Guerra, negocios y lucha de clases

 


La agresión imperialista de Estados Unidos e Israel está a la vista de todos, eso está fuera de discusión. Pero la guerra contra Irán, como toda guerra imperialista, se sostiene en la defensa de los intereses de una fracción de la clase dominante en contra de los intereses de otra, y otras.

Clausewitz decía: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Lo cual queda completamente aseverado en este conflicto.

El gran tema, por supuesto, es el petróleo. El gobierno de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente (Arabia Saudita, Israel, Emiratos Árabes para mencionar a los más prominentes) quieren que un grupo de empresas monopolistas tomen el control total de la producción y comercialización del crudo en el mundo.

Evidentemente, esto choca con los propósitos de otra fracción monopolista, representada por el régimen teocrático iraní. Sin embargo, veamos el resultado: el encarecimiento del precio del Brent genera inflación, es decir aumento generalizado de los precios de las mercancías, y sabemos muy bien que la estrategia principal de la burguesía para controlar la inflación es reducir el poder adquisitivo del salario de los trabajadores.

Gran problema, que conduce a la clase dominante a un callejón sin salida, que son las crisis de súper producción. Los salarios son bajos, las mercancías no se pueden adquirir, se reduce la tasa de ganancia, y vuelta a empezar: la guerra como recurso para eliminar fuerzas productivas. Pero los negocios siguen, y suponen un deterioro cada vez más profundo en las condiciones de vida de la clase obrera y el conjunto de trabajadores en el mundo.

Negocios inmobiliarios (para reconstruir la infraestructura destruida por los bombardeos) negocio armamentista (relanzado por la necesidad de producir más para abastecer los frentes de combate) y claro, negocios petroleros en este caso, como lo es en el caso de la güera ruso-ucraniana el de la explotación de los minerales de las tierras raras.

De hecho, Irán mismo sigue haciendo negocios. En lo que va de la guerra obtuvo más de mil millones de dólares gracias a la exportación ilegal de crudo (sabemos que el capitalismo funciona en gran medida, gracias a los negocios “ilegales”). ¿Cómo lo hizo, si ellos mismos minan el estrecho de Ormuz y atacan a los barcos petroleros que tratan de transitar la zona?

Mientras los negocios continúan, la oligarquía financiera atraviesa de todos modos una crisis muy aguda. Y más allá de sus disputas intestinas, en algo sí que se ponen de acuerdo: sostienen su unidad de clase para aplastar a la clase obrera.

Los efectos de la guerra, los costos de la guerra los pagan los pueblos del mundo, masacrados por los bombardeos, incendiados por las bombas termobáricas y de fósforo blanco, hambreados, desplazados, exterminados (cómo sucedió y viene sucediendo en Gaza).

Y quienes no somos víctimas directas de la guerra, lo somos como trabajadores que padecemos cada vez con más intensidad la explotación y el despojo. Producimos la riqueza, y ellos se la llevan. Y después, se disputan lo que nos roban sea por las vías “diplomáticas y democráticas” y, cuando eso no alcanza, con las guerras.

Ahora bien: estas guerras persiguen también otro propósito. Ocultar, desconocer la lucha de clases, exacerbando el nacionalismo, la defensa de los territorios, la imposición religiosa. Y la única guerra que deberíamos pelear los trabajadores del mundo, es la guerra contra la clase opresora.

Como lo demostró, y solo para tomar un ejemplo, el pueblo iraní que lucha en las calles por sus libertades políticas, en contra del régimen dictatorial de los Ayatolas.

Qué casualidad, que esta guerra organizada por Estados Unidos y sus socios más cercanos, se da en medio de manifestaciones multitudinarias y violentas contra la policía migratoria en el país del norte, luchas callejeras en Turín, marchas masivas en España, paros en los puertos griegos, y por supuesto con el pueblo iraní en las calles. La guerra es una herramienta de la burguesía, también, para descomprimir la lucha de clases que libra el proletariado internacional.

Estamos atravesando momentos definitorios. La clase dominante, parasitaria, tiene cada vez más dificultades para contener el derrumbe. Por ello es que muestra su cara más siniestra, exhibiendo a través de sus principales dirigentes la impunidad de sus atrocidades, violando las normas de sus propias constituciones y leyes. Están débiles, hay desesperación.

Es el momento para que los destacamentos revolucionarios de todo el mundo avancen y militen la conciencia de clase, para que se comprenda que el enemigo está ahí, en la oligarquía financiera internacional, y hay que destruirlo.

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