Construyamos verdaderos fortines de decisión soberana de la clase obrera

Durante las últimas semanas, la burguesía y su gobierno, nos viene bombardeando por todos los medios con propaganda y discursos «patrióticos» -montados en la euforia mundialista, por supuesto- pateando la pelota afuera y echándole la culpa de los males que padecemos a los «capitales malos» y/o «buitres»… tema sobre el que se podrá encontrar en esta misma página diversos artículos. (ver https://prtarg.com.ar/2014/06/18/unos-mientes-y-los-otros-ocultan-la-verdad/; https://prtarg.com.ar/2014/06/19/unidad-nacional-contra-los-fondos-buitres/; https://prtarg.com.ar/2014/06/22/todos-son-buitres-pero-nuestro-pueblo-no-es-carrona/; https://prtarg.com.ar/2014/06/27/hoy-se-depositaron-832-millones-de-dolares/) En definitiva, en cuanto apenas se recorre la propuesta patriótica la misma se sintetiza en que el Estado sigue depositando en las cuentas bancarias de empresas multinacionales, millonarios recursos generados por todo el pueblo, que van desde los jubilados hasta el último trabajador. Todo esto aparece muy decorado con alusiones a la «crisis», con el único objetivo de que sigamos trabajando con salarios cada vez más devaluados. Crisis es lo que viven las familias que no alcanzan siquiera a cubrir sus necesidades más básicas; crisis es la que sienten en el lomo los jóvenes trabajadores industriales que padecen todo tipo de traumas físicos producto de una superexplotación inhumana, crisis es la que sufren los miles de inundados en el norte de nuestro país, mientras en gobernador Uribarri disfruta los partidos de Argentina sentado en una cómoda platea en los estadios de Brasil… Por eso no nos cansaremos de señalar que la única salida humanitaria frente a la emergencia en que nos ha sumergido el capitalismo monopolista, es la revolución. En nuestro país, la lucha de clases aumenta su vigor. Los conflictos en todo el mapa industrial y manufacturero del país, nos muestran la decisión del proletariado a enfrentar los planes y la eterna política extorsionadora y terrorista de los grupos monopólicos, en su afán de hacernos bajar la cabeza, para garantizar la continuidad de su dominación y explotación. Y acá no hay verso que valga: las grandes corporaciones monopólicas no pueden ocultar que modernizan y amplían muchas de sus plantas, preparando planes de expansión y nuevos modelos de productos. Esta «contradicción» (lloran por la crisis pero gastan fortunas para producir más y más rápido) ha generado que en amplios sectores de la clase obrera se vean grandes avances políticos. Tal es así que las superestructuras políticas e institucionales del Estado burgués se caen a pedazos; se ha comenzado a rechazar el chantaje, se ha empezado a desenmascarar esta gran farsa. Por todo esto, sostenemos que hoy, la clase obrera se ubica en un nuevo escalón del espiral ascendente de lucha de clases, generando y promoviendo más vanguardia en su práctica; nuevas políticas de unidad por abajo; saliendo de la estrecha política que nos imponen las cuatro paredes de las fábricas; saliendo en la búsqueda de nuestros iguales en distintas plantas; buscando los ejes de unidad que nos permitan afrontar las actuales políticas de extorsión y preparándonos para la futura, e inevitable, confrontación política. Ellos buscarán hacer creer que «eso» es cosa de un pequeño grupo -como en las películas épicas-, pero los trabajadores sabemos que para cambiar la historia se necesita del concurso de millones, con una dirección revolucionaria a la cabeza. No es suficiente con el estado de ánimo de la vanguardia, su organización y su disponibilidad a la lucha; ésta debe estar respaldada con la organización para la movilización de masas. Organizaciones basadas en esas dos grandes virtudes de nuestra clase que son, la razón y el corazón; para que se extiendan como verdaderas redes por todo el mapa de cada planta fabril y centro de trabajo, e incluyan a las grandes mayorías de nuestros compañeros. Construyamos verdaderos fortines de decisión soberana de la clase; donde la inteligencia colectiva, que está profundamente enraizada en la práctica autoconvocada de nuestro pueblo, sea el único y verdadero soporte de aguante de las nuevas organizaciones que ya están en la marcha de la lucha.

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