Una jornada histórica


Varios cientos de miles salieron a manifestarse. En todo el país la masividad fue una característica común este 24 de marzo.

Muchas familias, mucha gente «suelta», centenares y centenares de organizaciones de todo tipo se hicieron presente.

Un ingrediente distinto. Y de una calidad que habrá que reflexionar y mucho.

La presencia de jóvenes fue un sello revelador de que algo se está transmitiendo en la historia de la lucha de clases en nuestro país.

Fue algo conmovedor escuchar y sentir  a «estos pibes y pibas» en el canto de consignas profundamente democráticas, reivindicando los derechos políticos en disputa hoy contra lo más concentrado del capital.

Una jornada que nació de lo más profundo de nuestro pueblo, una jornada de conmemoración y a la vez de expresión del dolor, del dramatismo que estamos soportando esa gran mayoría de explotados y oprimidos.

En ese sentir también hubo expresiones de lo nuevo que está luchando por nacer. Hugo grupos de trabajadores y trabajadoras que -más allá de «sus» sindicatos- dieron el presente en forma independiente y organizados en pequeños grupos.

Fue una jornada distinta, se olfateó un estado de ánimo con más disposición a ir por las conquistas de derechos políticos o -en todo caso- en defensa de lo conquistado hasta aquí.

¿Por qué una jornada distinta? «No fue un grito de «defensa de la democracia», a secas.

Fue un sentimiento profundamente democrático en el sentido más amplio de la palabra, muy lejos de una idea electoral y mucho más lejos aún de una democracia burguesa ya experimentada por nuestro pueblo.

Ese profundo sentimiento democrático fue el que caminó las avenidas principales del país, y en ese caminar, se sintió la existencia aún de un vacío de expresión política democrática que se sustente en una Democracia Directa, en contraposición de la democracia representativa y sus instituciones que hoy dominan el escenario político.

La resistencia va marcando la «cancha» y la expresión de ayer permitirá subir algún peldaño de la misma.

En ese camino que se está recorriendo, las nuevas avanzadas que se van gestando, comienzan a «codearse» con la democracia directa, incluso se realizan hechos importantes en esa dirección pero la experiencia aún no se la asimila en el plano de la acumulación política.

Es un ida y vuelta en esta complejidad política nacional e internacional. Pero lo demostrado ayer es que se está caminando en la dirección correcta. Son experiencias que algunas de ellas ya entran en contacto directo con las ideas revolucionarias, dando pié a seguir avanzando en la conciencia de clase que permita al proletariado seguir vertebrando las herramientas políticas necesarias para fortalecer la lucha por el poder.

Ayer, decíamos antes, cientos de organizaciones de todo tipo marcharon independientemente de las organizaciones «instituidas», son fuerzas profundamente democráticas que practican lo «nuevo» de la sociedad. Son organizaciones que aún -muchas de ellas- no son conscientes de lo que están haciendo por sí mismas.

La crisis política por arriba del gobierno y «oposición» ha recibido otro duro golpe. Nada augura que la lucha de clases aminorará su marcha. Por el contrario: ese ida y vuelta existente está generando a la vez nuevas fuerzas en el abajo, aunque las condiciones de vida se hacen cada vez más dolorosas.

Este 24 de marzo hay que replicarlo en el día a día, ganar la calle, rebelarse ante cada injusticia, unir el abajo y seguir avanzando en organizaciones políticas que expresen la vigencia de la democracia directa como la metodología capaz de derrotar el poder de los monopolios que se expresa en una democracia burguesa nauseabunda.

 

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