La decisión de la patronal de Fate de cerrar la planta de fabricación de neumáticos ubicada en San Fernando, provincia de Buenos Aires, dejando en la calle a más de 900 trabajadores, redobla el ataque de la burguesía contra la clase obrera. Un ataque en el que la clase dominante no sólo utiliza al proletariado como una mercancía más, sino que persigue también derrotarlo como su clase antagónica.
El argumento de la crisis productiva, luego de haberse producido más de mil despidos y “retiros voluntarios”, y de tener los salarios congelados por más de un año, es solamente el llanto de cocodrilo que la burguesía acostumbra a llorar mientras planifica cómo seguir adelante con la explotación. No nos cabe duda que detrás de esta medida la patronal de Fate (con Madanes Quintanilla a la cabeza, una de las principales fortunas del país), persigue nuevos negocios con otras condiciones de contratación, en el medio del tratamiento de la reforma laboral.
Que la decisión se tome en ese marco tiene, en principio, dos lecturas. Por un lado, una señal contundente de disciplinamiento a toda la clase obrera, con el fin de que la misma “entienda” que las patronales jugarán a fondo en pos de atravesar la crisis capitalista mundial y nacional y, así, salvar su propio pellejo a costa del pellejo del proletariado y sus familias.
Por otro lado, una decisión de semejante magnitud embarra políticamente a toda la clase burguesa y su gobierno. La decisión de la patronal de Fate mete la cola en el parlamento cuando se quiere imponer una reforma absolutamente retrógrada, dado que el comunicado de la empresa alega que la medida fue tomada como producto de la política de apertura económica que lleva adelante el gobierno de Milei. Las contradicciones de la burguesía se manifiestan así a cielo abierto, con seguras consecuencias en la disputa económica y política entre sus facciones.
Una y otra lectura marcan a fuego la conducta de los trabajadores de Fate y de toda la clase obrera. La independencia política de clase es la línea a seguir, a rajatabla. La intervención de la policía bonaerense al ingresar a la planta marca a fuego que hasta el “progresista” Kiciloff se pone a las órdenes de su clase para defenderla. Lo mismo ocurre con el gobierno nacional que, con seguridad, aportará su aparato represivo para enfrentar la acción de los trabajadores.
Esa independencia política debe incluir los métodos y acciones de lucha. Impulsar la acción directa decidida en asambleas resolutivas, que involucren la participación directa de los obreros y sus familias para rodear al conflicto de solidaridad efectiva a partir de la acción de las bases proletarias. La soberanía de las decisiones y las acciones deben estar en manos de las mismas, sin intermediación alguna. El SUTNA, incluido, debe acatarlas. No es momento de atarse a ninguna legalidad burguesa que, en esencia, es el antídoto que la patronal y los gobiernos intentarán introducir para llevarnos a su terreno.
El terreno de la disputa es el de impulsar y llevar a cabo, en toda su magnitud, la democracia obrera. Sus métodos de lucha y organización que no deleguen en ningún aparato sindical ni político las decisiones y las medidas a llevar a cabo.
El conflicto de Fate es una instancia en la que se pone blanco sobre negro que los intereses de la burguesía y su Estado van por un lado, mientras los intereses de la familia proletaria van por el lado absolutamente opuesto. Es un conflicto que atraviesa a toda la clase obrera de nuestro país, por lo que se debe rodear de solidaridad efectiva desde cada puesto de trabajo, estudio, vivienda, para fortalecer la resistencia del proletariado argentino contra la política de la burguesía y sus gobiernos.