
Con la media sanción de la reforma laboral en el Senado quedó a la vista una conclusión inapelable: gobierno nacional, gobernadores, empresas, bancos, sindicatos, la burguesía en su conjunto, negociaron sus prebendas a costa de derribar conquistas históricas del proletariado argentino.
Esta conclusión comienza a expresarse en los debates y charlas en los lugares de trabajo. Sin embargo, y sin perjuicio que con el correr de los días pueda ir cambiando la situación, persiste la sensación que “nada se puede hacer”.
Precisamente allí está la labor principal por estos días de las fuerzas revolucionarias. Si nos han dejado a la intemperie todas las instituciones que el sistema domina, lo que debemos asumir es que la única respuesta posible es organizar nuestras fuerzas desde abajo, nuestro propio poder, nuestra independencia política como clase, para poder enfrentar el ataque político que la clase dominante nos presenta.
Ese ataque político viene acompañado de un ataque ideológico montado a través de todo el aparato mediático burgués. Al otro día de la media sanción los medios, al unísono, hicieron hincapié en las modificaciones regresivas que habían sido votadas. Salarios a la baja en modo “dinámicos”; horas extras que ya no se pagarán; vacaciones de acuerdo a las necesidades de las empresas; limitaciones al derecho de huelga y de organización; licencias por enfermedad y maternidad que no serán pagadas; baja y limitación para el cálculo de las indemnizaciones.
En el mismo sentido el día miércoles, mientras se trataba la ley, la movilización era masiva. Llegaba desde las vallas instaladas en la Plaza Congreso hasta la Avenida 9 de Julio. Columnas compactas, importantísima cantidad de manifestantes que concurrieron por sus propios medios. Todo esto fue ocultado ya que las imágenes de la concentración que los medios transmitieron fueron las de la represión y los disturbios, ocultando así la masividad de la protesta.
Esta línea del aparato propagandístico de la burguesía va en consonancia con su intención de quebrar el espíritu de lucha y combatividad del proletariado. De doblegarlo política e ideológicamente para asestar una derrota estratégica a su clase enemiga.
De allí que es imprescindible volver a mencionar la conducta que debemos seguir adoptando las fuerzas revolucionarias ante esta situación. Desde cada lugar de trabajo, estudio, vivienda, es perentorio insistir, persistir, con actitud decidida, debemos seguir agitando y preparando la acción independiente del proletariado como la vía de enfrentamiento político para derrotar la reforma laboral y el plan del gobierno y la burguesía. Sin pedirle permiso a ninguna de las instituciones que la burguesía utiliza para aplastar la resistencia obrera (en particular, los sindicatos y la CGT). La traición está consumada y nada se puede esperar ni pedirle a quienes traicionaron y nos entregaron.
Hacia el tratamiento de la ley en la Cámara de Diputados debemos organizar nuestras fuerzas desde abajo, ejerciendo la democracia directa, buscando la unidad con empresas de cada zona, barrios, clubes, centros educativos y de salud, centros de jubilados, organizaciones populares de todo tipo, que permitan organizar nuestro poder desde los lugares en donde trabajamos, estudiamos y habitamos. Con esa impronta, la movilización hacia el Congreso el día de su tratamiento será mucho más contundente y masiva. Tendrá el sello de la clase proletaria. Y será la base desde donde seguir organizando la resistencia y la rebelión obrera, salga votada la ley o no.
El proceso de lucha de clases debe tomar un rumbo en el que se exprese la fuerza organizada del proletariado y demás sectores oprimidos desde abajo. Para ello, preparar esa fuerza significa unir voluntad y organización para luchar desde cada lugar donde nos encontremos, impulsando la rebelión allí donde se garantice la masividad, el control del terreno de lucha, los lazos de solidaridad de clase.
La lucha contra el plan del gobierno no termina con la sanción de ninguna ley. Es un proceso mucho más amplio de construcción de nuestro propio poder. Desde las entrañas de la producción y abarcando a todos los demás sectores sociales que están sufriendo un deterioro de las condiciones de vida y de trabajo que ya no se soportan.
La burguesía persigue nuestra humillación y nuestra derrota. Ese objetivo sólo puede ser impedido si la clase obrera toma en sus manos la lucha, la organización y la unidad clasista que signifiquen su incorporación abierta al enfrentamiento político contra el gobierno, las patronales, los sindicatos y la institucionalidad vigente que quiere aplastarnos.