
Sabemos que una de las principales preocupaciones para la inmensa mayoría del pueblo hoy es el salario: trabajadores pobres.
No es por ánimo de ser redundante, pero esta realidad nos golpea de manera cotidiana, literal: la plata no alcanza, ya no para llegar a fin de mes, sino que, para los sectores más vulnerables, para llegar al 10, a lo sumo al 15.
Por eso, como venimos señalando en nuestras notas, columna política y diferentes materiales de Propaganda, crecen las deudas; se sacan préstamos para comer y/o para pagar los servicios.
Pero no nos quedemos en la retórica general, vayamos a los números, eso que tanto fascina al Presidente cuando habla de la Macro (¿qué le importa a las y los trabajadores la Macro cuando hay que medir lo que se come, y cuando hay?).
Tomemos por ejemplo los que aporta una firma con un claro perfil técnico y estadístico. Aclarando que, sabemos muy bien, las cifras son mucho más graves, porque en definitiva no dejan de ser estudios realizados por consultoras y medios de una u otra facción de la clase dominante.
La consultora Zentrix se ha referido dentro de los últimos relevamientos elaborados, a la crisis de ingresos: según estos números, más del 60 % de la población se endeudó durante los últimos 6 meses. Ahora bien, ¿y cuál es el destino de ese dinero, siempre usurario, que se obtiene de los préstamos? Cubrir gastos de alimentos, de salud, pago de tarifas y servicios.
Por otra parte, el estudio, publicado en Ámbito Financiero, destaca que el 65 % de los argentinos no llega al día 20 del mes, mientras que casi el 45 % no supera el día 15.
Lógicamente, la desesperación conduce a la toma de deudas. Y hacemos una aclaración: el relevamiento no incluye el circuito delincuencial de los prestamistas de barrio, que cobran la cuota por semana o por día, a tasas aún más usurarias, que arruinan a las familias, circuito que termina muchas veces en amenazas, golpes, intimidación y hasta asesinatos ante la falta de pago.
Los magros ingresos, producto del plan del Gobierno de mantener los salarios a la baja y como principal variable de ajuste (a lo cual le podríamos agregar por supuesto los recortes en educación, salud, discapacidad, rutas, y un largo etcétera…) constituyen por supuesto la principal preocupación de las y los trabajadores, por encima de la corrupción, por ejemplo.
Claramente, todo el mundo sabe que los políticos están siempre metidos en la rosca, la prebenda, el robo y los negocios turbios, y es como si se hubiera asimilado que esta es la lógica del funcionamiento del sistema capitalista, aquí y en todo el mundo. Y lo es, por cierto, gran parte de los negocios que mueven la economía son ilegales, desde el propio punto de vista de las leyes de este sistema: narcotráfico, trata de personas, contrabando de armas…
Pero hoy la realidad es urgente, y tenemos que tomar a nuestro cargo la tarea de combatir la explotación y el despojo. Por eso también lo venimos diciendo, porque ese es el estado de ánimo de las masas: cada vez es menor la expectativa de que las instituciones resuelvan nuestros problemas, cada vez es menor la confianza en el sistema electoral y en los partidos políticos (de cualquier “orientación”).
Entonces, se impone la táctica de la rebelión obrera y popular tal y como se viene insinuando en muchas iniciativas y manifestaciones genuinamente autoconvocadas. Esto es lo que tenemos que organizar desde las bases, es decir, planteando y compartiendo esta realidad con nuestras compañeras y compañeros de trabajo, en el barrio con los vecinos, con las y los compañeros de cursada.
Hoy estas son las urgencias que se destacan: los despidos indiscriminados (todos los días llegan las noticias referidas al cierre de empresas y fábricas, recorte de personal, suspensiones) los bajísimos salarios y, en consecuencia, las pésimas condiciones de vida para los trabajadores y el pueblo.