La base material de la producción nos marca el camino hacia la organización

28/08/2016
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Vivimos un tiempo histórico de la lucha de clases, como siempre afirmamos, sumamente complejo, donde, dejarnos arrastrar por lo formal o la simpleza de cómo se expresan los fenómenos, no nos permite ver la profundidad y esencia necesaria para que nos lleve, más tarde o más temprano, hacia actitudes que empujen y orienten hacia los verdaderos cambios revolucionarios.

En este peque√Īo art√≠culo vamos a proponernos en insistir en por qu√© es imprescindible la necesidad de nuevas formas de organizaci√≥n de masas capaces de estar a la altura que demanda la organizaci√≥n en esta etapa de la lucha de clases. En un momento hist√≥rico donde las metodolog√≠as se constituyen en una cuesti√≥n espec√≠ficamente pol√≠tica e ideol√≥gica. Sin volver a recalcar que, como todas las cosas, durante un tramo de los grandes cambios parte de lo viejo va a convivir con lo nuevo (y no por mucho tiempo) hasta que este se imponga.

Si consideramos importante reafirmarnos en que los niveles de sociabilización de la producción adquiridos son la base material de los cambios que se necesitan dar en el terreno de la organización social y política de la clase obrera.

Como dir√≠a Carlos Marx: ‚ÄúLa ciencia ha de ser explicada por las transformaciones de la producci√≥n material‚Ķ.siendo la producci√≥n la base de todas las relaciones sociales‚ÄĚ.

El capitalismo en sus casi 500 a√Īos a lo largo de su existencia, y producto de la necesidad de incrementar sus ganancias, se vi√≥ forzado al desarrollo de nuevos estadios de producci√≥n. Cambios en las ‚Äúformas‚ÄĚ de producci√≥n de car√°cter t√©cnicos con el √ļnico fin de sobreexplotar a√ļn m√°s a la clase obrera. As√≠, la burgues√≠a fue pasando, desde la I Revoluci√≥n Industrial, al taylorismo, al fordismo, y de √©ste, al toyotismo. Procesos que, por otro lado, nunca fueron tan limpios para la burgues√≠a como ellos pretend√≠an: esto trajo consigo grandes cuestionamientos y condicionamientos por parte del proletariado y sus luchas. Fue en el devenir del toyotismo donde se produjo una revoluci√≥n tecnol√≥gica con la irrupci√≥n de la era de la cibern√©tica, donde fundamentalmente el capitalismo la impuso en el desarrollo de la producci√≥n industrial de bienes y servicios, con un tremendo desarrollo de la computaci√≥n, la tecnolog√≠a y la inform√°tica, lo que dispar√≥ en un salto descomunal en las comunicaciones.

L√≥gicamente esto trajo una modificaci√≥n en las maquinarias para la producci√≥n, y por ende en la organizaci√≥n colectiva para el trabajo. El v√©rtice (los planes productivos de la empresa) tuvieron que bajarse a ‚Äúconvivir‚ÄĚ al llano de la ejecuci√≥n productiva, lo cual hizo que en la organizaci√≥n piramidal de una empresa la c√ļspide tuvo que acatarse en las decisiones t√©cnicas, y en los productores (proletariado) se masific√≥ el conocimiento y la participaci√≥n de casi la totalidad del circuito productivo de la f√°brica. Es decir, una sociabilizaci√≥n del trabajo con un gran desarrollo horizontal pero con una contradicci√≥n insalvable: mayor sociabilizaci√≥n, mayor s√ļper explotaci√≥n.

Tal vuelco tecnol√≥gico va a incidir en el desarrollo de una Humanidad interactuada donde las comunicaciones pasan a ser una herramienta que no s√≥lo es exclusiva de las clases dominantes. Ya no se pueden proscribir las ideas como antes; y m√°s a√ļn, se constituyen en herramientas que aportan a la organizaci√≥n social.

Y ah√≠ volvemos a Marx: ‚ÄúEl modo de producci√≥n de la vida material condiciona en general los procesos de la vida social, pol√≠tica e intelectual. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, al contrario, es el ser social lo que determina su conciencia‚ÄĚ.

Tales transformaciones de ninguna manera significan que las masas por s√≠ solas van a orientarse hacia una revoluci√≥n, pero s√≠ van a adoptar nuevas pr√°cticas donde en su esencia son revolucionarias, constituy√©ndose en las formas m√°s amplias de organizaci√≥n, participaci√≥n y toma de decisiones. Estos acontecimientos fenomenales readecuan, acondicionan, reeditan la democracia directa tambi√©n en un plano m√°s elevado que en otras etapas de la Historia. Una democracia directa que comienzan a ejercer las masas que pujan y pujan contra todo tipo de mecanismos sociales, pol√≠ticos, hasta de formas, de concebir las relaciones familiares verticales, de aparatos reemplazantes de las decisiones colectivas, y m√°s a√ļn del autoritarismo (se exprese como se exprese) m√°s all√° de las ‚Äúintencionalidades‚ÄĚ.

De esto, claramente, el debate de ideas que ser abre es muy grande. Pero un hecho certero es que el capitalismo monopolista de Estado perfeccion√≥ a su sepulturero: el proletariado. Y fue m√°s all√°: lo provey√≥ a √©ste de elementos extraordinarios de unidad con el resto del pueblo para el inicio y construcci√≥n de una nueva sociedad donde la revoluci√≥n es una obra de las masas que coloca el papel del partido revolucionario en el lugar que le corresponde: el de orientar y organizar la lucha de clases hacia la toma del poder. En otras palabras: la funci√≥n esencial de perge√Īar un proyecto revolucionario. De lo contrario, las utop√≠as son utop√≠as; es decir, un espejo existencial donde un grupo organizado se mira sus bellezas como hoy lo hace el reformismo y el populismo: una nueva forma de contrarrevoluci√≥n.

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