Mayo de 2015, mes del 50 aniversario del PRT

Termina hoy el mes de mayo de este año, 2015. Mes en el que nuestro Partido ha cumplido 50 años de vida junto a la lucha de la clase obrera y el pueblo. Publicamos a continuación un artículo que ha sido incluido en la edición N°1001 de nuestro periódico, El Combatiente.  las fotos que ilustran esta nota, corresponden a un mural realizado días atrás en la provincia de Neuquén.

«El 25 de mayo de 1810 constituye el hito simbólico del comienzo de la lucha revolucionaria del pueblo argentino para liberarse de la corona española.

Un siglo y medio más tarde, con la clase obrera como dirigente de todo el pueblo, las masas argentinas, con un proyecto revolucionario en manos de su vanguardia, avanzaban con sus luchas hacia la conquista de la liberación de toda explotación.

Nuestro Partido nace el 25 de mayo de 1965 como expresión de la necesidad histórica que las masas trabajadoras tenían de contar con un proyecto revolucionario capaz de conducirlas hacia la toma del poder, para lograr la tan ansiada libertad y posibilidad de desarrollo de la mayoría de la población que venía sufriendo, desde siglos, la explotación, la miseria y la indignidad.

El Capitalismo trabaja sin descanso en el intento de imponernos una forma de pensar, de cómo analizar la realidad que vivimos. Su finalidad es envenenarnos con un pensamiento idealista, en donde todo transcurre “evolutivamente”, siguiendo un destino inmodificable. Tratan de cortar de cuajo cualquier sentido crítico, cualquier cuestionamiento al «orden natural».

En esta línea, el sistema educativo que promueve la dominación burguesa nos «enseña» la Historia como una simple sucesión de hechos del pasado, sin ninguna vinculación con nuestro presente. Esa historia oficial esconde sistemáticamente la acción colectiva, el protagonismo popular, y cuando no puede evitarlo, muestra los acontecimientos de una manera que impida vernos reflejados, como si miráramos algo extraño a nosotros, cosas que les pasaron a otros y que nos son totalmente ajenas. Y si así actúan a la hora de no contar la historia del pueblo, no es difícil imaginar lo que hacen si de su enemigo de clase se trata.

Pero para la clase obrera hay otra Historia, construida de generación en generación, en donde pasan los relatos, las vivencias, las grandes epopeyas, los triunfos y las derrotas. Allí conviven los más altos gestos de heroísmo y solidaridad, y las más viles entregas y traiciones. Al contrario que en la historia oficial, nada es ajeno, nada le pasó a otros, todo es transmitido y vivido haciendo hincapié en la experiencia colectiva, en la vinculación directa y continua.

Es esa la razón por la que abriendo los muros del silencio y la desinformación, los hechos salen a la luz, sus protagonistas renacen de múltiples formas, ya sea desde las páginas amarillentas por los años, desde ajadas fotos, desde el más simple de los recuerdos.

El pasado deja de ser lejano y con la velocidad de un rayo se acerca presuroso al aquí y ahora, recobrando su auténtica forma, reviviendo en los corazones y las cabezas inquietas que, porfiados, una vez más, quieren saber de qué se trata.

Y por más que la burguesía quiera limitar este redescubrimiento de las masas y su historia, persiguiendo esa búsqueda vital, queriendo congelarla, desgastarla, volverla a matar, ya perdió la partida: la Historia es tomada, contada y vivida por sus protagonistas, convirtiéndose en arcilla para moldear el futuro, en verdaderas huellas que marcan el camino.

UN PARTIDO REVOLUCIONARIO

Este mes de Mayo está cargado de símbolos nacidos desde las entrañas del pueblo que reivindican una vida de lucha, esperanza y decisión por una sociedad justa: las jornadas de 1810, la gloriosa lucha de los trabajadores el 1° de Mayo, la búsqueda incesante por la unidad de nuestra clase obrera expresada en el Cordobazo de 1969, y la constitución -el 25 de Mayo de 1965- del Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Consideramos importante para las nuevas generaciones, detenernos un instante ¿en qué contexto histórico nace el PRT? Aquel mayo de 1965 transcurría a diez años del golpe del ’55, a 8 años del desengaño Frondicista -que pasó del discurso “desarrollista” al Plan Connintes (Conmoción Interior) llenando las cárceles, persiguiendo al pueblo, reprimiéndolo-; aquel mayo de 1965 transcurría a 2 años del gobierno de Illia votado por un 25% del electorado, con proscripciones y acuerdos con las Fuerzas Armadas.

La situación de los trabajadores era de estado de alerta y movilización. La resistencia de finales de la década del ´50 estaba signada por la acción individual, los sabotajes, la tiza y el carbón; y había madurado en acciones colectivas, tomas de fábricas, ocupación de barrios y movilizaciones masivas. La lucha salía hacia fuera y tomaba estado público.

El nuevo proletariado instalado en la industria automotriz y siderúrgica, superaba su juventud e inexperiencia haciendo base en su fuerza colectiva, apoyándose en todo el pueblo y socializando las enseñanzas de cada conflicto.

La Revolución Cubana demostraba que era posible la victoria del pueblo, y sus logros y avances, como sus dificultades y bloqueos, eran vividos como propios.

Las reivindicaciones rompían los moldes de la petición o la demanda. Eran consideradas como parte de una lucha más profunda, del combate de fondo de dos clases; la contradicción Capitalismo-Socialismo ponía una divisoria de aguas que arrinconaba al reformismo y al oportunismo.

El avance del Capitalismo Monopolista destruía fuerzas productivas y la concentración expulsaba a miles y miles al exilio interno, a la migración. La injusticia y la explotación también eran enfrentadas a sangre y fuego en el interior del país. Los trabajadores azucareros de Tucumán y de todo el Noroeste estaban en lucha permanente.

Todo esto es lo que de alguna manera “empuja” la creación de un Partido Revolucionario. Y aquel minúsculo pero decidido grupo de fundadores, comienza a darle forma a una herramienta que se funde con las aspiraciones y necesidades de la clase obrera. Desde Santiago del Estero a Tucumán y Salta, desde Córdoba a las Riberas del Paraná, Mendoza, el Gran Buenos Aires, comienza a crecer una alternativa política de los trabajadores para todo el pueblo.

Su papel destacado va erigiendo en un corto plazo, a sus hombres y mujeres en dirigentes queridos y admirados. Desde Mario Roberto Santucho, hasta los «desconocidos» obreros de los cordones industriales, o los dirigentes barriales, estudiantiles e intelectuales.

Todo ese fervor revolucionario se sintetizaba en la propuesta de la construcción del socialismo, que enarbolamos como bandera desde nuestros orígenes. Grandes sectores de la vanguardia obrera y popular se incorporaron a ese proyecto revolucionario y es así que nuestro Partido se gravó en forma indeleble como opción de dirección política hacia la toma del poder.

Intensa y rica es la experiencia de este Partido, en la que se transitaron triunfos y también derrotas, pero siempre manteniendo una conducta de lucha y compromiso con las masas, con la convicción inquebrantable en el triunfo histórico de la revolución.

Como decía un compañero hace algunos años, la eliminación física de toda la Dirección histórica sea acaso el dato más revelador de hasta dónde le jodía a la burguesía el PRT. O ¿por qué sino, en Julio de 1976, clausuraron el diario Crónica por difundir el asesinato de Santucho y los demás compañeros, temerosos de las posibles repercusiones? «Lo que el PRT dice, lo hace» era la síntesis que corría de boca en boca, a la hora de definir qué clase de organización necesitaba la vanguardia obrera y popular.

Con el golpe de Estado de 1976, la burguesía monopolista creyó que se entronaría para siempre en el Estado y que jamás sería desplazada. Cantó glorias vociferando a los cuatro puntos cardinales que había derrotado para siempre a la amenaza revolucionaria que osó cuestionarle el poder. No se imaginaba que años más tarde sufriría un nuevo embate, que la sumiría en una nueva crisis política.

A poco más de siete años, empujada por la presión y la movilización de las masas que no habían sido derrotadas, debió desistir de esa forma de dominación y abrir un proceso electoral que significó otra calidad en el enfrentamiento de intereses entre su clase y el pueblo, que adquiría una forma más intensa aún.

En ese contexto nuestro Partido avanzó en un proceso de reconstrucción que le llevó duros años de trabajo contra el pulular de todo diversionismo ideológico y político en el que se enseñoreaban las ideas de “la muerte de las ideologías”, “la desaparición de la clase obrera”, “la eliminación de la lucha de clases”, “la aparición de las multitudes como los nuevos sujetos sociales”, “el reemplazo de los partidos revolucionarios por los movimientos sociales”, “la teoría del caos”, las mil y una noches y otros cuentos.

La lucha de clases tiene avances y retrocesos, victorias y derrotas, pero su curso es irremediablemente único y tiende a la profundización de las contradicciones insalvables del sistema capitalista.

Los años transitados hasta hoy, fueron acrecentando la crisis política de la burguesía en el poder, y nuestro pueblo ha ido generando nuevas vanguardias, nacidas a la luz del descrédito de toda opción política del sistema, y de toda una experiencia nacida desde la práctica de la autoconvocatoria, la acción independiente, la institucionalización de la democracia directa y la asamblea para tomar decisiones.

UN PROYECTO REVOLUCIONARIO

Mal que le pese a la oligarquía financiera y a todo su circo de políticos serviles, las causas que dieron origen al PRT allá por 1965, no sólo siguen existiendo sino que se han agudizado: la explotación y la más cruel postergación de nuestro pueblo.

No hay cobijo bajo la misma bandera con los explotadores, entregadores, asesinos y ladrones de toda la riqueza que producimos con nuestro trabajo. Nada tiene que ver con el pueblo esa lacra de la sociedad que constituye la burguesía y la llamada “dirigencia política” a su servicio. Sólo nos cabe el enfrentamiento hasta lograr su derrota definitiva.

Y nuevamente, aquellas necesidades: el partido revolucionario, una estrategia hacia la toma del poder y un proyecto revolucionario, crecen. Y vemos, sentimos, vivimos en la incorporación de nuevos contingentes del pueblo a la lucha revolucionaria, que tanta entrega y tanto compromiso no han sido en vano.

La Revolución no la hace un Partido, la hacen las masas con su protagonismo. La Revolución la hacen las masas, pero sin la decisión y la dirección de la clase obrera y su Partido, no existe disputa de poder. El proletariado es la columna vertebral de un proyecto revolucionario basado en el poder del pueblo, pero sin una organización política que reúna y sintetice su acción, no hay unidad, ni poder, ni protagonismo.

Esta misma necesidad, cincuenta años después, no sólo no ha desaparecido. Día a día crece la importancia de un Partido Revolucionario, de una vanguardia obrera que se disponga a dirigir la lucha política, en momentos que la lucha de clases se extiende y se profundiza, desde los más sentidos reclamos del pueblo.

Hartos de tanta mentira y explotación, las nuevas vanguardias obreras y populares están a la búsqueda de una salida, y nuestro Partido se yergue como opción revolucionaria dispuesto a la lucha por el poder y la revolución socialista.

¡¡Vivan los 50 años del PRT!! ¡¡La Revolución está en marcha!!!»

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