Si hablamos de desorden mundial hablamos de crisis del sistema capitalista.
La disputa interimperialista no se detiene y va al ritmo de esa descomposición.
Se habla y se dice todo, especulaciones sensatas y de las otras. Elementos suficientes para intentar imponer “formas de pensar”. Poco y nada se dice de dos aspectos fundamentales sobre los cuales ya nos hemos pronunciado.
Un aspecto es la intervención militar de los EEUU instalando aires de guerra en América Latina; y el otro aspecto, es el menosprecio que se hace del fenómeno de la lucha de clases que reina en el planeta y que intencionadamente se lo soslaya.
Este aspecto transita una época histórica en donde diferentes sectores obreros y de masas generan enormes dificultades al imperialismo cuando este intenta imponer sus planes. Las luchas por los derechos económicos y políticos se han ampliado y el año 2025 ha sido testigo de todo ello.
Importantísimas movilizaciones de masas de distinto carácter y características en varios países europeos, en Asia, África, América Latina, y ni que hablar del propio corazón de los EEUU.
Por estas horas, hay masas movilizadas en Irán; y conmoción por el asesinato de una mujer en Minneapolis por parte de un agente de migraciones, lo que ha creado una situación de estupor y movilización que reafirman un estado de ánimo complejo que se vive en el país del norte.
La clase obrera está sometida al castigo de lo más concentrado del capital allí en donde se encuentre. Las cadenas de producción y de distribución de las mercancías deben llegar a sus destinos a precios competitivos y en ello se impone -en primera instancia- la necesidad de “abaratar el salario planetario”. Lo que el poder denomina “mejorar la productividad”.
Una clase obrera que produce en las peores condiciones de trabajo, como es el caso patético de Bangladesh o la propia India, con millones de niños produciendo en jornadas interminables.
Cómo es posible esto si los propios países imperialistas -como China y Japón con sus industrias tecnológicamente avanzadas- recurren a ese salario miserable adquiriendo mercancías de bajo costo. Sin embargo, esos proletarios de Bangladesh, Mianmar, Nepal o Paquistán, (hablamos de millones y millones) se expresaron con diversos levantamientos de protestas en un 2025 convulsionado.
Lucha de clases que en su silenciado “griterío” por las clases dominantes del sistema capitalista, corroen ese “orden” capitalista y lo desordenan, a veces conscientemente y otras no tanto.
La puja interimperialista está sometida a la lucha de clases, aunque aún la misma se exprese predominantemente en forma espontánea.
Si el Che planteaba “crear uno, dos tres Vietnam” para profundizar la crisis política en el propio EEUU allá por los años 70, hoy nuestro Partido plantea profundizar la lucha de clases en cada país para tejer la verdadera solidaridad proletaria de los pueblos del mundo, única “receta” para frenar el intervencionismo de todo carácter de las clases dominantes planetarias.
El descalabro mundial del sistema capitalista, sus pujas de intereses, se están dando en un marco de crisis de superproducción. Esa crisis se intenta resolver quemando fuerzas productivas fundamentalmente humanas y -a la vez y en el mismo sentido- fuerzas materiales.
Las guerras interimperialistas responden en gran medida a todo esto: ingentes riquezas se dilapidan a diario favoreciendo a ciertos grupos bien concentrados del capital.
Sin embargo, de nuevo “la burra al trigo”: los pueblos del mundo, como nunca antes, quieren paz. La solidaridad activa con el pueblo palestino así lo confirma.
Trump hace alarde de haber «pacificado 8 guerras”. Pero nada dice (ni nadie afirma) que lo que se ha profundizado es la guerra de clases, con resultados indefinidos. Guerra de clases que incluye la muerte por balas, pero también muertes por superexplotación y opresión.
Las fuerzas imperialistas saben que necesitan abrir guerras por sus propios intereses en pugna, pero a la vez son conscientes que el verdadero enemigo de clase está desafiando, muchas veces como puede, cada embestida de la burguesía monopolista.
En nuestro país -como en el resto del planeta- la clase obrera, el proletariado y el pueblo oprimido deben profundizar el estado de movilización contra todo tipo de intento de ajuste, sea cual fuere el resultado de las votaciones en los parlamentos burgueses.
Tenemos que profundizar los caminos de revolución social que se necesita para liberar el potencial de la humanidad explotada y oprimida.