En los últimos días la situación de acoso del gobierno de Trump sobre Cuba se ha incrementado.
A la acusación judicial realizada por Estados Unidos contra Raúl Castro le siguió el despliegue del portaaviones Nimitz en aguas del Caribe, lo que expresa los preparativos de una posible intervención “a la venezolana” como ocurriera en ese país a principios de este año.
El imperialismo ensaya una política de garrote y zanahoria. Por un lado, anuncia “ayuda humanitaria” por 100 millones de dólares; por el otro, endurece las sanciones y prohibiciones para que la isla reciba el indispensable suministro de petróleo que permita paliar la ya insoportable crisis energética que, principal y exclusivamente, afecta la vida del pueblo cubano.
En el medio, se producen negociaciones entre ambos gobiernos, las cuales se realizan entre gallos y medianoches, sin una perspectiva clara y transparente de salida a la crisis por parte del gobierno cubano, y bajo la miserable extorsión del bloqueo de Trump, lo que confirma que estas negociaciones se llevan a cabo sin poner por delante los intereses de la clase trabajadora de Cuba.
Ante esta situación, no cabe ningún tipo de especulación respecto de qué sucederá hacia adelante. Lo único que debe estar claro, y lo manifestamos de forma contundente, es que es el pueblo cubano el único soberano que debe y puede decidir sobre su presente y su futuro.
Denunciamos y condenamos cualquier tipo de intervención sobre Cuba y expresamos nuestra solidaridad irrenunciable con el pueblo cubano. Pueblo que supo hacer una revolución que fue ejemplo para todas las fuerzas revolucionarias de América y el mundo, y que es el único capaz de llevar adelante los cambios que sean necesarios para garantizar la vida y las conquistas que fueron logradas con décadas de sacrificio y entrega revolucionarias.