“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre ese círculo”. (“Cordobazo” en el Periódico de la CGT de los argentinos, 1969).
Rodolfo Walsh, periodista, escritor, dramaturgo, detenido desaparecido a partir del 25 de marzo de 1977.
Este magnífico párrafo termina diciendo que “esta vez es posible que se quiebre ese círculo”.
Han pasado casi 50 años y la clase dominante demostró en los hechos que a la clase obrera había que quebrarla en el plano ideológico, no era suficiente ya golpearla en el terreno político y económico, eran maduros para asimilar que una conciencia de clase que venía haciendo pié en la sociedad hacía peligrar el mismísimo poder burgués.
Venimos rápidamente al presente y tenemos dos sensaciones que están conviviendo.
Por un lado, la burguesía golpeó en lo ideológico a la clase obrera, una labor sistemática que obtuvo resultados y que hasta el día de hoy estamos sufriendo consecuencias. Durante éstas décadas hubo luchas políticas y de «cuerpo a cuerpo» importantísimas, quizás el 2001 marcó uno de los puntos más álgidos de ésta historia reciente.
Pero hablamos que desde el plano ideológico el sistema capitalista y la clase burguesa supieron sobrellevar los negros nubarrones amparados es su fortaleza ideológica, “de todo se puede hablar y patalear» basta que no se aborde el problema de clase y de la lucha política de la clase obrera por la toma del poder.
Inundaron de propaganda anticomunista y por ende anti obrera. Al Estado de los monopolios se lo sostuvo y sus instituciones desde los diversos parlamentos, Justicia, Poder Ejecutivo con diversos presidentes y presidentas, fuerzas represivas, el sistema capitalista pudo sortear -como dijimos anteriormente- los fuertes nubarrones instalados.
Pero hay momentos de la historia de la lucha de clases en donde el camino de lo débil hacia lo fuerte, el camino de lo pequeño a lo grande comienza a pesar en una forma cualitativa distinta a todo el proceso vivido.
Y es aquí en donde la última frase del párrafo de Rodolfo Walsh comienza a incidir en la lucha de clases. Se ha comenzado a quebrar el círculo y hay serios síntomas que la disputa de clase va adquiriendo otra fisonomía.
La presencia de las ideas revolucionarias que no han tenido descanso desde las épocas más difíciles, comienzan a ser tomadas por ciertas avanzadas en la clase obrera y en un amplio abanico de proletarios. La propaganda revolucionaria es leída con atención ya no solo en sus planos políticos sino como propuestas de salidas a tal desastre que vivimos en el sistema. El volante es guardado en los bolsillos del trabajador, se abren diálogos en las puertas de los trabajos y las redes sociales hacen lo suyo en ese complejo ir y venir de la lucha ideológica.
Es cierto que está todo por hacerse, pero los primeros engranajes de la propuesta revolucionaria se han echado a andar. Comienza una etapa del encuentro de la ideología revolucionaria con el proletariado y ella misma nos está advirtiendo que hay receptividad. Y esa receptividad está dada por la propia experiencia de vida de la clase, se abrió un proceso el cual deberemos profundizar basándonos en la confianza al proletariado y poner en firme que la lucha de hoy debe encaminarse a la lucha por poder. Y la misma pone en primer plano el concepto de guerra de clases.
No hay conciliación posible en clases antagónicas, la clase lo intuye, lo vive y lo sufre, pero no es suficiente si con ello las y los revolucionarios no elevamos el plano ideológico de la clase.
Es nuestra tarea elevar el plano de conciencia, y en ello hay que poner mucha atención, subestimar a la clase sería hoy por hoy un enemigo a combatir.
Las avanzadas de hoy están ávidas de saber hacia dónde ir, han probado todo o casi todo del poder burgués, pero no se desatará ese nudo de ceguera hacia una revolución si la acción en todos los planos de las y los revolucionarios no apunta a elevar en esa guerra de clases la conciencia de la clase.
Las avanzadas están asimilando, de lo pequeño a lo grande, la necesidad del programa revolucionario y ello es un escalón superior a todo lo vivido hasta el momento. Fueron épocas en donde el tema del poder era abordado por puñados de revolucionarios y con ello el insertar las ideas socialistas y comunistas no era visto con agrado, en una democracia burguesa que estaba haciendo su propio juego de poder.
Hacemos nuestras las palabras de que esta vez es posible de quebrar el círculo impuesto por la clase dominante. Hay más manos y mentes abiertas para este desafío histórico.