Poner a andar el torrente que unifique la confrontación


Los monopolios asientan su poder en el control absoluto del Estado y de toda su institucionalidad. A partir de ello hacen jugar todas las herramientas que están a su alcance para concretar sus objetivos. Fundamentalmente, apropiarse de todos los recursos disponibles y garantizar la explotación y el sometimiento de las mayorías, para acrecentar sus ganancias.

(Un ejemplo de esto se explica en una de las columnas “Hablemos Claro” de nuestro canal de Youtube: “PAX SILICA | ¿Oportunidad o saqueo?  https://youtu.be/YSqvpAGMulE )

El gobierno de Milei (como todos los gobiernos que venimos padeciendo por más “progresistas” que se autoperciban) vienen profundizando el capitalismo monopolista de Estado, que no es otra cosa que la subordinación del aparato estatal a los designios y necesidades del gran capital.

Por eso, toda la institucionalidad del Estado y del orden burgués termina siendo un camino sin salida para las aspiraciones populares.

Frente a ello es que aparecen los desafíos que tenemos como clase y como pueblo oprimido, la búsqueda de un “remedio” para poder avanzar con nuestra lucha por la dignidad y la justicia; entendiendo que esto sólo será posible si logramos consolidar nuestro propio poder, nacido de la lucha, de la propia acción y experiencia. Con formas genuinas, con una organización por fuera de cualquier tutela de la burguesía. Con independencia política.

Ese camino (que tiene alzas y bajas propias de una etapa de resistencia como la que atravesamos) es el cimiento del verdadero poder que puede ponerle freno a la voracidad burguesa. Pero confiar en que sólo con su desarrollo alcanzaremos la victoria, sería un error.

La premisa fundamental de este momento es encarar a fondo las cuestiones de la organización política, a partir de la experiencia del movimiento de masas, proyectar esa estrategia de poder, con una construcción que requiere una mirada abarcativa, profunda, que planifique y defina los desafíos. La organización revolucionaria es una necesidad para fortalecer esta etapa del enfrentamiento.

Y no nos cansaremos de decir que cada acción, por más pequeña o “insignificante” que parezca, confluye y arrima a la fortaleza de una lucha a otra escala. Al afirmarnos en esta idea como clase, en las luchas estaremos dando respuesta no sólo a la consolidación del poder en lo local, al arraigo de esas organizaciones independientes; sino que, además, proyectamos el plano nacional de la lucha política hacia cada una de las realidades particulares.

Más allá de las características de la situación de masas que mencionamos en este artículo, las y los trabajadores debemos ver que, como clase, aún adolecemos de un problema esencial, que nos traba a la hora de afrontar con más firmeza los desafíos de las nuevas batallas que se nos avecinan: la lucha “a secas” no alcanza, debemos comenzar a concretar y a amalgamar la organización política de la clase obrera y los sectores del pueblo oprimido que resisten estas políticas de hambre y de saqueo. Un aspecto de la lucha de clases que se torna trascendental para quebrar cualquier nivel de aislamiento, que aún pesa.

Plantearnos que estamos “en cero” sería equivocado, porque en realidad, hacia allí avanza la lucha del movimiento. Superar esta traba es lo que permitirá constituirnos en una clase que acaudille la lucha de todo un pueblo para derrotar los planes de la burguesía.

Más allá de los discursos con los que nos taladran la cabeza, lograr esa unidad por abajo no es un imposible. La historia de nuestra clase está impregnada de unidad. Las y los trabajadores que iniciamos algún tipo de experiencia de lucha o tenemos inquietudes de rebelarnos y organizarnos contra los explotadores, debemos levantar la mirada y ver las fábricas vecinas, de la zona, las barriadas, y comenzar a juntarnos, intercambiar ideas, y sintetizar nuestras experiencias. Allí veremos materialmente que todos tenemos los mismos problemas, y el mismo enemigo, y podremos palpar que la necesidad de unirnos de verdad, es una necesidad de miles, de millones. Y que no estamos solos.

El primer paso hay que darlo, aunque nos parezca que empezamos por un pequeño puñado. Si lo hacemos, no pasará mucho tiempo para que terminemos encontrándonos con compañeros y compañeras de otras zonas y de otras regiones. Porque en muchos lados ya se está haciendo. Y esto es un muy buen augurio para nuestra lucha, debemos multiplicarlo.

De lo que se trata es de poner a andar el torrente que unifique la confrontación desde una concepción política proletaria, y sentiremos ahí que nuestra lucha, tiene las espaldas de toda una clase.


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