos Argentinos S.A.) dando un enorme paso en integración vertical, en una operatoria de US$ 25 millones. Mientras tanto la UOM mantiene salarios prácticamente congelados y se llena la boca hablando del “industricidio”.

Semana tras semana salen noticias sobre la crisis de la industria automotriz. Las plantas o están paradas o tienen la producción muy reducida. En parte, por la caída de ventas. En parte, por un cambio de ciclo industrial. Hibrido o no, se viene el auto eléctrico, y las terminales están en pleno proceso de inversión para reconvertir la producción y adecuarla a los nuevos modelos. Es el caso de Ford, que desembolsó US$ 170 millones en octubre, acumulando una inversión de US$ 870 millones desde 2020, preparando el lanzamiento de la nueva camioneta hibrida enchufable. Los alemanes se la juegan un poco más y mientras anuncian una inversión de US$ 580 millones en Volskwagen para la nueva Amarok híbrida, a los obreros suspendidos les bajaron el salario. De cobrar el 75% pasaron al 70%. No se puede hacer nada compa, estamos suspendidos, hay crisis en la industria automotriz, mejor quedarse en el molde, hay que cuidar el trabajo.

Lo de las ceramistas como ILVA o Cortines no hace falta darle mucha vuelta más: despidos masivos mientras incorporaron tecnología, y planes de recontratar personal después de la reforma laboral. Estos por lo menos son más “honestos” y te lo dicen abiertamente…

En el Estado también pasan cosas, y aunque es necesario hurgar un poco más entre los cajones de la burocracia, la mugre sale. Gobiernos provinciales y nacional han ejecutado un vaciamiento fenomenal de las cajas estatales. En las escuelas técnicas se anuncia un presupuesto de prácticamente el 0%. En hospitales no hay un peso para atender pacientes. También faltan profesionales, que no pueden sostener la falta de pago o las condiciones salariales de indigencia. En fin, casos que todos conocemos y que terminan en la misma: si no hay presupuesto, no se puede cumplir con las tareas. La resultante es personal virtualmente “sobrante”. Si las escuelas técnicas no tienen insumos para que funcionen los talleres ¿Qué tareas prestan los docentes de taller? Ninguna. Son ñoquis, saldrán a decir los Feinmann y los Viale.

Pero también hay casos más complejos. El INTI es uno de ellos. Desde hace años el instituto viene sufriendo un vaciamiento: no ingresan fondos para sostener líneas de investigación, se caen regulaciones estatales que antes pesaban sobre productos fabricados en el país o importados, etc. Con el advenimiento de Milei la cosa se complicó para más, puesto que se han dado de baja una cantidad muy grande de ensayos que se realizaban, por ejemplo, sobre autopartes importadas. A partir del 31 de enero el INTI tampoco controlará lo que en el organismo se conoce como “Metrología legal”: control de alcoholímetros, cámaras de fotomultas, balanzas de puertos, surtidores de estaciones de servicio, etc. A partir de febrero el negocio se repartirá entre un par de empresas privadas, que junto al Ministro de Desregulación, Federico Struzenegger, vienen negociando el traspaso de servicios desde el INTI hacia el sector privado. La primera condición que pusieron fue que el instituto aumentará los aranceles de ensayos un 500%, para que no pudiera competir con ellos. Dicho y hecho, así sucedió.

Aparte, doble negocio, porque los controles de alcoholemia o las fotomultas ahora pasaran a ser un arreglo entre el gobierno y las empresas privadas ¿Venías a 80 km/h pero la cámara registra que tu velocidad fue de 100 km/h? A llorar al campito, ese va a ser el nuevo negocio de intendentes y gobernadores para aumentar la recaudación, a cambio de un certificado trucho emitido por empresas privadas que van a administrar las mediciones.

Son 150 trabajadores que dejarán de cumplir tareas. Las autoridades fueron claras en anunciar que “no se preveen desvinculaciones” sino que plantean una reubicación de esos trabajadores. Otro dato curioso es que hace mas de 6 meses que a los trabajadores del instituto se les niegan los pases de sector: en otras palabras, esos 150 trabajadores sin tareas, no van a poder ser reasignados a ningún lugar, porque las propias autoridades son quienes están bloqueando reasignaciones previas de sector. La política es clara: que deambulen por las instalaciones del INTI generando la ensordecedora presión del desgano y la falta de tareas asignadas ¿Y todo para qué? Para transferirle los ensayos a un par de empresas privadas que causaran un mayor costo impositivo (porque ahora hay que justificar el costo del ensayo, la ganancia empresarial y el negocio con el gobierno provincial y las intendencias).

Usted dirá ¿Y qué tiene que ver el INTI con Volskwagen  o Techint? Mucho.

La burguesía pretende aplastar a la clase trabajadora; quebrarla moralmente para apagar cualquier tipo de conflictividad. Quieren que a cada trabajador nos pese la incertidumbre, la desocupación y la pobreza, que estemos penetrados por el miedo al despido hasta lo mas profundo de los huesos.

Desde el punto de vista de la psiquis del trabajador, nos quieren hacer responsables de los problemas que ellos mismos generan, invirtiendo la carga de responsabilidad. Si “no dan los costos de producción” no es porque la empresa quiere ganar cada vez más, o porque vivimos en un sistema económico que se basa en el aumento de la explotación al obrero. No. Si “no dan los costos” es culpa de las y los trabajadores, que los muy desubicados quieren comer carne y tener una vida propia. No es que la pobreza existe por la disminución salarial, sino porque los trabajadores vagos no aceptan que deben tener dos o tres trabajos para subsistir. Si la inflación no sigue bajando, si el consumo no repunta, si el endeudamiento de los hogares es cada vez mayor, no es responsabilidad de un sistema y una clase social que dirige los resortes de la economía y decide desde la comodidad de Miami la miseria de millones de trabajadores. No, es responsabilidad de esos millones porque no saben “votar bien” o porque no “gestionan bien” su salario, que no alcanza ni para pagar un alquiler.

Esto lo vemos igualmente en la gestión de trabajos por proyectos. En muchas empresas, cuando finaliza un proyecto de trabajo la responsabilidad de buscar un nuevo proyecto es del propio trabajador, no de la empresa. Se trata de una practica común en el sector de servicios.

Y tan solo para agregar un último elemento: la imagen autogenerada de que los Milei, los Trump, los Putin, Xi Jinping, los Netanyahu ¡Todos! ¡SON TODOS INVENCIBLES! ¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS HUMILDES TRABAJADORES FRENTE A LA INEXPUGNABLE IMPUNIDAD DE QUIENES DOMINAN EL MUNDO?

El peso de la incertidumbre, la desocupación que se alza como una amenaza inminente para las y los trabajadores, la angustia del salario que no alcanza y ¿qué vamos a hacer si ni siquiera recibimos este mísero salario? La mentira del “No hay plata” que repiten los patrones sin cesar, mientras amasan ganancias financieras cada vez que nos pagan el salario atrasado; la carga de responsabilidad invertida, donde los culpables somos nosotros por no autoexplotarnos lo suficiente; la impunidad inexpugnable de quienes dominan el mundo. Este es, sintéticamente, el verdadero plan político de la burguesía. Nos quieren aplastar, aletargar y humillar, para que sintamos que es imposible, que no se puede hacer nada, que la única opción viable para la clase trabajadora, es agachar la cabeza y pasar desapercibidos.

Por eso estamos frente a un desafío como clase. O adoptamos la actitud sumisa que nos quieren imponer, o reconstruimos nuestras fuerzas como clase obrera y nos plantamos para levantar una verdadera rebelión obrera que ponga las cosas en su lugar.

 

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