Coloquio IDEA: un acto de fe

14/10/2017
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Desde su aparición como formación social, el capital se presenta a sí mismo como el motor de las transformaciones sociales. Sin capital no hay progreso –dicen- y sin empresarios arriesgados, decididos y firmes, tampoco. Todo ello, acompañado de una sobreabundante propaganda que pretende mostrar sus objetivos de reproducción de las condiciones de explotación, que hoy viene de la mano de las reformas laborales, como se expresó con toda claridad en el artículo de ayer; y pretendidamente exponerlos como los objetivos de toda la sociedad. Es decir, pretenden que toda la clase obrera y el pueblo suscriban a estas condiciones políticas y económicas que -salta a la vista- sólo benefician al propio capital monopolista y la misma realidad lo reafirma minuto a minuto.

Se presentan a sí mismos como un fetiche del que depende el devenir y la realización de la justicia eterna, al cual hay que adorar y depositar en él las perspectivas de una sociedad más justa. Estos dioses de las calamidades de la humanidad sueñan con un nuevo olimpo que desde su justeza divina repartan los dividendos y las rentas, la plusvalía enajenada a los trabajadores y determine las condiciones de vida de millones de personas, que no hay que dejar de afirmar, son cada día mas angustiantes.

Este nuevo olimpo, que obedece a la necesidad de centralizar políticas de profundización de la explotación de la clase obrera, también tiene su talón de Aquiles. Porque en la centralización de estos planes de superexplotacion la burguesía monopolista se juega más que sus ganancias, se juega las condiciones de reproducción de su existencia como clase dominante. Y este es -precisamente- el aspecto central de toda la parafernalia mediática, y el que subyace detrás de todo este conjunto de medidas que atacan a la clase obrera. Por ello sueñan con 20 años de continuidad, como afirma Macri.

El coloquio de IDEA es precisamente una clara expresión del marco de centralización que pretenden. Simultáneamente con los aditamentos propagandísticos e ideológicos de los que está acompañado para darle un perfil de sobriedad y decisión -poniéndolo como un grupo de buenos muchachos honestos y preocupados por el futuro de nuestro pueblo- este enjambre de Ceos es un organismo político que concentra la decisión de ir a fondo por sus planes. Allí no sólo de debatieron las políticas para implementarlas sino, hasta el rol que deberá jugar el mismísimo parlamento y los gremios. Los contornos del Estado burgués -enteramente al servicio de los monopolios- pero carente de capacidad de centralización efectiva, son tironeados desde esta nueva institución, por decirlo así.

Allí, la burguesía monopolista dio lugar a la incorporación de hecho de un nuevo órgano de decisión política que se pone al frente, lo subordina -como órgano de sometimiento de clase- a sus planes más reaccionarios, pues allí también la mención a enfrentar los paros con represión no estuvo ajena.

No solamente se han dado cita los núcleos más decididos del poder monopolista, sino también una caterva de parlamentarios de la oposición y el oficialismo, la cofradía de gremialistas que desde discursos críticos, pero pusilánimes, pretenden excomulgar sus culpas frente al significado de la implementación de estos planes de sobrexplotación, los veedores internacionales -es decir, expresiones del capital monopolista mundial-, que atestiguan sus mismas intenciones  y obviamente los voceros de prensa, los mercenarios de siempre.

Solo hay que decir que de este modo la burguesía monopolista pone las cartas sobre la mesa y reafirma su ataque.

En este marco de la lucha de clases, simultáneamente se entremezclan la ofensiva y la resistencia, que contiene a un generalizado estado deliberativo con la búsqueda y la implementación de nuevas formas de organización de base y la búsqueda de precisiones políticas claras; donde aún la dispersión de las luchas predomina por sobre la unidad de clase y que -frente a esto- la burguesía monopolista se muestra precavida, temerosa de la crisis política y carente de certezas.

La unidad política de la clase obrera y el pueblo, desde las bases, desde el corazón de las secciones de la fábricas, desde las organizaciones barriales, expresando la voluntad política de enfrentar como un solo puño  estos planes, puede llegar a darles un golpe demoledor. La conformación de ello es una tarea indelegable, una necesidad impostergable de los revolucionarios.

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