La magnitud de la crisis política del gobierno es indisimulable. Es manifestación de la crisis de la burguesía monopolista que ya sin tapujos, a través de distintos medios y voceros, deja salir a la luz los movimientos por arriba que apuntan al gobierno de Milei y a los planes para construir candidaturas, que expresen los diferentes intereses en pugna.
La sorpresiva premura de la justicia por tratar los casos de Adorni, de la corrupción en la ANDIS y la estafa de $LIBRA son tal vez la prueba más contundente respecto de los movimientos que se están dando en la súper estructura del poder monopolista. Cuando los jueces “huelen sangre” es cuando empiezan a mover expedientes que, en otras ocasiones, están condenados a ser cajoneados. Detrás de esos jueces están los sectores de las facciones monopolistas que, luego de haber realizado el trabajo sucio, parecen haber llegado a la conclusión de que sus negocios exigen de otra representación en el gobierno.
La interna dentro del propio gobierno es presentada como una lucha de poder entre la hermana del Presidente y Santiago Caputo. Detrás de esa lucha intestina también se manifiestan los intereses en pugna. Como el perro que se muerde la cola, una interna lleva a la otra y así se construye un círculo vicioso del que nadie sale indemne. Los medios burgueses no dejan de informar sobre los chanchullos del gobierno y sus funcionarios cuando hasta ayer eran los principales sostenes del proyecto de Milei.
Sin embargo, en todo ese desbarajuste, queda claro que nadie saca los pies del plato. Nos referimos a que las distintas expresiones políticas de la burguesía son críticas de los efectos del plan económico en marcha, pero no dicen una sola palabra respecto de las causas. Unos y otros coinciden que el brutal ajuste contra el pueblo trabajador era “necesario” y, por lo tanto, nadie atina a plantear cómo resolverán la acuciante situación económica y social que está atravesando el proletariado y demás sectores afectados. Las invocaciones de planes “industrialistas”, “inclusivos” y demás no alcanzan para resolver los graves problemas de vida que afectan a millones de compatriotas en lo cotidiano.
Precisamente, en medio de los recortes de los servicios de transporte y de las penurias para poder viajar al trabajo y volver a sus hogares, se han podido ver y escuchar testimonios de trabajadores y trabajadoras que reciben miserables salarios de 500 o 600 mil pesos y, encima de eso, deben soportar que los colectivos funciones pésimamente. Esa realidad de la vida, más las pesadas deudas que soportan millones de familias (cuestión que ya es una preocupación de todo el sistema financiero ante la alta morosidad), los aumentos que no paran de alimentos, alquileres y servicios, la amenaza del despido, los recortes de la ayuda social, las magras jubilaciones, etc. son las condiciones materiales concretas que el proletariado está soportando. A todo ello se suma que las provincias cada vez se ven más complicadas para pagar salarios ante el recorte de la Nación, incluso la de los gobernadores que se han alineado con el gobierno de Milei, por lo que las demandas de los sectores de trabajo estatales, como docencia y salud, se multipliquen y vayan tomando un importante impulso.
La pérdida de expectativas en el gobierno nacional por parte de importantes sectores de masas, incluso los que votaron a Milei, son el trasfondo del agravamiento de la crisis política y las disputas por arriba que mencionamos al principio. El punto crucial sigue siendo que el movimiento de masas no tiene a mano herramientas de lucha y organización que permitan mayor contundencia para imponer condiciones a la burguesía y hacerla retroceder. El proceso de resistencia, como lo hemos dicho, sigue vigente. Con alzas, bajas, pero sumando día tras días sectores de la población al rechazo contra las políticas del gobierno. Se acumulan fuerzas desde el descontento, la bronca, la frustración. Pero aun no aparece visible para las masas una fuerza social dispuesta a ejercitar niveles de enfrentamiento más masivos y contundentes.
Esta es la realidad del momento, pero en ningún lado está escrito que no vaya a cambiar. Más bien lo que puede preverse es que, ante el arrinconamiento que producen las medidas de ajuste, los movimientos de lucha se irán multiplicando y ganando en fortaleza, como ya está ocurriendo en provincias como Catamarca con la lucha de los sectores docentes y de salud que ya lleva varias semanas y va ganando cada vez más masividad.
El proceso se presenta, inevitablemente, desigual y combinado. Queremos decir que hay expresiones más avanzadas (las menos, todavía) y otras más rezagadas, pero al mismo tiempo unas influyen sobre las otras; a veces dotando de mayor impulso al movimiento, otras en lo que se impone son las dificultades propias de la vida y la falta de experiencia y organización. Pero lo que opera sobre ambas es la realidad material de las masas explotadas y oprimidas y allí radica el elemento que alimenta el curso general de la lucha de clases en una perspectiva de alza y sostenimiento de la resistencia.
Nuestra consigna llamando a construir la rebelión va es ese sentido. Impulsar en cada lugar las metodologías e iniciativas que aporten a sumar experiencias a lo más avanzado del proceso, en el marco de construir organizaciones desde la base, con independencia política respecto de lo establecido e incorporando al enfrentamiento a los sectores de masas más decididos en esta etapa. Ese camino es indispensable que lo transitemos aun cuando las fuerzas sean escasas todavía, pero son las fuerzas que irán marcando un camino de ruptura con todo lo que se interponga para evitar que las masas trabajadoras irrumpan en la lucha de clases con una política independiente y que garantice el irremplazable protagonismo que las mismas deben asumir.
