Días pasados un acontecimiento de masas en EE.UU. y otro en nuestro país van marcando una época de distinta calidad.
Se calcula que nueve millones de personas se movilizaron en el país del norte con la consigna: «fuera el Rey» y cientos de miles de personas en nuestro país se movilizaron por los 50 años del golpe de Estado del 76, imponiendo un plebiscito de hecho contra de las políticas pro monopolistas del gobierno y de toda la institucionalidad de la clase dominante.
La frase del Che cobra hoy un relieve mayor que quizás en el momento que fue planteada a fines de la década del 60. El contexto de la lucha de clases de hoy se presenta con un camino recorrido de décadas por masas oprimidas y explotadas en el mundo, asqueadas de democracias representativas y de carácter de clase burgués.
Los medios de desinformación globales nos apabullan con las guerras interimperialistas. Poco les importa que detrás de más de 50 conflictos armados hay seres humanos, hay vidas, porque solo importan los negocios, son guerras por el dominio global de las distintas facciones monopolistas.
La burguesía y sus «aplaudidores» se encandilan ante las «explosiones» que producen sus máquinas de guerra, cada vez más sofisticadas. Capaces de destruir fuerzas productivas y humanas a gran escala en cuestión de horas.
Pero a pesar de todo su poder estas fuerzas imperialistas le temen a las IMPLOSIONES sociales porque allí radica la base toda rebelión nacional e internacional contra la burguesía monopolista.
Por eso cuadra el Che en la actual situación mundial y nacional. Se trata hoy de crearles un, dos tres «implosiones» sociales, si por ello entendemos multiplicar entonces sí explosiones sociales que en su rebeldía vayan saltando toda institucionalidad consagrada para la opresión reinante y, a la vez, organizando el nuevo poder con un carácter que exprese la democracia directa como herramienta letal al poder burgués.
Los pueblos van apareciendo luego de una larga noche tormentosa de reinado de lo infame. De un sistema capitalista que aparecía como una solución global al deterioro de la vida imponiendo un proceso de concentración y centralización de capitales con la llamada globalización.
Pero el capitalismo fracasó y todo se comienza a resetear bajo una nueva espiral ascendente de la lucha de clases.
Necesitamos multiplicar las expresiones del pueblo norteamericano y de nuestro pueblo. Y en ello no perder una mirada profunda de lo que los pueblos del mundo vienen caminando en esa dirección y que los medios ocultan.
Por allí estamos sintiendo el nuevo amanecer, como lo sentimos en esa frase inspiradora. Las nuevas generaciones comienzan a «codearse» con las ideas revolucionarias y las mismas van rompiendo con la timidez que le impuso el sistema de dominación en su terrible ofensiva anticomunista.
Los pueblos se van expresando, no hay rincón del planeta que permanezca callado.
Las guerras interimperialistas con armas en la mano hay que transformarlas en guerras de clase, muy lejos de adherir al “mal menor”. Pero están las guerras de clase que aún no disparan balas, pero sí atacan la dignidad de la vida, y es allí en donde tienen que comenzar a pesar las demostraciones políticas anti sistema capitalista que conlleven las ideas de revolución social. Guerras políticas e ideológicas sin tregua a salidas que nos lleven nuevamente hacia un «capitalismo bueno» respetuoso de las instituciones hoy cuestionadas.
Hay mucho por hacer, pero el contexto es distinto. Hay disposición a escuchar nuevas ideas, a querer ser parte de ese «algo» que sea portador de una vida digna.
Cuando el Che expresó ese pensamiento político lo hizo a los pueblos del mundo en el año 1967. Desde esa tribuna alentó a todos los movimientos revolucionarios existentes en todos los continentes, no tuvo timidez en su planteo estratégico. Por el contrario: tuvo el desparpajo necesario en un medio internacional complejo. No tuvo ataduras para «incitar» que el apoyo a Vietnam contra el imperialismo norteamericano de entonces implicaba rebelarse en cada país. Pues en eso radicaba su visión revolucionaria muy lejos del «foquismo» en el que se lo intento encorsetar.
En estos grandes movimientos de masas disconformes, masivos, y también en todos los continentes, las y los revolucionarios no dejaremos de insistir que para solidarizarnos con otros pueblos del mundo frente al ataque imperialista se hace necesario replicar una y cien veces los acontecimientos que -como ejemplo- nos dieron los pueblos norteamericano y argentino de las últimas jornadas.