Aumentos por productividad: mayor explotación a los trabajadores

02/11/2016
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Según el INDEC, en septiembre la actividad en la industria cayó un 7,3% y en la construcción 13,1%. Los datos de la recesión también se hacen notar en la recaudación impositiva; en octubre, la misma alcanzó un poco más de 167.000 millones de pesos. Comparado con octubre de 2015, esto significa que la recaudación creció un 24,2% interanual, mientras la inflación fue de más del 40%. Una diferencia de más de 16 puntos entre la recaudación y la inflación.

En lo que va del año, el gobierno nacional emitió deuda por casi 50.000 millones de dólares; casi un 10% del PBI. El proyecto de presupuesto para 2017 prevé más endeudamiento para el próximo año. Al final de 2016 se calcula que el total de deuda pública ascendería a un 50% del PBI, sin contar las deudas de las provincias y los municipios. Teniendo en cuenta esa parte de la deuda, algunos economistas la calculan en un 65/70% del PBI. Vale aclarar que estas cifras incluyen la deuda contraída tanto en el extranjero como en el país, con organismos oficiales como el Banco Central o la Anses.

La explicación gubernamental es que ahora tenemos acceso a los mercados internacionales. El gobierno anterior no seguía esa política, entonces financiaba su déficit con la plata de los jubilados y de los trabajadores en actividad. Unos y otros, como ejecutores de los planes de los monopolios al mando del Estado, emiten deuda, interna o externa, y lo que está claro es que esas deudas recaen en las espaldas de los trabajadores y el pueblo, nunca de la burguesía monopolista que la contrae.

El Gobierno anterior (como el actual) exprime a los jubilados y trabajadores y mete mano en sus bolsillos. La falta de créditos internacionales implicaba bonos, falta de obra pública y el pago de tasas más altas.

El plan del gobierno nacional es tirar la “pelota para adelante”; mientras los llamados “capitales golondrina” se están haciendo el festín con la emisión de deuda pública, el gobierno apuesta a que le vaya bien en las elecciones del año próximo para luego, con ese supuesto aval electoral, emprender el ajuste más profundo aún que el que ha podido implementar hasta aquí.

Dicho ajuste apunta al conjunto del pueblo argentino, pero en particular a la clase obrera. Y allí, no esperan elecciones sino que están comenzando ahora.

Los reiterados discursos presidenciales atacando las medidas de fuerza de los trabajadores y sus conquistas, no hacen más que ratificar que la llegada de las esperadas inversiones tiene como condición el disciplinamiento de la fuerza laboral y en ello el gobierno está poniendo todo su empeño.

El costo laboral argentino desvela a los monopolios y su gobierno no hace más que otorgar garantías de que se logrará ese objetivo sea por la vía reducción del ausentismo y la litigiosidad laboral, o por la vía de impulsar negociaciones paritarias en las que el parámetro para los aumentos salariales ya no sea la inflación sino por el aumento de la productividad, lo que implica, lisa y llanamente, el aumento de la explotación de la mano de obra.

Precisamente, en el día de hoy el diario La Nación publica un artículo en el que se anuncia que los gremios petroleros de Rió Negro, Neuquén y La Pampa, comandados por el sindicalista devenido empresario, Guillermo Pereyra, acordó esta modalidad que supone jubilaciones anticipadas, reubicación de trabajadores, ampliación de horarios de trabajo (el montaje y desmontaje de equipos podrán hacerse a la noche), modificación del tiempo de la jornada de trabajo, eliminación de las “horas taxi” que se pagaban por el tiempo que incurre un trabajador para llegar a los pozos petroleros, y uno de los más preciados reclamos empresarios: que “en una misma operación podrán darse tareas simultáneas a los efectos de hacer más eficientes los tiempos operativos”.

Ahora se entienda un poco mejor el porqué hace unos meses Pereyra anunció su jubilación y se vio obligado a dar marcha atrás en su decisión. Debía demostrar su último aporte a la causa burguesa y ratificar, por si hiciera falta, la traición a los trabajadores.

La noticia alude que también se están impulsando este tipo de negociaciones en los gremios SMATA, energía eléctrica y el de la marina mercante.

No es la primera vez en la historia política argentina que un gobierno burgués se propone recomponer la alicaída tasa de ganancia media emprendiendo un furibundo ataque contra las conquistas y derechos del proletariado en su conjunto, y en particular el industrial. Todo esto se desarrolla en el marco de la crisis estructural del capitalismo.

Afirmamos que, como en otras etapas de la lucha de clases en nuestro país, el problema de la burguesía es esencialmente político: una cosa es lo que se quiera y se acuerde por “arriba” y otra es la implementación de esos acuerdos por “abajo”.

La rebelión de las bases contra estos planes es solamente cuestión de tiempo; el intento de disciplinamiento de la clase obrera y trabajadores en general no es nuevo y la respuesta viene dándose en numerosas experiencias, en el medio de un proceso de fortalecimiento de nuevas organizaciones de trabajadores que luchan no sólo contra las iniciativas burguesas en sí sino también con las quinta columnas de esos intereses insertos en las empresas y lugares de trabajo en las que se han convertido las otrora organizaciones sindicales que deberían defender los intereses del proletariado y hoy juegan abiertamente contra los mismos.

Esta rebelión de las bases se dará cada vez más masivamente porque la burguesía no logra imponer su principal objetivo: el de doblegar las aspiraciones y reivindicaciones de vida digna de los trabajadores argentinos.

Sobre esta base material que presenta la lucha de clases se deben desarrollar las políticas independientes de los trabajadores, que apunten simultáneamente a la defensa de sus conquistas y derechos y al fortalecimiento de sus genuinas organizaciones y nuevas dirigencias que impulsen una nueva corriente sindical revolucionaria que erija un proyecto político de la clase obrera que convoque a todo el pueblo argentino, en el camino de la lucha contra toda la clase burguesa.

El desafío está planteado y los revolucionarios debemos estar al frente del mismo.

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