Este «buen señor» está ideológicamente descompuesto. El grado de putrefacción llegó a un punto de inflexión.
No se limita a mentir, un rasgo que lo distingue, avanza sobre los «principios» de la ideología burguesa, o sea, la clase dominante.
Dentro de sus frases sobresalientes de hoy, define socialistas a los gobiernos “progresistas”. No da puntada sin hilo al caracterizar de socialista a lo que en realidad es más capitalismo.
Mata dos pájaros de un tiro: liquida el debate interburgués (la lucha política en el seno del sistema capitalista), y con un lenguaje directo apunta contra la verdadera clase antagónica a los intereses dominantes.
Milei es un anticomunista rabioso y en Davos afirmó: “la defensa del sistema capitalista debe estar basada en su virtud ética y moral”. Se olvidó decir que la ética y la moral de la burguesía que hoy es dominante en el planeta, ni es ética ni es moral para los explotados y oprimidos.
Podríamos cansar a nuestros lectores con ejemplos concretos de “ética y moral” de nuestra clase antagónica, pero a decir verdad esas aclaraciones conllevarían en sí mismas una subestimación a la inteligencia humana, cuando el costo de un solo misil podría cubrir las necesidades de poblaciones enteras con riesgos vitales múltiples.
Milei hizo referencia a la sociedad grecorromana como ejemplos a seguir. Es obvio que no explicó que esas sociedades divididas en clases siempre fueron superadas por eslabones superiores que desataron las fuerzas productivas. Fueron esos pueblos los que «empujaron la historia» para adelante cuando las clases dominantes frenaban el curso de la sociedad humana. Milei no dijo que la burguesía es el freno de la historia, que el sistema que los cobija es el capitalista y que el fenómeno de crisis políticas y económicas recurrentes (y cada vez más profundas) los lleva inexorablemente a una profundización caótica de su propia existencia como clase.
Este personaje ha dejado de ser trágico, pero en su paso de comediante sabe que atacar las ideas socialistas y comunistas es parte actual de la lucha ideológica.
El verdadero socialismo, el verdadero comunismo, es el que cuestiona el sistema capitalista y ataca la base en el que se sostiene el capitalismo.
No hay socialismo, no hay comunismo si los medios de producción no pasan a manos de los que producen la riqueza, la clase obrera, el proletariado, los sectores de la sociedad oprimida son los verdaderos encargados de liberar las fuerzas productivas y para ello la lucha por el poder es el acto central a concebir de la verdadera lucha por socialismo.
Davos, «señor» Milei le quedó grande. «Hemos realizado 13.500 reformas estructurales» dijo.
Un número que puede asustar, atemorizar. Pero hizo mal en llamarlas “reformas estructurales”, son medidas que apuntan contra los intereses de clase del proletariado, son el empeoramiento de las condiciones de vida y el ataque permanente a los derechos políticos adquiridos en décadas de lucha.
Nada dijo que estas «reformas estructurales» fueron apoyadas por los «socialistas» de todo linaje. El parlamento votó a cuatro manos -por acción u omisión- los dictámenes impuestos por el capital más concentrado.
Mientras Milei hace este tipo de discurso en Davos, aquí en Argentina se sienta con los políticos «socialistas» para votar la reforma laboral. Peronistas, kirchneristas, radicales y todo el vomitivo arco político que Milei critica (pero con quienes convive con pasión) son la muestra clara de la comedia que transitamos.
Tragedia es el sistema capitalista que ha fracasado y está a la vista «señor» presidente.
Sin sonrojarse afirmó: «salvar a occidente y defender el derecho a la vida y la libertad».
En realidad, el presidente estuvo modesto: más que salvar a occidente de lo que se trata para ellos es de salvar al capitalismo. Y más que «defender la vida y la libertad» en realidad es defender todo lo que implique un ataque a los procesos movilizadores que van recuperando la memoria revolucionaria y los pricipios comunistas que los representan.