Imágenes comunes, paisajes habituales: el Alcalde Jorge Macri, exponente destacado de la inutilidad y el parasitismo de la clase dominante, nos tiene acostumbrados a transitar por una Ciudad decadente en todo sentido.
Es común la escena triste y enojosa de personas durmiendo en la calle, asistidas muchas veces por voluntarias y voluntarios que se organizan por iniciativa propia para acercarles una sopa caliente, una vianda decente, un café. Es habitual que la Ciudad esté sucia. Es corriente que el servicio de transporte público, especialmente el Subte, funcione mal, con demoras, con coches del siglo pasado, más allá de los grandes anuncios de modernización. La realidad es que todos los meses aumenta el costo del viaje (hoy alrededor de los 1.750 pesos) que hoy se hace impagable para las y los trabajadores.
Eso sí, los stickers que dan cuenta de las redes de trata, pegados en contenedores de basura y espacios publicitarios callejeros, los distribuidores de droga, en suma, todos esos delitos que sí o sí se sostienen con la complicidad política, judicial y policial, también son parte de la postal diaria en la Ciudad de Buenos Aires.
Y hablando de la policía, hay que decirlo: están por todas partes, como hace décadas no se recuerda: ¿y qué hacen? Controlan que no saltes el molinete del subte, le sacan las paltas a los vendedores callejeros (ponemos el ejemplo de las paltas justamente por lo bizarro del asunto) reprimen a las jubiladas y jubilados los días miércoles, se movilizan como un ejército para escoltar una marcha. El lema de Macri es: Ley y Orden, Ciudad sin okupas, y cosas por el estilo, distopía en la Ciudad de la furia…
Todo, de manera muy pueril, pensado para amedrentar a la población. Mientras tanto, la salud y la educación, en franca decadencia. En nota reciente se habló en detalle de la situación de los docentes en Caba, a propósito de la actualización del Estatuto del Docente. Tómense unos minutos para leerla. En los Terciarios de la Ciudad, la situación también es alarmante. Cierre de comisiones, salarios atrasados, planes de estudio deplorables. Cansancio, falta de entusiasmo, al ritmo de la Ley y el Orden en una Ciudad que militariza sus calles y administra una pobreza creciente, especialmente en los barrios de la zona sur, siempre más postergados.
Esa es hoy la Ciudad de Buenos Aires, exponente de la corrupción (convenios urbanísticos a medida, coimas en la Agencia Gubernamental de Control) y de los planes de ajuste del Gobierno de los Monopolios: fabulosos negocios para pocos, miseria e indignidad para las grandes mayorías.
Hasta que los trabajadores y el pueblo organizados y unidos los hagamos retroceder nacionalmente en el camino de la rebelión.