Conflicto en Megaflex, parque industrial Burzaco

La empresa Megaflex produce membranas, pinturas, emulsiones y todo tipo de impermeabilizantes.

Es la principal empresa de fabricación de membranas en el país.

En el año 2017, la firma Saint Gobain “tomó el control” de Megaflex. O sea, la absorbió en términos reales de la puja de capitales.

Saint-Gobain es una empresa multinacional de origen francés, fundada en el siglo XVII cuando empezó como compañía vidriera. En la actualidad fabrica materiales para estructuras y construcción de alto rendimiento, con más de 180.000 trabajadores (a 2018) a nivel global, y es dueña de marcas como Weber, Isover, Leca, Sekurit, Plaka Yeso, Tekbond, Norton, entre muchas otras.

En el primer trimestre de 2022 tuvo récord de ventas, tal como lo informan en su propio sitio web. Solamente en España tiene más de 5.000 empleados, 31 fábricas, más de 45 centros de distribución de materiales de construcción, y más de 250 talleres de reparación y sustitución de vidrios para automóviles.

Y allí, como parte de semejante consorcio multinacional aparece la fábrica de Megaflex, ubicada en Drago 1760, Burzaco, al sur de la provincia de Buenos Aires.

Cabe aclarar que la firma tiene como política desconocer cualquier tipo de representatividad de los trabajadores, situación que también ha sido denunciada en otras fábricas.

En Burzaco trabajan 140 personas en relación de dependencia directa con Saint Gobain, más 12 personas en limpieza, 6 en el comedor, otras tanto en mantenimiento. “Acá trabajan unas 200 personas” comentan los trabajadores, que el día lunes de esta semana iniciaron un plan de lucha, luego que la empresa dejara cesante el viernes 11, sin ningún tipo de aviso formal ni informal, a 12 trabajadores de forma absolutamente injustificada, ya que la compañía no presentó ningún preventivo de crisis, aunque –como siempre- aducen “déficit económico”.

El conflicto mantiene parada la fábrica. Los trabajadores sostienen el plan de acampar en la puerta ante el silencio de la compañía. El miércoles se presentaron oficialmente en el Ministerio de Trabajo de la Nación para buscar una solución en el conflicto, ya que denuncian que “la empresa armó un circo para decir que no hay trabajo, pero es mentira. Se viene stockeando desde hace meses para crear esta situación”.

Por otro lado, además del reclamo por los recientes 12 despidos, los trabajadores denuncian que la gran mayoría de los que allí trabajan “tienen serios problemas de cintura”, algunos de ellos operados y con la necesidad de asistirse con bastón, debido al esfuerzo físico que implica trabajar todo el tiempo con el peso de los rollos de membrana.

Sumado al trabajo insalubre, son corrientes las hernias de disco y las lesiones en hombros, manos y muñecas por realizar tareas pesadas, condiciones por las que han exigido y logrado mayores medidas de seguridad.

Esto lleva a que los trabajadores despedidos vean muy difícil hacia adelante poder conseguir trabajo por estar “rotos”, situación ésta que se repite en distintas ramas de la producción como una muestra más de la superexplotación y la flexibilización laboral.

Cuando hace más de dos meses los trabajadores intentaron abrir algún tipo de diálogo con los responsables de la firma, la respuesta fue el despido. Algunos de ellos con más de 25 años de empresa.

En esencia, la empresa lo que quiso fue intentar pasar por arriba a los trabajadores violando inclusive una serie de conquistas transformadas en ley (aviso previo, liquidación, justificación, etc.) como una forma de disciplinamiento a la lucha que ya se venía llevando adelante.

“Vamos a pelear acá en la calle”, dice uno de los trabajadores en la puerta de la fábrica.

Y esa decisión y espíritu de resistencia es el que tenemos que apoyar, difundir, solidarizarnos y acompañar desde nuestra clase.

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