El proletariado y su enfrentamiento con la burguesía

 

Los más ricos del mundo comprometidos con mejorar el estado de las personas más ricas del mundo

 

 

 

«Los más ricos del mundo comprometidos con mejorar el estado de las personas más ricas del mundo»

 

 

 

 

 

En la semana del 19 al 23 de enero se llevó a cabo el Foro de Davos. Dicho foro no es una institución oficial mundial, no genera reglamentaciones ni leyes que los gobiernos se vean obligados a cumplir ni a incluir en sus respectivas legislaciones, tampoco genera resoluciones.

¿Cuál es la importancia entonces que lleva a su realización cada año?

Ésta pareciera una pregunta infantil ante la presencia de semejantes personajes del empresariado mundial que se da cita en ese evento con la comparsa de presidentes y funcionarios gubernamentales que los acompaña.

Viéndolo desde un punto de vista de la división de clases en la sociedad capitalista, dicho foro no es más, ni menos, que la reunión de los exponentes más encumbrados de la oligarquía financiera internacional con los gobiernos a su servicio a fin de ir viendo la marcha de sus negocios y las perspectivas mundiales de los mismos.

Sería algo así como la convención de los partidos locales y regionales de la gran burguesía mundial. Claro está que con múltiples tendencias, contradicciones y disputas por los negocios particulares de cada uno.

Allí, muestran las uñas y los dientes que quieren exhibir y esconden los que no quieren mostrar frente a sus competidores.

Los atildados estadistas aparecen como comparsas ya que sus opiniones quedan ensombrecidas por la de los grandes señores de las finanzas, salvo en aquellos casos en que el estadista es a la vez uno de los encumbrados grandes burgueses perteneciente a la élite de dicha clase.

Tal como ocurre al interior de los países, las coincidencias se comparten respecto de los márgenes comunes de ganancias (los más altos posibles) a percibir en el próximo ciclo anual, para lo cual cada uno expone su fórmula para lograrlo de acuerdo a los negocios que tiene entre manos. En síntesis, cómo lograr la mayor explotación del proletariado y la opresión que debe acompañar a la misma.

Las grandes líneas económicas y políticas salen de las iniciativas de esa burguesía, aunque en la práctica posterior se enfrentan con la lucha de clases en cada país. Los gobernantes, sabedores de su papel, intentan, a pies juntilla, aplicarlas en cada lugar.

Tal como queda expresado, vemos cómo la oligarquía financiera mundial actúa como partido frente a su oponente proletario mundial. Avanzan así, con la única unidad posible que pueden lograr.

Sin embargo, tal como lo ha registrado la prensa mundial -a pesar de que no nos informan todos los vericuetos transitados en el evento- las disputas y contradicciones en el seno del partido de la burguesía son cada vez más profundas.

Es por eso que año a año, en un reflejo ineludible de la concentración monopolista operada en el planeta, advertimos que la vocación despótica y guerrerista de los mayores capitales pretenden imponer por la fuerza, al resto de su propia clase, la línea de acción que desean para mejorar aún más sus negocios.

Luego nos quieren mostrar que son los estadistas quienes resuelven los cursos a seguir, cuando en realidad, éstos son quienes tratan de llevar adelante las “sugerencias” que salen del foro. Claro que cada quien lo hace según el grado de injerencia que cada capital tiene en determinados territorios, porque así funciona el capitalismo, el que pone la música es quien más poder “dinerario” tiene.

Pero como los negocios son cambiantes y siempre se favorece el más concentrado según la cantidad de plusvalía que pudo atrapar no sólo de la clase proletaria en las unidades de negocios a su mando, sino también de la que saqueó a miembros de su propia clase, la movilidad del poder pasa de una mano a otra en cuestión de años, meses o días.

El reflejo de esta cuestión en el plano mundial es lo que día a día enfrentamos en nuestros países.

En Argentina, el partido de la burguesía tiene varias caras según los capitales que se agrupan detrás de determinados sellos. Es por eso que hay peronistas, radicales, socialistas, liberales, anarco capitalistas y otras denominaciones. A tal punto conforman un solo partido frente a su clase antagónica -el proletariado- que los personajes que los componen, no tienen empacho en salirse de una de sus tendencias para introducirse en el grupo que antes había sido su competidor.

Ejemplos de ello son, Bullrich, Caputo, Carrió, Fernández de Kirchner, Picheto, Santilli, Macri, y otro ciento de ejemplos que sería tedioso enumerar. Saltan de un partido a otro sin sonrojarse o de una tendencia interna a otra olvidándose y queriendo hacer olvidar que pertenecieron a la primera y la sostuvieron con la misma “convicción” con la que actúan en la segunda.

Es evidente que los cambios de tendencia o de los aparentes partidos “diferentes” están impulsados por los capitales a los que sirven ocasionalmente.

Así como la burguesía tiene su partido de clase para enfrentar al proletariado, éste necesita de un sólido Partido de su clase y otras organizaciones políticas de masas para enfrentar a la burguesía.

Insistimos en este aspecto porque la lucha de clases mundial que el capitalismo empuja hacia la guerra, sólo puede revertirse con una lucha desde lo local hacia lo internacional en forma simultánea.

Para eso, la clase obrera y el proletariado en general, deben robustecer el cuerpo y la trayectoria revolucionaria del partido proletario y de organizaciones políticas de masas con la incorporación de hombres y mujeres decididos a enfrentar los desquicios que la burguesía está generando en todo el planeta no sólo contra los seres humanos mediante el hambre, la miseria, la explotación y las decenas de guerras que se están llevando a cabo en distintos países y regiones, sino también con la destrucción del planeta.

Los grandes señores de las finanzas reunidos en Davos no tienen límites en sus aspiraciones de dominio y subordinación de pueblos, naciones y continentes.

El único freno y la posibilidad posterior de su derrota para lograr un mundo en paz, respetuoso y enaltecedor de la humanidad y su entorno natural en desarrollo armónico, es la acción revolucionaria del proletariado en unidad con los sectores oprimidos, ejercida en cada país con proyección regional y mundial.

Luego de décadas en las que la lucha de clases no aparecía con contundencia y sostenida en el tiempo, hoy es una realidad cada vez más palpable en donde la resistencia del proletariado a las políticas devastadoras de la burguesía se alza firme y cada vez más creciente ejerciendo la profundización de una crisis política y mayores contradicciones que la incapacitan para encontrar la salida a la crisis estructural del sistema que les permita encontrar el famoso ciclo virtuoso de producción y ganancia al que aspiran cual si fuera el camino hacia la vida eterna.

Las decenas de luchas diarias que está llevando el proletariado, por ejemplo hoy en contra de la condiciones de trabajo y de vida y por derrotar la reforma laboral, requieren de una unidad, profundización y generalización que sólo el plan nacional elaborado por un partido revolucionario de su clase rodeado de múltiples organizaciones políticas de masas podrá lograr encaminar hacia una verdadera emancipación si se sustenta en las necesidades, aspiraciones y demandas de los intereses emanados de las bases, enfrentando a la burguesía y decidiendo por sí mismas cada paso a seguir.

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