Cuando todo parecía “encarrilarse”…

“El ministro de Economía reaccionó a la forma en que el BCRA comunicó las nuevas limitaciones para la compra de dólares bursátiles en el sector agropecuario” (Ámbito, 21 de setiembre de 2022)

No vamos a aburrir a nuestros lectores y lectoras con más de lo mismo. Pero tienta plantear que la crisis política de la burguesía es estructural.

Euforia en los mercados, caída de los mercados. Euforia por las resoluciones del ministro de economía con el dólar soja, depresión sistémica en las cuevas del Banco Central. Marchas y contramarchas. Medidas duraderas que rápidamente se transforman efímeras. ¿Dónde quedó el sistema capitalista que “pensaba” en décadas hacia adelante?

Desde el dólar “soja” a hoy ni el mundo es el mismo ni nuestro país es el mismo.  ¡¡Si!! Hablamos de días, no de años, ni lustros o décadas.  Hoy Putín habla de 300.000 reservistas para la guerra; en EEUU y Europa se habla de subir las tasas de interés; en China la recesión se adelanta al mundo; y nuestro país no está a la zaga de un futuro negro contado por horas.

Pero a decir de verdad (y de lo que no se habla en un mundo capitalista tan “volátil”) es de la lucha de clases.

Hablemos de todo, menos de lo que hay que hablar.

En realidad, se hable o no se hable, la lucha de clases existe y a veces ese silencio en la historia ha sido premonitorio de grandes cambios, de nuevas calidades en los procesos de cambio. ¿Cuántas situaciones se produjeron sin “avisar” pero avisando? Miremos nuestra propia historia y recorramos un 17 de octubre, un Cordobazo, un 2001, muchísimas expresiones de luchas de clases que se expresaron en distintos contextos.

Pero hoy -y como no puede ser de otra forma- la lucha de clases se expresa con bronca acumulada, con desconfianza a todo lo que viene de “arriba”, a la incertidumbre permanente, a la enajenación imperante, y en el “la plata que no alcanza”…

Claridad de muchos y muchas de lo que ya no se quiere, pero a diferencia de las últimas décadas las clases se van expresando a cara descubierta, sin tantos grises de la “conciliación de clases” que nos intentaron imponer.

Hay inquietud por conocer el devenir de la sociedad y en ello hay algo que también está cambiando: las ideas revolucionarias están haciendo pie embrionariamente en la clase obrera y ese no es un dato menor.

Cuando las ideas revolucionarias comienzan a ser sentidas por las avanzadas de la clase también comienzan a golpear en el arriba, en las instituciones. Son tareas revolucionarias complejas, difícil de hacerse camino, pero hoy el signo es de acumulación, de debate entre obreros y obreras que escuchan con atención lo nuevo, lo revolucionario.

Esos silencios que mencionábamos están pesando en el ambiente de la lucha de clases y se hacen sentir con mayor rigor cuando los revolucionarios estamos trabajando intensamente para transformar esa indignación en más lucha, más organización por lo que reclamamos hoy y -a la vez- presentando nuestro programa de poder, de acumular hacia la revolución socialista.

Empezamos esta nota mencionando la crisis de estas horas entre el ministro de economía y el Banco Central. Crisis estructural en lo político y en lo económico. Pero, a decir verdad, mientras Massa y Alberto Fernández viajan por el mundo mostrando un certificado de pobreza, saben muy bien que los negocios de hoy están asentados en un barril de pólvora que recorre los hogares de trabajadores y trabajadoras de nuestro país.

Por eso la embajada de EEUU insiste en el diálogo por arriba, en el diálogo a espaldas del pueblo que permita enjuagar los negociados de estas horas en favor de automotrices, mineras, agroindustrias, etc. Tienen en claro que necesitan centralización política pero la vida es más fuerte y el conflicto político no tarda en aparecer.

¿Papelón o crisis? Nos volcamos por la segunda y es allí en donde la política reformista se transforma en antagónica con la política revolucionaria.

Se trata de una pelea por la foto con el embajador, ya sean políticos, jueces, gremialistas… para encontrar una respuesta común contra los intereses populares.

Mientras que de este lado de la barricada trabajamos intensamente por la unidad por abajo, de la clase y el pueblo con las nuevas metodologías democráticas que la propia lucha y experiencia de van aplicando.

Las y los revolucionarios aspiramos y a la vez trabajamos en esa idea madre de la lucha por el poder y ése es el objetivo al que nos lleva la organización de la lucha de clases que germina y es lo nuevo de este proceso de resistencia.

Hay que persistir una y otra vez en resolver las dificultades que la lucha revolucionaria conlleva en estas épocas, pero siempre teniendo presente que no hay conciliación de clases y que todo proyecto que se llame revolucionario debe estar basado en esa premisa.

Confianza en esta resistencia que crece y a la vez confianza cuando elevamos el grado de conciencia revolucionaria en las avanzadas de la sociedad.

Las aspiraciones de cambio coinciden con las aspiraciones de unidad por abajo, se llevan de la mano, esa es la ventaja histórica y sobre ella hay que trabajar.

Por arriba es el signo contrario: a sus disputas por intereses mezquinos de ganancias se les suma la disputa de clase. La tendencia es a la descentralización política y ese es el punto débil al cual hay que atacar con cada vez mayor masificación del descontento y el reclamo en el orden económico y político hacia los cambios que exigen la dignidad de la sociedad humana.

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