En el Instituto Universitario Patagónico de las Artes, IUPA (Río Negro), desde hace años se viene gestando una organización de base que lucha por las condiciones de trabajo, de estudio, contra el vaciamiento, contra los despidos arbitrarios y contra el destrato laboral hacia los trabajadores.
Parte del recorrido de esa lucha, era arribar a una mínima condición como es el gobierno tripartito de la universidad -que fuera conquistado por las luchas estudiantiles en el año 1918, buscando por ese medio democratizar y otorgar un carácter científico a la universidad-.
Así de mal estamos, que aún se sostenían gobiernos universitarios impuestos mediante interventores (actualmente Gerardo Blanes, ex legislador de la provincia), puestos a dedo por el gobernador provincial de turno conforme sus intereses políticos, por supuesto condicionados por los intereses económicos de los capitales a los que sirven.
En ese recorrido, y sin que sea este el único reclamo de la población universitaria, se arribó el 15 y 16 de marzo a un “acto electoral”, que por cierto generó en la comunidad educativa del instituto cierta expectativa respecto de que sirva como herramienta para mejorar la situación; teniendo además en cuenta que ese hecho es un triunfo de la lucha, no lo regaló ningún interventor, ni gobernador, ni político, ni sindicato, sino el resultado directo de masivas asambleas Interclaustro que comenzaron hacia finales de 2023.
Las listas estaban divididas entre las de la gestión (radical y “amiguis” de la política mileísta) y las de los sindicatos, de corte peronista. También, en el afán de no hacerles tan fácil la cosa a quienes cocinan sus negocios con nuestras condiciones de vida, se presentaron algunas listas de estudiantes y docentes independientes.
Pero la realidad supera el deseo y la democracia burguesa volvió a demostrar que la “representatividad” de sus instituciones, sólo sirven para entongues, negociados y manganetas que ya conocemos.
Para empezar la gestión armó un reglamento electoral que, tanto en la forma en que se gestó, como en su contenido, es totalmente antidemocrático; eligieron la junta electoral a dedo e hicieron un montón de vericuetos para asegurarse bancas en el Consejo y de esa manera, como la elección del rector es indirecta, poder tener las bancas suficientes para que la actual gestión puesta por Weretilneck siga manteniendo el poder.
Después, incluyeron en las elecciones a personas que no son estudiantes de grado, sino que participan de los cursos que se dan en las escuelas de Arte Popular de las localidades del interior de la provincia, haciendo votar a 1400 personas en un supuesto padrón de estudiantes presentado a último momento, sin cotejo y en urnas en las que no hubo fiscales, porque ¡¿cómo listas universitarias iban a poder fiscalizar 49 mesas en toda la provincia?!
Por supuesto, tales patrañas hicieron que, mediante votos inchequeables de “estudiantes” cuya existencia tampoco es comprobable, la misma gestión se quede con las dos bancas de estudiantes en el Consejo Superior.
Este hecho, hizo que toda la comunidad estudiantil de las carreras de grado, que no avala esta gestión bajo ninguna circunstancia y votó en contra de la misma, se quedara sin consejeros estudiantiles.
Y como diría Violeta Parra ¡“me gustan los estudiantes”! porque ni lerdos ni perezosos y mucho menos ingenuos, enarbolaron su rebeldía, se agruparon rápidamente y resolvieron una permanencia hasta que la junta electoral impugne las mesas que tienen irregularidades en la provincia buscando al menos lograr ganar las bancas de consejeros estudiantiles en el gobierno de la democracia representativa de la universidad.
En ese andar, hicieron asamblea, convocaron asamblea interclaustro masiva y marcharon al Poder Judicial donde se unieron en solidaridad los trabajadores judiciales incluso.
Durante la permanencia en la institución debatieron y se organizaron con comisiones de limpieza, comida y seguridad, y mantuvieron la calma a pesar de las provocaciones de trabajadores (laderos de la gestión) que boicoteaban la lucha.
La gestión, en un manotazo de ahogado, decretó un asueto en contra del deseo de toda la comunidad para vaciar la universidad. Sin embargo, los claustros docentes rápidamente salieron al cruce e impulsaron la permanencia y el sostenimiento de las clases a pesar del asueto y de que la gestión cerró las aulas. Se hicieron clases públicas en los pasillos y en el patio durante el día, y por las noches, el estudiantado permanecía dentro de IUPA.
Ésto representó, además, una conquista de nuevos derechos políticos y de pisar un nuevo escalón en la experiencia de lucha, dónde los principales protagonistas, los estudiantes, demostraron valentía, tenacidad, masividad, organización e inteligencia, acompañados de las agrupaciones estudiantiles que a pesar de tener diferencias políticas se organizaron y sostuvieron la permanencia, a pesar del agotamiento, de no dormir, de comer mal, de no estar en sus hogares con sus familias y con sus mascotas. Llenando de arte los pasillos, bailando, cantando y haciendo carteles se sostuvo la lucha.
Entre abrazos, llantos, aplausos y risas, se gestaron asambleas que demostraron que la organización todo lo puede.
El día viernes la gestión se vio obligada a convocar al “escrutinio definitivo”. El presidente de la Junta Electoral, Ricardo Casanova, impuso un “conteo” sin urnas, sólo con “telegramas” que presentaban irregularidades e informalidades, dando como resultado la victoria de la lista oficialista “La Unión” y a pesar de las impugnaciones por esas mismas irregularidades que presentaron los apoderados de las listas.
Luego de esta jornada histórica, les estudiantes redoblaron sus esfuerzos y en asamblea, definieron levantar la permanencia, limpiar toda la universidad, y volver a reunirse el martes 24 para movilizar por los 50 años del Golpe genocida, y retomar la asamblea el miércoles 25 a las 10h. La lucha sigue.
Si bien por lo que se lucha es más derechos políticos en el marco de la democracia representativa, propia del sistema capitalista y que siempre demuestra que son cambiar algo para que nada cambie, está cimentada sobre la organización de base, la participación colectiva y las asambleas, lo cual le da otro carácter a ese nuevo Consejo Superior que se conformará bajo tan histórica experiencia, que vive latente y moviliza a la comunidad ante cada injusticia.
La comunidad sabe y entiende que este acto estaba viciado, por ello a pesar de presentarse a elecciones, las agrupaciones gremiales y estudiantiles fueron agotando vías administrativas e impugnando desde lo legal el reglamento, la Junta Electoral y la decisión de empadronar a la escuela de Arte Popular. Aun así, fueron a elecciones para no abandonar el espacio. Una vez agotado todo, la lucha se levantó cómo la única alternativa legítima.
Por eso, lo que ocurrió, más allá de la legitimidad del reclamo de, al menos, tener una democracia de base representativa en la universidad (que es lo que la legalidad permite en este sistema); lo que nos enseña, como viene haciéndolo hace rato en un saber que tenemos, pero aún no consolidamos, es que la única democracia verdadera es la nacida de la organización colectiva, en pie de igualdad, donde todos opinamos, todos decidimos, todos ejecutamos.
Más allá de lo que haya de pasar con las elecciones universitarias, lo único que puede condicionar al gobierno que vaya a subir, para pelear por nuestras reivindicaciones, es sostener la organización de base de los trabajadores y estudiantes mediante asambleas.
Asambleas que deben seguir gestándose desde cada sector de trabajo y desde cada aula o grupo de estudio, donde discutimos y decidimos con las y los compañeros para llegar a la asamblea general, a la interclaustro o a la de claustro, con los problemas y las soluciones ya masticados desde cada sector, para que sea, en definitiva, la decisión colectiva del pueblo en la universidad, la que tome las riendas de la educación en la misma.


Imágenes: jpgtom1 (IG)