La derrota del gobierno de Trump se vino amasando durante meses. Es que el anunciado resultado electoral fue producto de un extendido malestar del pueblo norteamericano expresado en una amplia respuesta de movilizaciones que abarcaron a varios sectores de la sociedad del norte. Esta derrota tendrá consecuencias aún no evaluadas en su magnitud, sea por peso en lo nacional sea por su peso a nivel internacional.
La lucha de clases es muy dinámica y los pueblos se expresan en diversidad de formas. Lo determinante de este acto electoral es que se puso en blanco sobre negro por un lado las aspiraciones democráticas del pueblo con un peso sustancial de reclamos propios de la clase obrera y, por otro lado, lo más concentrado del capital financiero materializado fundamentalmente en el sector de las tecnológicas que han invadido todas las áreas financieras, productivas y comerciales que trascienden fronteras.
Este acontecimiento histórico no ha sido un triunfo Demócrata ni mucho menos. La oligarquía financiera ha sentido el golpe en las urnas y seguramente asimilarán que la historia política que se está escribiendo va hacia adelante. La conquista de derechos políticos de las mayorías explotadas y oprimidas seguirá extendiéndose y envalentonarán aún más años de acumulación. Ahora vendrán las «estadísticas»: en qué Estado ganó o perdió fuerza uno u otro candidato, intentarán por todos los medios ocultar lo sustancial de este proceso de movilización y de enfrentamientos acumulados en años y que los mismos fueron silenciados como parte de la batalla «cultural» que venían ganando.
El pueblo norteamericano ha dicho ¡NO! al ajuste sostenido aplicado por las distintas administraciones, ¡NO! a las guerras que deben pagar fundamentalmente los asalariados, ¡NO! al poder beligerante de las «tecnológicas». La globalización no puede ser encorsetada, no puede volverse para atrás, por el contrario, con otras formas y metodologías la oligarquía financiera tenderá a profundizar en el plano político lo que el sistema requiere que es una mayor concentración política. La jornada de ayer ha sido un golpe certero a esa tendencia autoritaria que necesita el sistema capitalista para sobrevivir.
La clase obrera norteamericana viene dando signos acordes con la clase obrera planetaria que hace pocos días, el 30 de octubre supo paralizar una red de puertos respondiendo a un proceso necesario de internacionalización de la lucha de clases con una nueva calidad.
La derrota anunciada de Trump es parte de la derrota de Netanyahu en Israel, de Bolsonaro en Brasil, de los gobiernos y candidatos «distraídos» de Europa que deben navegar en aguas turbulentas sin encontrar la brújula a sus propias crisis políticas y económicas.
El camino elegido de la guerra por parte de la oligarquía financiera para masificar la destrucción de fuerzas productivas fundamentalmente humanas encuentra una resistencia inusitada y la misma adquiere masividad y robustez con la capacidad de romper fronteras cuando los enfrentamientos callejeros son parte de ese internacionalismo que va tomando forma de rebelión.
El gobierno de Milei sentirá el golpe, su «amo» ha sido tocado y eso es muy bueno para nuestro pueblo, pero a no engañarnos, el proyecto de gobierno de esta administración y de todo el «juego» democrático burgués intentarán despegar de ésta manifiesta crisis política con discursos reñidos ya con las aspiraciones verdaderamente democráticas que se están sintiendo en los focos de resistencia a la actual situación de vida cotidiana.
La derrota de Trunp nos exige profundizar la lucha de clases en nuestro país. Intentar frenarla como lo está haciendo todo el arco electoral para llegar a las elecciones del 2027 es un acto de cobardía política que la historia sabrá cobrarla.
