Hoy, la democracia representativa está puesta en cuestión; así lo demuestran las enormes manifestaciones de masas, protestas y huelgas que recorren el planeta.
Los trabajadores y los pueblos del mundo se plantan contra un sistema (capitalismo) opresivo, injusto, que concentra cada vez más riqueza en menos manos, a costa de la explotación del trabajo asalariado. Un sistema cuya envoltura política es la democracia burguesa (representativa).
Todo el mundo sabe que las elecciones no resuelven los problemas de la vida cotidiana. La pobreza aumenta, el salario no alcanza, los jóvenes no tienen perspectiva de futuro. El Estado del Bienestar está agotado. Los políticos no sirven para nada. Los sindicatos ya hace mucho tiempo que, lejos de defender los intereses de los trabajadores, funcionan como resorte del sistema, al servicio de los intereses del gran capital, ahogando las luchas autoconvocadas.
En suma, todas las instituciones del sistema apuntan a que las protestas y el profundo malestar social se encaucen por sus canales, justamente, con el propósito de evitar la acción directa de las masas, que muchas veces adquiere la forma de la violencia legítima (como ocurre desde hace semanas en diferentes ciudades europeas).
Destacamos en este aspecto, el de la acción directa por fuera de los caminos trazados por las instituciones del sistema, la enorme huelga de más de 110 puertos de todo el mundo, organizada desde las bases trabajadoras y por fuera de los sindicatos inútiles y serviles de los monopolios, huelga en contra de las guerras en el mundo (especialmente contra el genocidio perpetrado contra el pueblo palestino) coordinada de manera excelente y muy efectiva ya que atacó al corazón de la cadena de distribución (ya que no solo afectó el traslado de armamentos, sino también de diferentes productos como alimentos, maquinarias, etc.).
Volvamos al asunto del título de la nota. No hay dudas de que el retorno de la democracia fue una conquista de los trabajadores y el pueblo en nuestro país. Una conquista de libertades políticas después de los oscuros años de la represión del Terrorismo de Estado. Los trabajadores echaron a la dictadura.
La recuperación de los derechos políticos y sociales y la defensa de los Derechos Humanos es incuestionable. Pero, los gobiernos de la democracia recuperada (la democracia representativa), de una u otra manera, hicieron lo posible para ahogar el movimiento de masas, utilizando los resortes del Estado para contener la protesta social y encauzarla dentro de los canales institucionales.
Porque la democracia representativa es igual a la conciliación de clases, busca desconocer la lucha de clases. Y cuando sus sistemas fallan, aparece (como hoy con el gobierno de Milei) el aparato represivo del Estado, sin vueltas. Ahí ya no importa tanto, parece, la democracia representativa, porque de hecho el Parlamento legisla en contra de los intereses del pueblo. Y las y los trabajadores y el pueblo oprimido por este sistema de producción (el capitalismo) ya advierten que “los representantes” no representan sus intereses. (Ejemplos sobran, pero el de los gobernadores peronistas alcanza para entender cómo funciona esta democracia falaz).
Se agota el verso. Ellos quieren que vayamos a votar, que de última, siempre puede haber un gobierno mejor. Pero esa alternativa no sirve: quedó demostrada por los hechos.
En vez de “votar bien”, mejor construyamos poder local: hagamos experiencias de base, a través del ejercicio de la democracia directa, el método histórico de la clase obrera, para que las decisiones trascendentales que afectan nuestras vidas, las tomemos nosotros, y no un puñado de advenedizos que disputan cargos entre ellos para representar no los intereses del pueblo, sino los de los grupos económicos interesados. Y esto corre tanto para el oficialismo como para la oposición.
No es “golpismo” cuestionar una democracia que no sirve. Así que la respuesta a la pregunta del título se deja entrever: la democracia (representativa) no sirve para nada, si analizamos la cuestión desde los intereses de nuestra clase, en lucha permanente contra la clase dominante y las instituciones a su servicio.