Milei en el Council of the Americas

Los medios de la burguesía dedican páginas comparando el discurso presidencial del 17 de agosto (en apariencia, medido, hasta “autocrítico”), con el de ayer en el Council of the Americas, en el cual se despachó con sus definiciones toscas, vulgares, insultantes. La burguesía finge sorpresa ante la casta lumpen que hoy lleva adelante sus intereses de clase y a la cual le agradece los servicios prestados.

En el medio, alguno de los exponentes más granados de la clase dominante, dejan ver el beneplácito por gozar de los beneficios del gobierno de Milei. En ese mismo encuentro, el titular de la Cámara de Comercio, Mario Grinman, (sector de los más afectados por las políticas actuales) expresó, sin pudor alguno: “hay empresas que cierran, pero si es el precio para transformar un país, lo acepto”. Semejante definición es la confesión probada de que la burguesía sabe diferenciar claramente sus intereses de clase con los problemas de “carácter” de quien hoy está al frente del país.

Ello confirma que la clase en el poder no evalúa a Milei por su ciclotimia o sus arranques de sinceridad, como cuando afirma, por ejemplo, que no le importa que las familias no lleguen a fin de mes. Lo evalúa y lo apoya por sus resultados, aun cuando los mismos afecten ya no sólo al pueblo trabajador sino también a sectores de su propia clase. Otra de las definiciones que Milei tiró sin rodeos: «Si ustedes están en un mercado, ¿qué es lo que quieren que pase con sus competidores? ¿Hacerlos desaparecer? Obvio, por la vía de la competencia».

El proceso de centralización y concentración del capital es la máquina trituradora en la que ningún capitalista quiere caer. Allí está el nudo de las diferencias entre los sectores del capital, más o menos beneficiados en esta etapa.

Sin embargo, existen advertencias más o menos solapadas. Que son parte de las contradicciones mencionadas pero, también, de la preocupación política de algunos sectores monopolistas respecto de las condiciones en las que se debate el pueblo trabajador, ya que las mismas pueden convertirse en el combustible que haga volar todo por los aires.

En ese sentido, las declaraciones de Roberto Urquía, titular de Aceitera General Deheza (AGD); o las de Patricia Bullrich, trasvasada de la primera hora a las huestes libertarias, advierten que la economía de las familias no goza de los beneficios que sí están gozando los exponentes del gran capital. Como si una cosa no tuviera relación con la otra. Como si no fuera condición, en esta etapa de crisis capitalista mundial, que los ajustes contra las mayorías son ejecutados para el beneficio de los capitalistas en su intención de atemperar dicha crisis.

Entre todas las contradicciones en las que se desarrolla el modo de producción capitalista, existen las que se dan por arriba. Producto de las diferencias mencionadas anteriormente y, además, alimentadas por el proceso de lucha de clases, que puede expresarse con más o menos contundencia, pero que existe e influye en los movimientos de las clases en pugna. Siempre es muy importante que se tengan en cuenta dichas contradicciones, en pos de conocer y analizar por dónde se desarrolla la crisis política de la burguesía.

Al mismo tiempo, y tan importante como lo anterior, está el saber discernir que tales discrepancias no son el polo determinante de la contradicción. No habrá cambios significativos para cambiar las acuciantes condiciones de vida que soportan las mayorías si desde abajo no se lo obliga al enemigo a retroceder. La historia política de nuestro pueblo, y de los pueblos del mundo, enseñan que sólo las acciones de masas contundentes son efectivas para lograr tal objetivo. De allí que el movimiento de masas debe tener claro que la burguesía está atravesando un proceso de dispersión en relación a cómo seguir el rumbo de su dominación, pero no así en cuanto a querer o poder resolver las calamidades que el pueblo trabajador soporta.

Todos los movimientos por arriba siempre van a apuntar a defender la institucionalidad y la gobernabilidad del sistema. A impedir que la clase obrera y los demás sectores explotados y oprimidos emprendan un camino de independencia política respecto de todas las variantes que la burguesía impulsa.

De allí se desprende que la táctica de la rebelión, organizada desde las bases trabajadoras, y que incluyan a otros sectores desposeídos, tiene vigencia plena a la hora de definir un rumbo esperanzador y verdadero para los de abajo. Toda otra alternativa aparente de apuntar a un recambio electoral en 2027, basado en las diferencias entre las distintas facciones burguesas, solamente sirve para desalentar a las masas, a hacerlas prisioneras del corsé institucional del sistema, a contribuir a la intención de derrotarlas, de desviarlas de su papel histórico como factor de cambio.

Poner toda la energía en la organización de las fuerzas disponibles, acumulando las mismas hacia el objetivo de la rebelión, es poner al movimiento de masas en el lugar que debe protagonizar, en el que no cabe ningún tipo de subestimación ni mucho menos de reemplazo, para que la etapa de la resistencia que se atraviesa esté dotada de un norte efectivo, verdadero, en el objetivo de derrotar el plan del gobierno y pasar a una situación que permita emprender nuevas etapas del enfrentamiento.

 

 


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