Maturano, el paro que no fue y la «paz social» que no logra (ni logrará)

 

 

Después de una perorata explicativa donde se asevera que los salarios ferroviarios han perdido más 60% del poder de compra (diríamos nosotros mucho más) y enfatizando que “Nos deben 56% de inflación y 18% que corresponden a los últimos nueve meses” el cegetista “representante del sindicato La fraternidad”, el señor Maturano, afirmó -estando a las puertas de la realización de un paro ferroviario el 5 de febrero- que: “Nosotros no creemos ni somos optimistas que van a dar el 18%. Acá hay una solución de firmar el mes de diciembre únicamente, no firmar ni enero, ni febrero ni marzo, firmamos diciembre que nos deben y es 2,8% de inflación. Si ellos acceden a lo que nosotros planteamos todo se puede suspender o postergar»…

Y así en un abrir y cerrar de ojos, de aquel reclamo del 74% planteado más arriba se bajó a un 2,8% en función de suspender o postergar el paro. Para colmo de males este miserable porcentaje no está ni siquiera en la “agenda” del ministerio de trabajo, ni de las directivas ferroviarias o sea ni siquiera accedieron al misérrimo porcentaje que planteaba.

Esperando las campanadas salvadoras de la conciliación obligatoria dictada por el ministerio de Petovello y Julio Cordero, coautor e impulsor de la reforma laboral, (el mismo que dice sin pelos en la lengua “¿limitar la jornada para que se trabaje menos, ¿para qué? ¿O sea, está mal trabajar, estamos en contra del trabajo? ¿Para qué, para ir afuera a hacer qué?), el paro ferroviario anunciado con bombos y platillos a fines de enero, se levantó el miércoles 4 de febrero y tan silenciosamente como vino se fue.

Durante los meses previos Maturano despotricó amenazas con medidas de fuerza, pero a la hora de los bifes, esta taimada maniobra para contener el estado de bronca quedo otra vez en evidencia. Durante el transcurso de la semana pasada el anuncio del paro se convirtió en la plataforma para dar lugar a declaraciones de políticas de Maturano y Cordero que se despacharon a gusto y piacere a favor de la reforma laboral.

Andamiaje mediático de por medio y andanadas ideológicas de todo calibre se combinaron no solo para sostener la necesidad de la reforma laboral sino para sostener que nada se puede hacer frente a la decisión de llevarla adelante.  El “ellos no nos van a dar el aumento” de Maturano sumado al “Hoy el Estado se mete en la propia voluntad del trabajador” de Cordero, se conjugaron para sostener la defensa de la explotación de clase. Las voces de estos rancios personajes del estado y del sindicalismo se unificaron en la pretensión de justificar lo injustificable.

Años de maniobras por el estilo -de las que la clase obrera conoce de sobra-, muestran que el paro que no fue, es un botón de muestra de cómo las dirigencias sindicales de nuestro país, sostienen una defensa acérrima del régimen capitalista junto a la justificación de sus desbordados abusos.

“Sé que había cosas que había que cortar”, dijo Maturano hablando de los ferrocarriles, más precisamente de las y los obreros ferroviarios, pero no se anima a mencionarlos porque ello daría lugar a justificar despidos, rebajas salariales, pagos atrasados, derechos políticos vulnerados y varios etc.… más. “pero vayamos cortando despacio, vayamos viendo cómo se puede ‘conservar’ la paz social.”  

Como buen baqueano en estas cuestiones de profundizar el sometimiento al capital sabe leer que por abajo el horno no está para bollos y que los cuestionamientos a estas políticas ya están desbordando las propias instancias el control policial que los sindicatos que ejercen. De allí y como buen representante de las patronales, como buen exponente de la CGT y en coincidencia con variadas dirigencias peronistas, arremete contra los trabajadores porque “la paz social” muy a su pesar de sus denodados esfuerzos para alcanzarla se aleja cada día más y más.

Con este devenir en ciernes apela a su bífida honestidad de reptil y queriendo encubrir sus evidentes traiciones salariales y políticas se lanza en una entrevista en Radio Mitre el miércoles 4 por la mañana, aquella semana de declaraciones ideológicas de los representantes de la burguesía.      “La reforma laboral en algunos aspectos es necesaria, dijo con tono serio porque el trabajador siempre abusó de algunos derechos, como los patrones también. Acá son las dos partes, que ninguno se haga el zonzo, siempre se abusó de algo».  El señor Feiman emocionado por estas elocuentes palabras le pregunta … ¿y Los trabajadores ferroviarios de que abusaron? Vacilando y sin encontrar más elementos acusatorios Maturano contesta “pueden abusar de orden médica y no estar enfermos, pueden abusar de otras cosas más” ….

No se sabe de qué otras cosas más pueden abusar las y los obreros ferroviarios y también los de la diversidad de ramas industriales.  Su lógica dictatorial dice sin vueltas que como los trabajadores se abusan de sus derechos y conquistas hay que cortar derechos para acabar con sus abusos. Reforma laboral estilo peronista que acusa a los trabajadores y esconde las ganancias del capital y que los supe explota y claro esta las suyas propias.  Porque las y los obreros abusan de sus dolencias físicas y mentales que son variadas y permanentes, abusan de sus deseos de descanso, abusan de sus vacaciones y del derecho a debatir a conversar sobre su propia situación y organizarse en función de sus propias necesidades. Es más, las y los obreros abusan de un salario miserable al que exprimen como un trapo mugriento y frente a ese abuso denigrante de unos cuantos pesos devaluados, se alza con sus ínfulas de hombre de buena ley, el señor ministro Cordero diciendo que es necesario trabajar 12 o más horas y por ello “el estado se mete en la propia voluntad de los trabajadores.” el mismo ministro que dicto la conciliación salvadora como desenlace de un paro inventado.

Aunque estén en diferentes expresiones políticas Maturano y Cordero militan en la misma clase explotadora y parasitaria, la burguesía. Por ello ambos dicen básicamente lo mismo. Aunque Maturano va más allá, no se limita solo a los rudimentarios fundamentos injustificables de Cordero y compañía sino, a identificar el concepto de abuso como una conducta de las dos clases fundamentales del capitalismo. Ambas clases, la clase obrera explotada y la clase capitalista explotadora cometen abusos nos dice. En el medio están ellos los buenos muchachos, que tercian limando las atrocidades del capital, al acusar a la clase obrera de abusar de sus derechos.  El mismo Estado, las propias estructuras ministeriales a su servicio, los propios capitales monopolistas están de para bienes porque las dirigencias sindicales con nuevos y viejos rostros no solo no sacan los pies del plato, sino que al encausar su papel al parlamentarismo reafirman -aunque Milei diga lo contrario- que el estado de los monopolios “se mete en la propia voluntad de los trabajadores” para profundizar su sometimiento al capital de la mano de los sindicatos.

Las armas ajenas disparan contra nuestro propios intereses y necesidades.  Debemos librar esta guerra con nuestras propias armas. Organización de base en lugar de trabajo, Independencia política, unidad de clase.

 

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