Si hay algo que caracteriza al gobierno de Javier Milei es, entre tantas penurias para nuestra clase, el derrumbe en la producción industrial. Esto se ve reflejado en los cada vez más comunes despidos y cierres de fábricas. Pero hay un sector que se presenta como la excepción a la regla: las farmacéuticas.
Las ventas de producción local al mercado interno crecieron un 20% desde 2023, superando incluso el mejor momento de recuperación de la pandemia, y las exportaciones lo hicieron un 30%. Además, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas en el rubro farmacia fueron las únicas que mostraron un alza interanual durante 2025, tendencia que se mantiene a febrero del 2026.

Figura1: Facturación de las exportaciones totales de la producción farmacéutica local hasta el tercer trimestre del 2025, ajustado por inflación.
Fuente: Elaboración propia en base a INDEC.

Figura 2: Facturación total de las ventas al mercado interno de la producción farmacéutica local hasta el tercer trimestre del 2025, ajustado por inflación.
Fuente: Elaboración propia en base a INDEC.

Figura 3: Variación porcentual de ventas minoristas por rubro a febrero del 2026.
Fuente: CAME.
Estos incrementos en ventas son de una tangibilidad apreciable dentro de los laboratorios, ya que sus trabajadores se encuentran cada vez más presionados para cumplir tiempos de producción cada vez menores, llegando incluso a la situación en donde las horas extras ya se vuelven parte normal de la jornada diaria de los trabajadores.
La recientemente promulgada reforma laboral lo único que provocará ante la actual situación de los laboratorios será un enorme retroceso en los derechos adquiridos: por ejemplo, las horas extras ya no serán pagas como tal, sino que se incluirán en el “banco de horas”.
Además, las facilidades que ahora tienen los empleadores para despedir y recontratar mano de obra aún más barata serán la amenaza perfecta para obligar a los obreros de las farmacéuticas a trabajar aún más a destajo de lo que ya lo están haciendo actualmente.
Y sí, en la frase anterior dice obreros. Obreros como los compañeros de FATE que están aguantando la toma, obreros como los compañeros de las contratistas de Ternium que el año pasado fueron a huelga 3000 de ellos, porque obreros son los que tienen que vender su fuerza de trabajo en una fábrica para poder comer, y un laboratorio no es más que una fábrica.
Es importantísimo empezar a pararse desde esa perspectiva, no tan solo por una cuestión de objetividad de los hechos, sino también para poder empezar a organizar un poder desde abajo que sirva para luchar en contra de la aplicación de la reforma laboral: un poder obrero.
Dicho poder obrero tiene que ser construido con independencia de clase, con todos los compañeros del laboratorio, desde los de planta hasta los de limpieza y administración, con reuniones, con charlas, con asambleas de sector y poniéndose en contacto con compañeros de otros laboratorios. Solamente así se podrá derrotar el plan de la burguesía y por ende la reforma laboral en la práctica, elevando nuestra conciencia a una de clase y llevando la lucha al plano político.