La lucha de clases: muro de contención a la guerra interimperialista

 


Las implicancias de la aguda crisis del modo de producción capitalista son cada vez más severas y temerarias.

Loa alineamientos y realineamientos de las potencias imperialistas, en pos de atenuar la inexorable caída decreciente de la tasa de ganancia, que afecta a todas las facciones del capital y provoca una competencia cada vez más despiadada y abierta por los territorios, los recursos y el comercio, son el marco que reflejan un desorden mundial del orden capitalista conocido hasta aquí.

Las conductas de los líderes de esas potencias se enmarcan en la referida crisis, provocando acciones erráticas, efímeras, circunstanciales; muy lejos de alianzas y acuerdos permanentes como los derivados después de la Segunda Guerra mundial, de mediados del siglo pasado.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabeza esa cruzada. Al poner de cabeza lo que antes estaba de pie no hace más que “blanquear” una base material atravesada por la feroz competencia Inter imperialista planetaria, y la ruptura del orden establecido que dicha competencia provoca.

Como nunca antes, las potencias se ven atravesadas por una maraña de intereses cruzados, entrelazados, que dificultan y hasta impiden que los Estados imperialistas cumplan el papel ordenador de los intereses en pugna. De allí que los realineamientos sean permanentes y los objetivos de cada país se desplieguen en un océano de contradicciones y disputas por la hegemonía de unos capitales sobre otros. Hegemonía cada vez más imposible de lograrse si se tiene en cuenta que la misma no depende de la voluntad de que la oligarquía financiera mundial la tome por “decreto”, con unificación de intereses contrapuestos.

Si bien ésta ha sido la constante, la esencia de los fenómenos que provocan la competencia entre las facciones imperialistas, estamos en medio de un ciclo de guerras comerciales, diplomáticas y militares en donde lo que prima es la dispersión a la hora de la toma de decisiones por parte de los Estados.

Como decíamos al principio, las consecuencias se traducen en posibilidades ciertas de una guerra mundial “a cielo abierto”, que algunas facciones del capital promueven. Otras, no se expresan del mismo modo, pero la guerra militar se convierte en inevitable cuando uno de los contendientes decide hacerla. Por eso, de hecho y más allá de los discursos, todas las potencias vienen aumentando significativamente los gastos en defensa, con el consiguiente recorte a otras erogaciones que afectan la vida de los pueblos.

Y aquí es necesario detenerse. En distintas regiones del planeta importantes sectores de la población reaccionan frente a esas políticas que afectan directamente las condiciones de vida. La lucha de clases en el interior de los países imperialistas pasa por momentos de tensiones y manifestaciones de ese descontento. A diferencia de otras etapas, no se dan condiciones indispensables para la clase dominante respecto de arrojar a sus pueblos a la guerra.

Sin embargo, la posibilidad de una guerra mundial abierta existe. Pero tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz, es indispensable que la clase obrera sostenga intransigentemente su independencia de clase. Defender sus propios intereses sin dejarse enmarañar con los intereses de la burguesía y sus guerras imperialistas. En este período de la historia ese principio se vuelve central, dado que ninguna facción del capital puede ser considerada como aliada de la clase de vanguardia. Si en algo se unifica la oligarquía financiera mundial es en el ataque rapaz y furibundo al proletariado en general, y a la clase obrera en particular. Más aun, las condiciones de una guerra imperialista exigen que las fuerzas revolucionarias se preparen para una confrontación clasista más aguda contra su enemigo de clase en cada país. En empujar a condiciones para una guerra de clases en las que el proletariado debe tener claro que su estrategia no pasa por aliarse con ninguna facción de su clase enemiga, sino por levantar un programa propio que incluya al resto de los sectores oprimidos, para atizar y avanzar hacia la necesidad y la posibilidad de abrir una época de revoluciones sociales.

Al respecto es de vital importancia que, en el actual período de confrontación clasista, las tácticas de los partidos revolucionarios consecuentes aborden el problema de la guerra imperialista desde esa posición de principios, desde una posición leninista, enfrentando todas y cada una de las maniobras de engaños y mentiras que intenten que la clase de vanguardia tome partido a favor de cualquiera de las facciones de su enemigo de clase.

La lucha de clases en cada país por las demandas y conquistas que el capital busca arrebatar,  debe ser no sólo el muro de contención contra la guerra, sino también (y fundamentalmente), el terreno de disputa de clase contra clase para que la definición y salida de la crisis capitalista no se convierta en un nuevo ciclo de dominación de la clase en el poder, sino en el avance hacia su derrota.

Compartí este artículo

Deja una respuesta