El imperialismo y la guerra

Cuando revisamos no sólo los conflictos bélicos más importantes del siglo pasado en cuanto a la cantidad de países participantes (1ª y 2ª guerras mundiales), notamos que, después de los mismos, el mundo asistió a decenas de guerras de carácter invasivas, las cuales generaron conflictos entre países o desembocaron en procesos de luchas revolucionarias o, al revés, las luchas revolucionarias fueron el motivo de las intervenciones extranjeras.

Prácticamente, podríamos decir, que no ha habido solución de continuidad entre las guerras.

Con la caída del muro de Berlín y del llamado “bloque del Este”, comenzó el proceso que se denominó “globalización”, en el que ya no existirían bloques enfrentados, lo cual anidó entre determinados sectores políticos, la idea de que el mundo sería uno solo y que las guerras entre países ya no existirían.

Esta visión romántica utilizada por la clase dominante, la burguesía, fue adoptada rápidamente por la extendida mentalidad pequeño burguesa de voceros y reproductores de una ideología caduca y basada en la mentira.

El capitalismo había vencido y ahora era cuestión de que el mismo funcionara bien. Había que poner manos a la obra y dejar en el pasado las cruentas matanzas y hambrunas. Era mucho lo que había que hacer debido a la “herencia recibida”.

Se abría una nueva era en la que la humanidad se amigaba entre sí y la existencia de las clases sociales dejaba lugar a la aparición de seres humanos unidos entre sí que colaborarían solidariamente, forjando un mundo mejor.

Los empresarios repartirían sus capitales invirtiendo aquí y allá en donde fuera necesario para el desarrollo social de los países. La “antigua” clase obrera daba lugar a la existencia de un conjunto de trabajadores, emprendedores y artífices productivos con capacidades de ascenso social. La revolución socialista y el comunismo, ya eran un mal recuerdo utópico que no tenía cabida.

El mundo globalizado, capitalista, exigía el empuje, como un solo hombre, de todos los hombres y mujeres de bien.

El imperialismo no era más que “una política” equivocada y agresiva que había que enmendar.

Pero la realidad es más poderosa que cualquier ideología que surge de la imaginación de los seres humanos e intenta materializar. La voracidad capitalista no sólo no dio lugar a ninguna colaboración entre seres humanos, sino que, por el contrario, profundizó la explotación, la expoliación de recursos y la búsqueda desenfrenada de nuevos mercados, fuentes de materias primas y territorios.

La única ideología que refleja la realidad y que se elabora a partir de ella, es la científica. En este caso, la marxista leninista. Pues Marx había anticipado la concentración capitalista en menor cantidad de manos y la expoliación de crecientes masas humanas. Luego Lenin, precisó que la fase imperialista del capitalismo era producto de las propias leyes del funcionamiento del sistema y, por lo tanto, irracional e inevitable.

El imperialismo no es un tipo especial de política. El imperialismo, es de característica esencialmente económica, sustentado en la base material determinada por la competencia capitalista, la necesidad de contrarrestar la indefectible caída de la tasa de ganancia y, en consecuencia, de disminuir el salario e ingresos de la clase obrera y demás sectores oprimidos, en un proceso creciente y continuo.

Todas las contradicciones del capitalismo se potencian en la fase imperialista del sistema, al punto de ser insoportables, sobre todo, la que provoca el movimiento social: la concentración del capital en menor cantidad de propietarios y la socialización de la producción en cada vez más manos, representada en las dos clases antagónicas: burguesía y proletariado.

Esa realidad material no puede ser superada sin la desaparición de esa contradicción, es decir, que la producción social esté sostenida por la apropiación social de la misma.

No existe otra salida a la situación actual de crisis estructural del capitalismo. No va a haber posibilidad alguna de que, en el marco del capitalismo, cesen las guerras por “decisión” de un supuesto sector burgués “más humano”.

La guerra, es la expresión política de las leyes materiales del capitalismo en su fase imperialista. Se gira la rosca en una nueva vuelta de tuerca por los intereses irreconciliables entre burgueses disputándose los negocios. La rapiña, piensan, es la carta ganadora y se lanzan hacia nuevas conquistas de mercados, materias primas, territorios, etc.

El capitalismo es irracional, como lo fueron todas las civilizaciones anteriores, en donde la producción estaba sujeta a las leyes impuestas por la práctica misma y el enriquecimiento de la clase dominante en desmedro de los verdaderos productores: esclavos, siervos, y proletarios. Por esa razón ineludible, la burguesía, no puede resolver ninguna contradicción sino, por el contrario, ahondarla.

Por eso, en cada país, el atizamiento de la contradicción fundamental entre los capitalistas y el proletariado empuja la lucha de clases, poniendo esta última de relieve; lo que, por decenas de años, la burguesía logró esconder.

Esa lucha de clases. movida por la satisfacción de necesidades irresueltas de los explotados y oprimidos, negadas por el capitalismo, hoy sale a la luz públicamente con renovadas fuerzas en la resistencia que ejercen los trabajadores del mundo y de nuestro país; crece y se impone como motor en el proceso social, provocando en la burguesía situaciones defensivas, dudas, miedo al descalabro social, etc.

Profundizarla en el rumbo a la resolución definitiva de la contradicción que hoy mueve el curso de la historia, es tarea irrenunciable del proletariado y el partido de su clase, capaz de llevar adelante un plan en ese sentido.

Es la forma de provocar más crisis en la clase dominante, apelando a todo tipo de luchas, incluso ejerciendo la violencia en respuesta a quienes la han ejercido durante siglos, venciendo los efectos inmediatos de la explotación y la opresión, haciendo retroceder a la burguesía, logrando conquistas a favor de quienes todo lo producen, avanzando en la obtención de libertades políticas y ganando espacios de paz entre los países del mundo.

De eso se trata la lucha por una mejor calidad de vida en el camino de la revolución proletaria. Avanzar para resolver la contradicción fundamental que nos impone el capitalismo conquistando el socialismo, en nuestro país y en el mundo, provocando así la eliminación de las clases sociales, única garantía de que no existan más guerras por territorios, mercados, robos de materias primas, etc.

Y esto no es una ocurrencia ideológica ni fórmula creada por cabezas biempensantes, sino la tendencia histórica inevitable a la que hay que darle lugar y desarrollarla.

 

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