¿No hay plata?


Un latiguillo muy utilizado por el gobierno nacional para justificar una sucesión demoledora de ajustes y recortes al pueblo trabajador es que “no hay plata”.

La realidad (y la información que circula) muestran claramente que esto es mentira. Lo que está ocurriendo es que todos los beneficios que les han otorgado a las grandes empresas y sectores del capital (como lo explicamos en nuestra última columna política del canal de You Tube (1)) es plata que se saca de la educación, la salud, las jubilaciones, los salarios públicos y así. Es una cuenta que “da cero”: con lo que recortan de las necesidades de millones favorecen a unos pocos.

Esto ocurre en un contexto en donde los que vivimos en Argentina ya sabemos que nuestro país posee enormes recursos; pero “gracias” al modo de producción capitalista muy poquitos se privilegian con ello. Es común escuchar sobre las riquezas que tenemos, pero no es tan común pensar en qué y cuánto es lo que produce el trabajo cotidiano de millones, del que se apropian un puñado de monopolios.

En Argentina se produce maíz, soja, trigo, girasol, leche, frutas y hortalizas, uva, y todos los productos alimenticios derivados de esas materias primas; carne vacuna, porcina, aves y pescados; petróleo crudo, gas, naftas, biodiésel, gasolinas y fuel oil; minerales como oro, plata, cobre y molibdeno; productos químicos y agroquímicos; acero, aluminio, pasta de celulosa y papel; autos, camiones, camionetas, maquinaria agrícola, autopartes, vehículos de navegación aérea y marítima; pieles y cueros; textiles y confecciones; plástico, vidrios y envases de esos materiales; maquinarias y diversos aparatos electrónicos, por mencionar algunos de los rubros de mayor peso.

Casi no existe sector productivo que no esté explotado. Los recursos naturales de nuestro país ofrecen las materas primas esenciales y necesarias para la satisfacción plena de nuestra sociedad. Sin embargo, que estén explotados no significa que estén desarrollados en plenitud, porque este sistema se centra en la ganancia y no en la satisfacción de las necesidades del pueblo.

A partir de esto (y en función de qué facciones del capital se adueñan del gobierno en cada momento) se determinan qué se produce, cuánto y de qué forma, solamente de acuerdo a los intereses mezquinos de la renta capitalista y en medio de la anarquía propia de un sistema depredador del Hombre y la Naturaleza.

Por eso los alimentos no “alcanzan” para todos nuestros habitantes mientras son exportados al mundo; se producen cantidades exorbitantes de productos que no hacen falta y los que sí son indispensables no se producen en la misma proporción. O peor aún: se importan productos o insumos que se producen aquí, como es el caso del gas y combustibles, por ejemplo.

El PBI nominal de la Argentina en 2025 (es decir la totalidad de bienes y servicios producidos) “impulsado” esta vez por los negocios de la minería, combustibles, el agro y la intermediación financiera, superó los 680.000 millones de dólares.

Para ello se necesitó de la incorporación del trabajo humano para transformar los recursos en productos elaborados o a elaborar. Esto es lo que la burguesía oculta sistemáticamente, haciéndonos creer que son sus “inversiones” las que crean las riquezas.

Por el contrario, las riquezas están porque existen y es el trabajo del Hombre el que las convierte en productos agregándoles valor. Si nuestro país produce la gran mayoría de las cosas que consumimos y, además, exporta al mundo, es porque millones, día tras día, convertimos los recursos naturales en mercaderías y bienes.

El desarrollo industrial que el país alcanzó a lo largo de su historia trajo aparejado el desarrollo de una calidad productiva de nuestros trabajadores y trabajadoras (reconocida por la propia burguesía), al mismo tiempo que un desarrollo científico técnico que es valorado internacionalmente (más allá del denodado plan de destrucción que lleva adelante el gobierno de Milei).

Otra gran mentira es que, “si los capitalistas se van o no invierten, no se podrá explotar la riqueza”. Una falacia que machacada por siglos se termina transformando en una “verdad”.

Porque es exactamente al revés. Los capitalistas se apropian de la riqueza no porque ellos la generen, sino porque se valen del trabajo ajeno para conseguirlas.

Si tenemos y producimos para que ellos ganen cada vez más, ¡cómo no vamos a poder producir y utilizar los recursos para que el beneficio sea administrado y disfrutado por las mayorías que son las que producen!

Ese es justamente el gran problema al que debemos darle solución desde una alternativa política, como paso indispensable para comenzar a disfrutar, material y espiritualmente, de las riquezas que nuestro país posee.

Lo hemos dicho en otras oportunidades, y lo volvemos a afirmar: semejante contraste de país rico y pueblo pobre no se resuelve redistribuyendo la riqueza ni esperando que algún día algo derrame a los sectores populares. Eso es una ilusión que nunca llegará.

Si tantas crisis ha soportado la Argentina y de tantas se ha “recuperado”, ha sido a costa del empobrecimiento progresivo de la población laboriosa. Ese proceso no se detiene ni se detendrá mientras la burguesía monopolista siga en el poder.

Porque la pobreza la ha generado y la seguirá generando el capitalismo. Y el socialismo, en una construcción de millones de voluntades, está llamado a terminar con esa etapa prehistórica de la Humanidad para escribir la verdadera Historia del género humano.


(1) La Motosierra del gobierno ¿A quién le sirve el ajuste??

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