Los 11.000 dólares por segundo y la miseria para los pueblos


Los costos de la guerra en medio oriente entre Estados Unidos, Israel e Irán, y que además se ha extendido a otras naciones de la región, es de unos 11.000 dólares por segundo; y en realidad, muchas estimaciones sostienen que seguramente la cifra sea más elevada.

Esto significa que, por ejemplo, Estados Unidos destina mil millones de dólares por día a alimentar la máquina de la guerra.

Hablando de alimentar, nos podríamos preguntar cuántas raciones de comida diarias durante un año podrían destinarse para satisfacer necesidades urgentes de millones de hambrientos y desahuciados debido a las consecuencias de un sistema capitalista criminal en cuyas prioridades, evidentemente, no se cuentan los seres humanos de carne y hueso, las y los trabajadores y los pueblos del mundo, sobre quienes se descargan las peores tragedias y las más dramáticas condiciones de vida.

Sigamos. Israel, que ha arrasado la tierra palestina y ahora no sólo participa de la guerra contra Irán, sino que también bombardea sistemáticamente el Líbano, incrementó su gasto militar para financiar sus operaciones bélicas, lo cual significa aproximadamente un gasto de unos 3.000 millones de dólares semanales (adicionales, se entiende, a su presupuesto militar habitual).

Ni hablemos, por supuesto, del incremento generalizado de los precios (inflación) que empieza a sentirse con fuerza, resultado del aumento del crudo y del gas, debido al cierre parcial del estrecho de Ormuz y los bombardeos a instalaciones petroleras y a los yacimientos de gas tanto en Irán como en otros países (Emiratos Arabes, Qatar), lo cual, nuevamente, redunda en el hecho de que las consecuencias de la guerra la pagan los trabajadores y los pueblos de todo el orbe.

Algunos ejemplos; la bomba planeadora de precisión AGM-154, puede costar más de 836.000 dólares, un misil interceptor Patriot cuesta entre tres y cuatro millones de dólares, un misil de crucero Tomahawk, entre un millón y medio y tres millones de dólares.

Téngase en cuenta que estamos hablando de la guerra en medio oriente, a lo cual podríamos sumar los costos de la guerra entre Rusia y Ucrania, Pakistán y Afganistán, y los más de 50 conflictos armados en todo el planeta.

Según el Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (cifras de la propia clase dominante) en 2024 se gastó la increíble cifra de 2, 7 BILLONES de dólares en armamentos. Claramente, mírese por donde se lo mire, la vida humana en todas sus dimensiones está en el último escalón de prioridades para el capitalismo.

En suma, no hay otro camino, para la clase obrera y el conjunto de las y los trabajadores del mundo, que la de librar la única guerra legítima: la guerra de clase contra clase, para arrebatarle el poder a la oligarquía financiera que alimenta esta máquina infernal de las guerras fratricidas, utilizadas para destruir fuerzas productivas y relanzar la economía a través de los negocios de la industria de armamentos y la reconstrucción de todo lo que destruyen los bombardeos.

La crisis del sistema capitalista es terminal. Debemos asestarle golpe tras golpe, en todos los países, para poder construir una sociedad en la cual lo realmente importante sea trabajar y producir para satisfacer nuestras necesidades, sin explotadores ni explotados.

Para ello, hay que destruir a la clase dominante, la burguesía monopolista.

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