Acerca de la conciencia social, el estado de √°nimo de masas y las ideas revolucionarias

08/09/2014
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En diferentes notas hemos planteado y desarrollado el problema del oportunismo y del reformismo, y con ello la profunda subestimaci√≥n a las masas pero, m√°s all√° de estas pol√≠ticas intencionadas y asentadas en conductas ideol√≥gicas ajenas al proletariado, se hace imprescindible afirmar y aclarar algunos conceptos te√≥ricos que aporten a fortalecer los ‚Äúanticuerpos‚ÄĚ en lo relacionado al tremendo mal que genera la subestimaci√≥n a las masas y el idealismo que lleva a despegar de lo material, y toda su complejidad, en su interrelaci√≥n con el aspecto subjetivo.

Así, es necesario afirmar el problema de la conciencia, por un lado, y el estado de ánimo, por el otro; que si bien lo uno es parte de lo otro, no son lo mismo.

La filosofía idealista interpreta la conciencia como algo independiente del mundo objetivo, y como creador de éste; convirtiendo a la conciencia en una esencia divina y misteriosa que no tiene nada que ver ni con el hombre ni con la naturaleza, y la considera el primer fundamento de todo lo existente.

En oposici√≥n al idealismo, el materialismo comprende a la conciencia como reflejo de la realidad. La conciencia es social por naturaleza; nace, se forma y desarrolla como parte de la actividad pr√°ctica, social del hombre, se incluye en esa actividad y es el aspecto de la interrelaci√≥n entre el objeto y el hombre, interrelaci√≥n que se da en la actividad pr√°ctica material. La conciencia ‚Äúes un producto social desde el principio mismo y seguir√° si√©ndolo mientras existan los hombres en general‚ÄĚ (Marx-Engels).

Las formas de la conciencia social no pueden ser reducidas a la conciencia individual, y la función esencial de la conciencia no reside sólo en orientar correctamente al hombre en el mundo que lo rodea, sino también contribuir sobre la base de la experiencia a modificar el mundo real, a transformarlo.

Ahora bien, la conciencia que van adquiriendo las masas es, en esencia, la experiencia acumulada en a√Īos y d√©cadas de pr√°cticas sociales, transmitidas de generaci√≥n en generaci√≥n, ya sea por su relaci√≥n con los medios de producci√≥n como las causas y efectos que generan la lucha de clases. Lo cual no significa que su expresi√≥n material, como resultante, se muestre por etapas o abruptamente de un d√≠a para otro. Una cosa es que sea perceptible en todo su proceso y otra es que aparezca s√ļbitamente en los fen√≥menos trascendentales donde en una lucha, por ejemplo, se condensan a√Īos de acumulaci√≥n, como dir√≠a Lenin.

El estado de √°nimo, en cambio, se asienta sobre la base de la conciencia. Pero muchas veces se confunde conciencia con estado de √°nimo. √Čste es un estadio que refleja la conciencia y que puede cambiar de un momento a otro dependiendo de m√ļltiples factores, pero que est√°n, en general, regidos por la conciencia adquirida socialmente. Por ejemplo, puede existir una situaci√≥n de mucha bronca, como sucede hoy en nuestro pa√≠s; pero la ausencia o insuficiencia de una salida pol√≠tica que se exprese justa, que aporte claridad en el camino a seguir, y que indique la correlaci√≥n de fuerzas favorable al golpe que hay que dar, hace tomar prudencia, no desata la bronca contenida, y desde lo superficial hasta parecer√≠a que se est√° conforme en c√≥mo est√°n las cosas que est√°n mal, y hasta pareciera que hay un ‚Äúatraso‚ÄĚ en la conciencia (y a veces resulta, por el contrario, que es por mucha claridad que no estalla la bronca).

En otras ocasiones el malestar desborda mayoritariamente y estalla; y aunque se lo catalogue, con justicia o no de espont√°neo o intuitivo (otro aspecto m√°s de la psiquis social) todo est√° parado sobre la base de la conciencia colectiva.

Visto as√≠ hay aspectos en que las vanguardias revolucionarias debemos jugar un papel fundamental. En primer lugar, con la propagandizaci√≥n y difusi√≥n de las ideas revolucionarias. √Čstas ayudan a elevar la conciencia social, pero la propaganda es limitada sino se juega el papel de organizador y motorizador sobre la experiencia ya adquirida de las masas; se encuentre el nivel de conciencia en el estadio que sea. Por ello la acci√≥n de las vanguardias son determinantes, pero no desfasado de las experiencias. Siempre un paso delante de las masas, no m√°s; pues cuando nos colocamos, sobre todo desde la metodolog√≠a, mucho m√°s adelante, en √ļltima instancia es porque la tendencia es reemplazar a las masas, lo cual ya implica un alto grado de subestimaci√≥n; y cuando nos ponemos a la par nos trasformamos en populistas, lo cual encarna una subestimaci√≥n a la capacidad transformadora de la conciencia que la propia humanidad tiene.

Por ello las auténticas vanguardias son aquellas que provienen del más profundo sentimiento de masas, se las conoce, se está fundido en ellas, son parte de ellas, y comprenden cuándo y cómo orientar y actuar. Por eso son vanguardias, porque están avanzadas en función de la conciencia ya lograda, pero también de la necesidad de la salida que exprese los cambios de fondo.

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