Adorni, la casta y los chorros de siempre


La mugre de la política, exponente de la crisis profunda que atraviesa la clase dominante, va acopiando capítulo tras capítulo.

La administración de Milei, que supuestamente venía a barrer con “la casta” y sus negocios turbios, viene demostrando con creces que sus funcionarios son tan corruptos como los anteriores, y los anteriores.

Pocas veces se ha visto, de hecho, una gestión con tanto recambio de funcionarios de niveles altos y sobre todo, intermedios.

Raro. Solo para enumerar lo más relevante, el gobierno ya arrastra el caso Libra (estafa de la criptomoneda, que involucra directamente al Presidente de la Nación), el 3 % de Karina Milei y las coimas en la ex Andis (Agencia Nacional de Discapacidad), el vaciamiento que hizo Petri, sí, el Ministro de Defensa, del Iosfa (Instituto de la Obra Social de las FFAA), y ahora se suma el caso del ex vocero presidencial y ahora Jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

El mismo que no puede explicar su engrosado patrimonio, con propiedades que no se sabe de dónde salieron, a lo cual por supuesto se agrega el caso del vuelo privado a Punta del Este, en el que también aparece involucrado un amigo periodista que, a su vez, tiene contrato en la TV pública…

En fin, no se puede tapar el sol con el dedo, en medio de una crisis económica generada por ellos mismos, a las órdenes de la oligarquía financiera internacional, que pretende salir de su propia crisis aplastando los salarios vía inflación, despidiendo y suspendiendo obreros, vaciando los organismos del Estado, hambreando a los trabajadores y al pueblo.

Por ello, la corrupción del Gobierno se vuelve cada vez más indignante. Y repetimos: es esencial, constitutiva del sistema capitalista y sus gobiernos de turno.

No puede ser de otro modo, porque el poder que se ejerce en el contexto de la apropiación individual de la riqueza generada por otros, a eso conduce. Es la corrupción inherente al sistema.

Como dice la canción, que se remite a la época del Menemismo: “son todos chorros…son todos narcos…” aunque levanten las banderas de la ética y la “gente de bien”.

Son deplorables, tan descartables como sus jefes, los dueños del capital.

Sobran en la nueva sociedad que tenemos que construir: una sociedad sin explotadores ni explotados, sin un reducido grupo de corruptos, parásitos y criminales que vivan del trabajo ajeno.

Hay que organizar la rebelión.

Compartí este artículo

Deja una respuesta