Luchar contra las injusticias allí donde nos encontremos


Conocida la aplastante derrota de Donald Trump en las legislativas de EEUU, los mercados mundiales reaccionaron al alza en una muestra contundente de que sectores de la oligarquía financiera persiguen una “normalización o estabilización” de la economía mundial, golpeada por los efectos de una crisis de magnitudes, que el presidente norteamericano avivó con sus políticas guerreristas, arancelarias y un manejo de las relaciones internacionales propios de un trastornado político.

A contrapelo de esa reacción, las acciones y bonos de Argentina sufrieron importantes bajas en los días posteriores a las elecciones en el país del norte. Al mismo tiempo, el riesgo país no paró de subir superando los 900 puntos.

Está más que claro que los oligarcas de las finanzas muestran, cada vez con más claridad, lo expuesta que está la economía argentina ante lo sucedido. Así lo confirma una declaración de la AMCHAN (Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina) que expresa: “La conducción de la política exterior y comercial seguirá en manos del Poder Ejecutivo, pero el nuevo Congreso tendrá más herramientas para revisar aranceles, acuerdos y programas de apoyo financiero a otros países, incluida la Argentina”.

Las dificultades para sostener el esquema económico del plan Milei-Caputo ya no pueden ser ocultadas. En ese escenario, se exacerban las internas del gobierno y las dificultades del mismo para tejer alianzas de cara a 2027. La conducta de la senadora Patricia Bullrich, en su afán de diferenciación, suma más crisis, contradictoriamente a su intento por mostrarse ante el poder económico como un recambio “razonable”.

La crisis económica y la crisis política se retroalimentan. Todo apunta a que las mismas se agraven con el correr de las semanas y los meses, confirmando una perspectiva de inestabilidad creciente para el año electoral.

En ese proceso la principal oposición, el peronismo, ilusionado con el triunfo de Lula y la derrota de Trump, vuelve a levantar la consigna: “hay 2027”. Más todavía, el progresismo ilustrado, acostumbrado a aleccionar a las masas desde su púlpito de mentes esclarecidas, vuelve a levantar el dedo acusador. “Esto es lo que votaron”; “votemos bien el año que viene”, es la única y presuntuosa respuesta que ensayan ante la angustiante realidad que sufren millones de compatriotas. Olvidando que la política del actual gobierno pudo ser impuesta por la colaboración abierta de sus gobernadores, sus legisladores, sus dirigencias sociales y sindicales, que garantizaron la gobernabilidad del sistema. Bien aprendida la máxima peronista de “no sacar los pies del plato”.

Por el lado de la izquierda reformista, más precisamente las fuerzas que integran el FIT-U, se confirma, una vez más, su política electoralista, de aparatos que se proponen reemplazar el indispensable protagonismo del movimiento de masas. Son los mediadores del sistema. Toda la parrafada de documentos que elaboraron cuando se conoció el alza en la imagen de sus dirigencias, se diluye totalmente a la hora de las conductas políticas. Los famosos comités amplios que supuestamente propugnaban para construir una fuerza de masas independiente, se limitan a colaborar en las decisiones de los partidos de esa alianza, como se corroboró en las elecciones a constituyentes de la ciudad de Bariloche, en la cual festejaron haber conseguido una banca. Extraña manera de construir un proyecto revolucionario.

Dadas así las cosas, toda la discusión política se limita entonces a las campañas electorales para 2027. Ello es posible por una razón fundamental: la ausencia de la intervención del proletariado, particularmente la clase obrera, en la lucha política nacional.

Esta ausencia tiene razones históricas y actuales.

La clase obrera argentina viene de un proceso en el que la ideología burguesa penetró como un virus en la conciencia de la masa proletaria. Ese virus, inoculado por la burguesía y ayudado por las prácticas reformistas de la llamada izquierda, muestra sus efectos en la conciliación de clases y el respeto irrestricto a la institucionalidad del sistema. De esa forma, la clase de vanguardia se ha visto extraviada de su práctica histórica de clase, depositando la dirección de sus herramientas y de sus métodos en los sindicatos traidores y los partidos políticos del sistema. Los esfuerzos de los destacamentos revolucionarios (entre los que se cuenta nuestro Partido) por llevar al seno de las bases proletarias las ideas del comunismo y las políticas de independencia de clase, no han alcanzado todavía para que la experiencia proletaria rompa los muros de contención que la burguesía ha levantado, consciente de la necesidad de tener bajo su dominio ideológico y político a su clase antagónica.

Se suma a ello el ataque sufrido en estos años que apuntó a disciplinar a la clase obrera. El incremento de los despidos y cierres de empresas, los “retiros voluntarios”, el aumento de la explotación, el deterioro del poder adquisitivo del salario que obliga a contar con más de una ocupación para sostener a las familias proletarias, más los problemas sociales que acarrea esa situación, ha condicionado y condiciona la capacidad, la posibilidad y la disposición a la organización de las bases obreras. El golpe ha sido material, concreto, ha mermado las filas proletarias, ha desarmado familias, ha arrojado a la indigencia a miles de trabajadoras y trabajadores.

La resistencia de la clase se ha sostenido en estos años. Una resistencia que no logró todavía pasar a acciones ofensivas. Una resistencia que no pudo romper los límites de la lucha económica y avanzar hacia la intervención política de la clase de vanguardia.

Este análisis apunta a reafirmar cuáles son las necesidades que impone el actual proceso de la lucha de clases en la Argentina, y cuáles son las tareas que se desprenden del mismo.

Seguir atravesando esta etapa de resistencia requiere tener muy claro que la misma se extenderá más o menos tiempo, de acuerdo a la capacidad de intervención política de la clase obrera y el proletariado en general. Para ello, nuestro Partido y demás destacamentos que compartan esa necesidad, debemos persistir, mantener y profundizar la llegada de las ideas de la revolución, y las políticas que acumulen en ese sentido, al seno de las bases trabajadoras. Concentrar las fuerzas y la inteligencia, la acción, los planes de construcción y desarrollo del partido y de las organizaciones de masas, hacia el proletariado industrial y demás sectores.

Como parte indisoluble de lo anterior, arrimar, construir y organizar a sectores provenientes de otras clases de la sociedad dispuestos a asumir un puesto de lucha en las filas del Partido. Hacer realidad la máxima leninista acerca de la necesidad de que la política de la clase obrera llegue a otras capas y clases de la sociedad, como modo de contribuir a que dichas ideas no sólo ganen fuerza y consenso, sino también para que la clase de vanguardia tenga mejores condiciones de convertirse en clase dirigente de la revolución.

El hilo conductor de toda esta actividad es la táctica de organizar la rebelión desde las bases. Precisamente como salida ante la intención de la burguesía de limitar la lucha a los caminos electorales, buscando que los niveles de organización que se logren, por minoritarios que parezcan, sean el sustento para ampliar una base de masas que se involucren en una propuesta que apunte a derrotar el plan del gobierno desde el ejercicio de la lucha de clases en cada lugar donde se cometa una injusticia. Luchar contra las injusticias allí donde nos encontremos es la rebelión concreta que hoy pasa por organizarnos para enfrentar.

A las patronales, sus extorsiones, los despidos, las condiciones laborales, los bajos salarios; al avance policial en los barrios, la impunidad y prepotencia hasta con quienes buscan ganarse el sustento vendiendo en las calles; al sindicalismo traidor de nuestra clase y cómplice de las empresas; a las persecuciones y sumarios en los lugares de trabajo que buscan amedrentarnos; al ajuste en las jubilaciones y en la discapacidad; a los intentos de hacernos retroceder en nuestras conquistas y libertades políticas. Donde se produzca cualquier injusticia en contra de nuestras vidas, rebelarnos y organizar para sumar fuerzas en la lucha política contra la burguesía.

La complejidad de la situación nos obliga a mantener y acrecentar todas estas tareas como única salida ante la desorientación que importantes porciones las masas trabajadoras atraviesan, aportando a construir una salida verdadera, en el camino de construir el proyecto revolucionario que sea encabezado por la clase obrera junto a todos los sectores explotados y oprimidos.

 

Compartí este artículo

Deja una respuesta