«No hay otra definición de socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aun, se retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de construcción del socialismo.”
Ernesto “Che” Guevara, 24 de febrero de 1965
Retomando las palabras de Guevara, la situación actual de Cuba amerita una profunda reflexión para comprender las contradicciones internas que atraviesan en la isla. La supresión de la explotación ha sufrido una reversión, con un acelerado desarrollo del mercado capitalista. El Partido Comunista Cubano (PCC) se ha colocado a la cabeza de ese proceso, mientras Estados Unidos agudiza su brutal bloqueo económico. El pueblo cubano y su revolución sufren un ataque desde dos frentes: las tendencias restauracionistas internas, impulsadas por el gobierno, y la presión militarista ejercida por Estados Unidos.
Frente a esta situación queremos ser muy claros: nos oponemos fervientemente a cualquier intento de Estados Unidos de desplegar acciones militares contra Cuba, por sobre todas las cosas defendemos el derecho a la autodeterminación de los pueblos, pero eso de ninguna manera debe privar a la clase trabajadora en Cuba de luchar por su revolución, es decir, por revertir el camino de restauración capitalista hacia el cual el gobierno encamina decididamente a la isla.
La delicada situación de Cuba, tanto en la profundización de los problemas internos, como en la amenaza externa de una invasión estadounidense, o una intervención de tipo “Venezuela” para forzar un cambio de régimen, nos obligan a publicar esta posición de fondo sobre la Revolución Cubana, y algunas de las causas principales de sus problemas actuales. Para ello realizamos una valorización de la Revolución en tanto proceso histórico, cuya fuerza reside en la resistencia heroica del pueblo cubano, así como en los problemas que han llevado a la isla a un proceso acelerado de recomposición capitalista. Nos vemos obligados a hacerlo de esta manera ya que sobran aquellos “críticos” que atacan la revolución posicionados desde una supuesta izquierda, pero utilizando argumentos propios de la burguesía, haciéndole un favor a la campaña anticomunista que la burguesía ha desplegado a nivel internacional, sin aportarle un ápice a nuestra clase para comprender la profundidad y complejidad del proceso cubano.
VALORACIÓN DE LA REVOLUCIÓN CUBANA
Cuando el 1º de enero de 1959 el Ejército Rebelde entra en la Habana, Cuba era el vertedero de Estados Unidos: lugar de esparcimiento para la mafia, la oficialidad y la burguesía estadounidense.
Las posibilidades en el mercado laboral para las y los cubanos se limitaban a servir al confort de lo más rancio de la burguesía yanqui en las ciudades. En el campo, la propiedad de la tierra era explotada por grandes terratenientes, estructura heredada del esclavismo. La desocupación estructural ascendía en 1953 al 20% según el entonces senador de Estados Unidos J. F. Kennedy –datos que no vienen precisamente de un amigo de la Revolución-.
No hace falta aclarar que, si esa era la situación de la isla en la época del “Estado de bienestar” capitalista, de no haber mediado el proceso revolucionario, la situación actual sería solo comparable con las escandalosas cifras de miseria de países como Haití o Uganda. Cualquiera que haya pisado Cuba se sorprenderá rápidamente al observar dos cosas: los serios déficits estructurales en materia de construcción e infraestructura; y la poca inseguridad y delincuencia relativa respecto al mundo capitalista. Ni hablar de las jornadas laborales y el ritmo de vida, que dista mucho de ser comparable con cualquier otro país de la región.
Lo mismo sucede en materia educativa y sanitaria: para el pueblo cubano hasta los tratamientos dentales para los niños, incluidos los aparatos, son gratuitos, y los medicamentos, si bien deben ser abonados, tuvieron históricamente precios prácticamente simbólicos en moneda nacional. Así desde un punto de vista exclusivamente histórico social, el pueblo cubano conquistó (y construyó) condiciones de vida extremadamente superiores a las de los países latinoamericanos con los mejores indicadores. Y esto a pesar de encontrarse bloqueada por Estados Unidos, carecer de significantes riquezas naturales, y de una industria desarrollada.
La herencia de la Revolución va mucho más allá de los logros conseguidos en materia económica y social hacia el interior de la isla. Su principal herencia es el gran aporte que implicó para la historia de la revolución y, por lo tanto, para la historia del proletariado internacional.
En primer lugar, el hecho que un pequeño pueblo conquiste el poder a solo 40 millas de Estados Unidos, sin ningún tipo de soporte externo hasta la toma del poder, ya es de por sí extraordinario. Si la revolución rusa había demostrado la posibilidad efectiva de revoluciones socialistas en países mayoritariamente campesinos, la Revolución Cubana reafirmó esa posibilidad. Con el escaso desarrollo productivo que tenían, la dependencia a las importaciones era obligada, por lo cual las relaciones económicas que Cuba no pudo desarrollar con Estados Unidos por el bloqueo pasó a encararlas con la URSS. Sin embargo, a pesar de depender fuertemente de las importaciones soviéticas –al menos durante los primeros años revolucionarios- la independencia política del proletariado cubano llegó a niveles impensados cuando Cuba apoyó incansablemente distintos procesos revolucionarios, ya sean de corte socialista o de liberación nacional, a pesar de la oposición de su principal y único socio comercial (la URSS).
Si la crisis de los misiles fue un gran y conocido ejemplo de independencia política, también lo fue el menos propagandizado apoyo del pueblo cubano a los procesos de liberación nacional en Argelia, el Congo y Angola, donde solo en esta última combatieron 36 mil voluntarios cubanos contra Sudáfrica, limitando su expansión anexionista, clavándole una estaca mortal al régimen del Apartheid y negociando la liberación de Mandela para el retiro de tropas.
Todos aquellos que igualan la política internacional de Cuba a la política internacional de la URSS de aquellos años cometen un grosero error: una prestaba apoyo a la liberación de los pueblos, inclusive frente a movimientos revolucionarios que no se revindicaban como socialistas pero que agudizaban la lucha de clases internacional; los otros desplegaban acciones militares de manera especulativa en función de las conveniencias de la guerra fría.
También estos esfuerzos de la Revolución por la multiplicación efectiva, y no de palabra, de “dos, tres Vietnam” formaron parte de un desgaste económico interno, sobre el cual no merece la pena detenernos aquí, pero que resulta importante señalar. Aquellos que se han llenado la boca hablando de internacionalismo proletario, nada dicen de un proletariado –porque las tropas internacionalistas eran voluntarias, era el pueblo mismo- que practicó el internacionalismo derramado de su sangre, y también se desangró económicamente por hacer consecuente las palabras de revolución mundial con sus acciones políticas.
La independencia política y la importancia del papel subjetivo en los procesos revolucionarios constituyó un aporte invaluable, sintetizados en algunos escritos como “El socialismo y el hombre en Cuba”, pero también en incontables intervenciones políticas. Tan arrolladora fue la fuerza de las ideas, que multiplicó la existencia de partidos revolucionarios en toda América bajo la convicción de que no hay un proceso espontáneo y gradual que vaya a hacer la revolución por sí misma, sino que ello depende también de la decisión y voluntad de hombres y mujeres en organizarse y luchar por la toma del poder, y no por reformas parlamentarias.
La oligarquía financiera mundial atraviesa hoy una crisis política sin precedentes. No se trata solamente de una falta de representatividad, pasajera, sino de una ausencia total de expectativa en lo que el capitalismo le pueda ofrecer a la humanidad. Para las amplias masas del mundo no se trata ya de la “corrupción”, sino de una crisis institucional que se profundiza día a día, y eso no se resuelve con cambios de gobierno, porque son crisis sistémicas.
El gran problema que tenemos como trabajadores es la débil conciencia de clase que existe en términos generales a nivel internacional. Ello determina, a su vez, la ausencia de un proyecto político de salida a esta situación. El comunismo, como alternativa al capitalismo, toca a las puertas de la conciencia obrera con cada vez mayor énfasis. Aparecen por aquí y por allá agrupaciones estudiantiles, pequeños partidos políticos, organizaciones obreras de base. Lo nuevo, la conciencia política de clase, está luchando por nacer, mientras lo viejo lucha por sostenerse.
En ese contexto hay que englobar las intentonas políticas de la burguesía hacia mayor autoritarismo, buscando inclusive reinstalar la violencia política como forma de represión normalizada, allí donde hace décadas se han conquistado ciertas condiciones democráticas generales, como en Argentina. Y en esto hay que ser claros: para tapar la crisis la burguesía está apelando, como medicina preventiva, a discursos fuertemente anticomunistas, buscando reconstruir su dominación política.
Por eso levantan como ejemplos de “Comunismo” personajes tan inverosímiles como Maduro, Cristina Kirchner, Lula Da Silva o Gabriel Boric; por eso hablan del “fracaso del socialismo” poniendo como ejemplo a Venezuela ¡E inclusive a la propia Argentina! Buscan tapar que lo que ha “fracasado” es el capitalismo, en tanto sistema que genere un avance para la humanidad.
Los renovados ataques a Cuba, hay que enmarcarlos en este contexto de avanzada global anticomunista. Para la burguesía es un problema hasta simbólico: ahogar a Cuba y forzar un cambio de régimen es -para ellos- golpear la idea de que la única salida al capitalismo es con revoluciones. El ataque a Cuba es una excusa para potenciar la agresión sobre los revolucionarios en el resto del mundo. Ese es el motivo político principal, máxime, en un territorio en el cual no se debaten reservas minerales ni petroleras, como si sucede en el caso Irán o Venezuela.
De esta caracterización es que definimos la reivindicación de la Revolución Cubana en tanto proceso histórico, así como el principio de autodeterminación del pueblo cubano ante cualquier injerencia extranjera, tal como significa el redoblado bloqueo que Estados Unidos le ha impuesto a la isla, así como las amenazas belicistas que pretenden acabar con ese proceso mediante la invasión imperialista.
¿EL GOBIERNO CUBANO CONSTRUYE SOCIALISMO?
Lo dicho anteriormente no nos exime de señalar las causas del descontento en Cuba, de su profunda crisis social -en un contexto de recrudecimiento del bloqueo económico-, de la política internacional del gobierno alineada con facciones del imperialismo, y de su decidido rumbo hacia una restauración capitalista total.
Las condicionantes externas no son menores, y no pretendemos soslayarlas. El bloqueo de Estados Unidos, y la posterior caída de la URSS, así como la ausencia de nuevas revoluciones proletarias triunfantes en el mundo, son factores objetivos. Pero además hay procesos internos no superados, que solo pueden superarse mediante una profundización de la revolución, tanto en Cuba como, sobre todo, en las tareas que nos competen desde otros países, porque la revolución proletaria debe ser, sobre todo, internacional.
En primer lugar, debemos mencionar la adopción en el Estado cubano del modelo económico de la URSS basado en la continuidad de una economía regulada bajo la ley del valor. Esta crítica, taponada durante años en la propia Cuba, fue desplegada enérgicamente por el Che, primero como Presidente del Banco Nacional de Cuba y luego como Ministro de Industria hasta su renuncia en abril de 1965. Para no ahondar en un desarrollo económico que sería motivo de estudio en sí mismo, el método del cálculo económico de la URSS planteaba un sistema de retribución a las empresas de acuerdo a los volúmenes productivos generados, con precios regulados en un sistema de competencia capitalista, y manteniendo intactas categorías como la ganancia o el interés bancario. En su “segunda carta” de despedida a Fidel, publicada de manera íntegra recién en el año 2019, el Che expresa esto mismo con las siguientes palabras:
“El hecho real es que todo el andamiaje jurídico económico de la sociedad soviética actual parte de la Nueva Política Económica; en esta se mantienen las viejas relaciones capitalistas, se mantienen las viejas categorías del capitalismo, es decir, existe la mercancía, existe, en cierta manera, la ganancia, el interés que cobran los bancos y, naturalmente, existe el interés material directo de los trabajadores.”[1]
De acuerdo a este modelo, las empresas con mejores resultados productivos pasaban a percibir una retribución mayor y a adquirir una posición de privilegio frente a sus competidoras, relegando a un segundo o tercer plano las necesidades productivas sociales.
En definitiva, la economía de mercado seguía determinando las relaciones de producción, manteniéndose intacta la categoría capitalista fundamental de mercancía e inclusive las formas derivadas de distribución del valor creado (ganancia e interés), con la particularidad de que todo este proceso se desarrollaba de forma centralizada en un mercado, en principio, monopolizado por el Estado.
“(…) cuál es el defecto fundamental de todo el sistema? Que limita la posibilidad del desarrollo mediante la competencia capitalista pero no liquida sus categorías ni implanta nuevas categorías de un carácter más elevado”.
A continuación, explica que esto acarrea dos problemas. En primer lugar, que el interés material individual sigue funcionando como motor del desarrollo -y no la realización del hombre en tanto ser social- lo que alimenta la formación de una burocracia -y de su corrupción- dentro del Estado. [2] En segundo término, el desarrollo de la competencia, con sus categorías capitalistas, choca con el Estado, lo cual lleva a un estancamiento en el desarrollo de fuerzas productivas:
“El sistema tiene, por otra parte, trabas serias en su automaticidad; la ley del valor no puede jugar libremente porque no tiene un mercado libre donde productores rentables y no rentables, eficientes y no eficientes, compitan y los no eficientes mueran de inanición”[3]
“(…) La técnica ha quedado relativamente estancada, en la inmensa mayoría de los sectores económicos soviéticos. ¿Por qué? Porque hubo que hacer un mecanismo y darle automaticidad, establecer las leyes del juego donde el mercado no actúa ya con su implacabilidad capitalista, pero los mecanismos que se idearon para reemplazarlos son mecanismos fosilizados y allí empieza el desbarajuste tecnológico. Falta del ingrediente de la competencia, que no ha sido sustituido, tras los brillantísimos éxitos que obtienen las sociedades nuevas gracias al espíritu revolucionario de los primeros momentos, la tecnología deja de ser el factor impulsor de la sociedad. ¿Qué sucede ahora? Se rebelan contra el sistema pero nadie ha buscado donde está la raíz del mal; se le atribuye a esa pesada lacra burocrática, a la centralización excesiva de los aparatos, se lucha contra la centralización de esos aparatos y las empresas obtienen una serie de triunfos y una independencia cada vez mayor en la lucha por un mercado libre. (…) las propias unidades de producción, las más efectivas claman por su independencia.”[4]
Lo central aquí es que ni en la URSS ni, en consecuencia, en Cuba, se atacaron las categorías elementales del capitalismo, y el desarrollo económico quedó abandonado, en última instancia, y con las limitaciones de cada caso, a la “regulación” de un mercado limitado, pero existente; es decir, a la distribución del producto de acuerdo a la ley del valor (mediante el sistema del cálculo económico) y no a las necesidades sociales. La estructura burocrática que se va generando lucha por la instauración del libre mercado, es decir, por una restauración capitalista, proceso que viene sucediendo paulatinamente en Cuba durante los últimos 30 años. Pero antes de ir sobre esto, debemos mencionar un aspecto más, y es que Cuba se caracteriza además por una falta de desarrollo industrial, la otra gran batalla perdida del Che:
“Lo digo con toda mi convicción (independientemente de lo que valga); si nosotros nos dedicamos a la agricultura y a la industria agropecuaria solamente, estamos liquidados en cuanto a las posibilidades reales de tener un desarrollo armónico y ser un país rico.”[5]
Es que la industria no solo repercute en lo económico, sino también en lo político: la falta de desarrollo de fuerzas productivas limita el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la clase obrera, influyendo de manera negativa en el proceso revolucionario, amén que acentúa las dificultades impuestas por el bloqueo.
Para quebrar el sistema económico vigente el Che propuso el Sistema Presupuestario de Financiamiento, con el cual pretendía quebrar la lógica mercantil de desarrollo económico. No es éste el lugar para analizar el sistema propuesto por Guevara, pero sí señalar que en el proceso de la Revolución Cubana hubo dos tendencias en materia económica: una que se alineó con el modelo económico de la URSS y otra -cuyo principal referente era el Che- que fue derrotada.
Para darnos una idea de la vigencia de la ley del valor como reguladora de la producción en Cuba, el sector turístico es considerado como un sector productivo, puesto que permite la entrada de divisas. Es decir que las actividades productivas, para la propia economía cubana, son aquellas que permiten capitalizar plusvalía bajo alguna forma cualquiera de ganancia, independientemente del contenido del trabajo. El turismo es productivo a los ojos de quien recupera su inversión y obtiene una ganancia, mas no lo es desde el punto de vista de la creación de valor. Esta visión coloca patas para arriba la teoría marxista al negar que solo el trabajo humano genera valor, frenando así el desarrollo de las fuerzas productivas; a la vez que sintetiza el móvil que persigue el gobierno cubano en materia económica: en lugar del desarrollo consciente de fuerzas productivas, busca la manera más rentable de obtener una ganancia (bajo la forma de divisas), una adaptación consecuente a la vigencia de la lógica de mercado.
Con la caída del campo socialista y el inicio del período especial, la ley del valor pasó a operar de manera todavía más libre –dada la creciente necesidad de divisas producto, en parte por el bloqueo, y en parte por la falta de decisión política pasada de industrializar la isla- y aceleró el proceso de diferenciación en el pueblo cubano, impulsando el desarrollo de un mercado netamente capitalista. Así, una parte de la burocracia estatal empezó a monopolizar la entrada de divisas y a realizar negocios con distintos sectores del capital trasnacional –sobre todo ligados a cadenas hoteleras, aunque no queda excluido el mercado interno- y un sector menor del proletariado, que contó con un ingreso de divisas del exterior, logró impulsar distintos emprendimientos privados.
Las contradicciones internas de este sistema empezaron a estallar en la década de 1990. Para el año 1993 se sanciona el Decreto-Ley 141 que legaliza el Trabajo por Cuenta Propia (TCP) como forma de descomprimir la crisis económica tras la caída del llamado campo socialista. El crecimiento de la actividad privada tuvo lugar hasta el año 2000. Para el 2001, la fuerza laboral ocupada de manera privada, bajo la forma de TCP, constituía el 13% del total.
Con el llamado boom de los países emergentes, acompañado por un crecimiento en los commodities durante la primera década del nuevo siglo, el crecimiento de la actividad privada se estancó -con una caída pronunciada durante la crisis del 2008- para luego revitalizarse.
En las décadas siguientes se mantuvo la política de sostener el turismo como mecanismo de acumulación de capital: así mientras el conjunto del pueblo sufre falta de viviendas, se construyen cada vez más complejos turísticos en asociación con el capital privado externo. Esos emprendimientos quedan en manos de privados o en manos del sector estatal administrado por funcionarios del partido y constituyen la base de enriquecimiento de sectores parasitarios o de la burocracia estatal, generando y profundizando desigualdades sociales.
El desfinanciamiento sistemático de toda actividad productiva, y de todo emprendimiento estatal, llevó a una caída general de los salarios que terminó forzando a las y los proletarios cubanos a realizar distintos emprendimientos para obtener un ingreso adicional a su salario en empresas estatales. Emprendimientos, inicialmente, centrados en la actividad turística.
Así, el mercado, que nunca había desaparecido, emergió visiblemente como el lugar al cual recurren los proletarios a obtener parte de su sustento. La economía privada fue avanzando sobre la estatal centralizada, pero, repetimos, no producto de la generación espontánea del mercado, sino a su vez determinado por políticas que socavaron a las empresas públicas en función de generar distintos nichos de negocios para el capital privado.[6]
A partir del 2010 se amplió el marco de las TCP, incluyendo una mayor cantidad de ramas económicas, y permitiendo la contratación de mano de obra en 83 actividades. En el 2017, el VII Congreso del PCC aprueba su Plan Nacional de Desarrollo Económico hasta 2030,[7] dentro del cual se reconoce la propiedad privada, no solo en términos individuales (personas físicas) sino también en tanto medios de producción (personas jurídicas). El punto 185 del documento es clave, ya que anuncia que:
“Se regula la apropiación privada de los resultados del trabajo ajeno y las utilidades en estos negocios, con destino a financiar gastos sociales y otros de carácter público.”[8]
Por último, cierra el tratamiento del tema de la siguiente manera:
“La propiedad privada sobre determinados medios de producción contribuye al empleo, a la eficiencia de la economía y al bienestar, en un contexto donde priman las relaciones socialistas de propiedad”[9]
El cierre es característico, ya que evita mencionar que se trata de un retroceso en términos socialistas, es decir, de una restitución de la propiedad privada bajo su forma jurídica, blanqueada por su inocultable existencia material. La formalización jurídica no es mas que eso: poner en el papel lo que ya se está experimentando en la práctica.
La Constitución Cubana finalmente fue modificada dos años después, en el 2019, incorporando constitucionalmente la propiedad privada, con una definición mucho más escueta que en el VII Congreso del PCC, que es donde verdaderamente se cocinó el asunto.
El crecimiento del mercado siguió avanzando, y en 2021 se crea la figura de MIPYMES, mediante la cual la producción privada abandona la órbita exclusiva de la persona física (TCP) para crear también la imagen de persona jurídica (MIPYME) bajo la forma de Sociedad de Responsabilidad Limitada, lo que permite adoptar una forma organizacional de tipo societaria, no cooperativa y con responsabilidad individual limitada (el socio no paga con su patrimonio). Además, se habilitó a esta nueva figura privada para participar en el comercio exterior.
De esta manera, cuando analizamos la participación de la fuerza de trabajo por sectores, la ocupación del sector privado se dispara a partir del 2010 (ampliación de las TCP) con un pico hasta el 2015, tras lo cual repunta el crecimiento hasta la pandemia (2020), para continuar creciendo hasta ocupar el 38% de la mano de obra ocupada. En 22 años la mano de obra ocupada por el sector no estatal se duplicó, pasando del 20% de la economía al 38%.
Hay que aclarar que la estadística cubana no tiene las series homogeneizadas. La serie larga (empleo no estatal) incluye cooperativas. Pero si se analiza la estadística a partir del cambio metodológico introducido por la ONEI en 2014, el empleo exclusivamente privado (incluyendo cuentapropismo) explica la tendencia global al incremento del trabajo no estatal.

Gráfico 1: Participación de la fuerza de trabajo ocupada en el sector no estatal y en el sector privado.
Fuente: elaboración propia en base a ONEI.
Sin caer en un estudio estadístico de fondo, también debemos observar lo que sucede con el trabajo necesario (salarios) y el trabajo excedente. En este sentido, la participación del Excedente Bruto de Operación, o lo que en Argentina se denomina Excedente de Explotación Bruto (EEP), en el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) se ha disparado desde el 2020, mientras que la Remuneración al Trabajo Asalariado (RTA) se ha desplomado. Esto coincide con la creación de la figura de MIPYME y la apertura a la formación de Sociedades de Responsabilidad Limitada.

Gráfico 2: Participación de la Remuneración al Trabajo Asalariado (RTA) y del Excedente de Explotación Bruto (EEB) como porcentaje del Producto Interno Bruto. Fuente: elaboración propia en base a ONEI.[10]
Si bien las protestas del 2021 fueron atizadas por sectores del imperialismo, la base material sobre la cual se desarrollaron no puede verse por fuera de este proceso de redistribución del valor generado, que crecientemente pasó a constituirse bajo la forma de plusvalía en el empleo privado.
Así, podríamos diferenciar la existencia de dos facciones burguesas: una anquilosada en los puestos de dirección del PCC[11] o que se han abierto camino al mercado capitalista a través de conexiones personales de este tipo, y la otra desarrollada con los fondos provenientes de la gusanada en Estados Unidos. Ambas facciones comparten un mismo elemento común: necesitan liberar cada vez más las fuerzas del mercado para poder desarrollarse.
Con la caída sistemática de los salarios estatales y la burocratización del Estado, el mercado aparece ahora como el lugar al cual las y los proletarios deben salir a ganarse el sustento. A partir de entonces, aunque en un proceso paulatino y no exento de contradicciones, vuelve a existir lucha de clases en Cuba.
En adelante, las medidas económicas adoptadas por el gobierno de Díaz-Canel apuntan no a una visión crítica de por qué deben abrir el mercado, a analizar el problema como un retroceso debido a condiciones especiales -como si lo hiciera Fidel Castro durante la década de 1990- sino a un incentivo acrítico a la inversión privada.
En ese sentido, este 2 de marzo de 2026 declaró que las transformaciones que necesita la isla “ (…) están en lo fundamental relacionadas con la autonomía empresarial; la autonomía municipal; el redimensionamiento del aparato estatal, del Gobierno y las instituciones; la producción nacional de alimentos, con los balances municipales; el cambio de la matriz energética, que no son solo las fuentes renovables, sino todo lo relacionado con el crudo nacional; las exportaciones, vinculándolas con las flexibilidades que se aprobaron para la inversión extranjera directa; aprovechar las asociaciones económicas entre el sector estatal y privado, sobre todo en la escala municipal; y la promoción de negocios con cubanos residentes en el exterior.”[12]
Otro elemento central es la relación entre el Estado, el Partido y las masas.La burocratización del Estado tiene su génesis en la ausencia de una política para promover la democracia obrera; la participación del proletariado en la discusión y elaboración de los planes económicos. Si bien existen ciertas instancias de debate dentro de las empresas estatales las y los trabajadores no participan en la elaboración y por lo tanto en la construcción de la economía. El discurso de Miguel Díaz Canel del domingo 11 de julio de 2021 donde dice “las calles son de los revolucionarios” es toda una definición.[13] Nosotros entendemos que las calles son del pueblo trabajador.
La sociedad cubana sufrió un proceso de diferenciación, la formación de dos facciones pseudoburguesas que pujan por una restitución total hacia el capitalismo, un pueblo trabajador empobrecido, y una economía de mercado ya dominante de la economía nacional.
A este descontento hay que agregarle la política del PCC de prohibir manifestaciones y organizaciones políticas por fuera del partido, lo cual termina limitando la actividad de las y los revolucionarios que quieren revertir esta situación, así como el macartismo contra posiciones críticas a la gestión de gobierno -inclusive dentro de la Asamblea Nacional-.
La censura del PCC a los “revolucionarios confundidos” –así los denominó Canel en su discurso ya citado- allana el camino a los gusanos y al gobierno de Estados Unidos para canalizar el descontento de sectores proletarios.
Por eso debemos diferenciar entre Revolución Cubana, proletariado y la burocracia del PCC. Si la cúpula del gobierno no ha podido tomar mayores medidas restauracionistas ha sido gracias a la convicción de una enorme proporción del proletariado cubano en los principios de la Revolución. Y si hay descontento en las calles de Cuba es justamente porque existe un rechazo hacia lo que expresa el sistema capitalista para ese pueblo, elemento que es aprovechado por la oligarquía financiera para atacar las ideas comunistas, tapar la crisis capitalista mundial, e intentar abrir un nuevo flanco de guerra en nuestro continente.
Por eso, flaco favor hacen quienes hablan de la “dictadura en Cuba” sin diferenciar entre la Revolución Cubana (en tanto proceso histórico, que aún no ha perecido) y la burocracia estatal del PCC; pero flaco favor a ese proceso, y al resto del proletariado en la región, sería callar y no señalar el camino acelerado de restitución capitalista emprendido durante los últimos años.
O se impone la burocracia estatal del PCC, o se impone un viraje revolucionario.
Guevara entendía el socialismo como un proceso de construcción, y no como una obra que se consuma al momento de dar un discurso o de desplazar del poder político a la burguesía:
“No hay otra definición de socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aun, se retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de construcción del socialismo.”[14]
En la Cuba de los últimos dieciséis años, la “tarea de supresión de la explotación” no solo se ha estancado, sino que ha retrocedido. El PCC no se ha hecho esta pregunta, y en su lugar, habla de la propiedad privada como si se tratara del curso normal de la vida.
Por eso insistiremos hasta el cansancio: rechazamos cualquier atisbo de injerencia extranjera en Cuba, cualquier intento de intervención de Estados Unidos y el bloqueo renovado que le imponen a la isla para agotarla de los recursos más elementales para la vida contemporánea; consecuentemente con esa posición, defendemos la Revolución ante cualquier salida restauracionista como las que está implementando el PCC. Alinearse con una u otra facción del imperialismo, para liberar las fuerzas del mercado, no es revolución, es restauración capitalista.
[1] Ernesto “Che” Guevara, Te abraza con todo fervor revolucionario: Epistolario de un tiempo 1947-1967, ed. María del Carmen Ariet García y Disamis Arcia Muñoz (Ocean Sur / Seven Stories Press, 2021), página 274.
[2] En palabras del Che “¿cuál es el defecto fundamental de todo el sistema? Que limita la posibilidad del desarrollo mediante la competencia capitalista pero no liquida sus categorías ni implanta nuevas categorías de un carácter más elevado. El interés material individual era el arma capitalista por excelencia y hoy se pretende elevar a la categoría de palanca de desarrollo, pero está limitado por la existencia de una sociedad donde no se admite la explotación. En estas condiciones, el hombre no desarrolla todas sus fabulosas posibilidades productivas, ni se desarrolla él mismo como constructor consciente de la sociedad nueva.”
Ernesto “Che” Guevara, Te abraza con todo fervor revolucionario: Epistolario de un tiempo 1947-1967, ed. María del Carmen Ariet García y Disamis Arcia Muñoz (Ocean Sur / Seven Stories Press, 2021), página 275.
[3] Ibid., 275.
[4] Ibid., 276-277.
[5] Ibid., 287.
[6] Un gran ejemplo es el transporte de mediana y larga distancia. El sistema estatal está completamente colapsado por falta de unidades. A su sombra se ha desarrollado todo un sistema privado, “ilegal”, de transporte de larga distancia, que constituye un ámbito creciente de acumulación para la pequeña burguesía acomodada y que solo puede ser desarrollada en connivencia con sectores de la burocracia estatal.
[7] Partido Comunista de Cuba, Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista y Plan nacional de desarrollo económico y social hasta 2030: propuesta de visión de la nación, ejes y sectores estratégicos, aprobado en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (La Habana, 2016).
Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/tematica/partidos/cuba/pcc/7mo-congreso/conceptualizacion-y-plan.pdf
[8] Ibid., 10.
[9] Ibid., 10.
[10] Desde el 2021 la suma de EEB y RTA supera al monto del PIB, debido a que los subsidios estatales son mayores que la recaudación.
[11] Sería un error hacer extensiva esta aseveración al conjunto del PCC, puesto que desconocemos las disputas internas. Sin embargo, la dirección actual y las medidas político-económicas que viene aplicando desde el 2020 forman parte de este grupo con intereses definidamente restauracionistas.
[12] Miguel Díaz-Canel, “Convoca presidente cubano a implementar transformaciones necesarias al modelo económico y social (+Audio)”, sitio oficial de la Presidencia de la República de Cuba, 2 de marzo de 2026.
Disponible en: https://www.presidencia.gob.cu/es/noticias/convoca-presidente-cubano-a-implementar-transformaciones-necesarias-al-modelo-economico-y-social-audio/
[13] Miguel Díaz-Canel, “Presidente de Cuba afirma que las calles son de los revolucionarios”, sitio de las misiones diplomáticas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, 11 de julio de 2021.
Disponible en: https://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/presidente-de-cuba-afirma-que-las-calles-son-de-los-revolucionarios
[14] Ernesto Che Guevara, “En la Conferencia Afroasiática en Argelia” (discurso pronunciado en el Segundo Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática, Argel, 24 de febrero de 1965), en Che Guevara Presente: una antología mínima, Marxists Internet Archive.
Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/guevara/escritos/op/libros/presente/23.htm
