¿Qué hay detrás del conflicto en Medio Oriente?


La ofensiva de Hamas sobre Israel la semana pasada, y la respuesta genocida de Israel, ocupan el centro del debate internacional por estos días. Los motivos son variados: a los pueblos del mundo lo que nos interesa de manera inmediata es que se detenga el genocidio que Israel está perpetrando sobre la Franja de Gaza, pero las preocupaciones de la burguesía, son muy diferentes.

Es que detrás de cada bomba arrojada, hay un conflicto en lo que podríamos denominar como la disputa EEUU-China, que si bien no se limita a esos dos Estados –sino más bien a los capitales que allí operan- podríamos decir que condensan un enfrentamiento imperialista, que excede largamente tanto a China como a Estados Unidos.

Para entender el campo de batalla en medio oriente, es preciso observar la relación entre Irán y Arabia Saudita.

Ambos países tienen una rivalidad histórica por la hegemonía en la región. Esta rivalidad tiene antecedentes religiosos, entre Chiítas y Sunitas, dos ramificaciones del islamismo, expresión de las disputas por la herencia política de Mahoma y los califatos.

En la época de los Estados modernos, el conflicto religioso, de larga data, tomó nuevo impulso en 1979, cuando la Revolución Iraní convocó a los pueblos musulmanes a derrocar las monarquías islámicas, enfrentándose así a países como Kuwait, Irak y Arabia Saudita. El conflicto se extendió como una guerra subsidiaria. En otras palabras, ambos países se enfrentan apoyando unos u otros bandos en distintos conflictos de Medio Oriente, sin llegar a combatir abiertamente entre sí. Esta suerte de guerra fría se intensificó, particularmente, a partir de la Primavera Árabe en 2010.

En el Líbano, Irán financia a Hezbollah, que internacionalmente se lo considera su brazo armado en ese país. La organización político-militar, fundada en 1982, es considerada organización terrorista por Arabia Saudita, quien impuso sanciones financieras sobre 12 miembros de la organización en 2015. En la guerra de Siria (2011), Irán apoyó abiertamente el régimen de Bashar Al-Assad, mientras que Arabia Saudita financió el Frente Islámico, formado en 2013, constituyendo una de las principales fuerzas militares de oposición, con una tropa estimada de 45.000 soldados. Al estallar la guerra civil en Yemen, Irán proveyó de armas a los Hutíes, mientras que Arabia Saudita apoyó activamente al gobierno de Al-Hadi, con intervención militar directa y uso de la aviación.

La relación entre ambos países alcanza un punto de máxima tensión cuando, en 2016, Arabia Saudita ejecuta a un clérigo Chiíta. En respuesta hubo movilizaciones en Teherán, capital de Irán, donde incendiaron la embajada saudita. A partir de entonces, las relaciones diplomáticas entre ambos países se cortaron totalmente, hasta marzo de este año.

Y aquí es donde entra a jugar China.

El gigante asiático es el principal comprador de petróleo tanto iraní como saudita. Ambos países dependen cada vez más de China en este sentido… y China depende de ellos para alimentar su maquinaria industrial a bajo costo.

El 11 de julio China e Irán firmaron un acuerdo de “Asociación Estratégica Integral” de 25 años de duración, en el cual el país asiático se compromete a invertir 400.000 millones de dólares (si, 10 veces la deuda que contrajo Macri con el FMI) en transporte, comunicaciones, inversiones bursátiles y modernización de la infraestructura petrolera. En contrapartida, Iran garantiza abastecimiento de petróleo con precios entre un 12-18% por debajo del valor de mercado.

El acuerdo también se extendió en materia militar: ejercicios conjuntos, actualización de software y hardware, inteligencia conjunta, e instalación de cuatro bases militares chinas.

Pero China va por más… y se encargó de imponer una normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Irán (con negociaciones desarrolladas en Irak, para incluirlos a todos).

El Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Hossein Amir-Abdollahian, junto con el Ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, el Príncipe Faisal bin Farhan Al Saud, y el Ministro de Relaciones Exteriores de China, Qin Gang. Notesé la centralidad del Ministro chino en la imagen.

Finalmente, las relaciones entre ambos países se reestablecieron en abril de este año.

Pero la cosa no termina acá: también se propusieron integrar a Argentina, Egipto, Arabia Saudita e Irán a los BRICS, el foro político que funciona como contrapeso del G7 y concentra el 46% de la población mundial.

Hasta acá, las cartas de China ¿Qué pasa con Estados Unidos?

Apurado porque llegaba tarde a la fiesta, se propuso concertar una alianza con Arabia Saudita. No vaya usted a creer que los motivos son netamente militares, negocios, son negocios. Si China quiere abrir camino a la Ruta de la Seda, el país del norte va por lo mismo: establecer una ruta segura que garantice el suministro desde India hacia Europa, pasando por Medio Oriente. Y es que Arabia Saudita ocupa un espacio vital para el transporte que brinda una alternativa por tierra al Canal de Suez; así como suministro barato de hidrocarburos a Europa.

A nivel diplomático, este proyecto cobra la forma de un acuerdo de paz entre Israel y Arabia Saudita.

¿Qué ofrece a cambio Estados Unidos? Acceso a tecnología militar de punta, y luz verde para el desarrollo nuclear saudita.

Si bien los acuerdos militares Israel-EEUU y Arabia Saudita-EEUU están concebidos para ser acuerdos separados, forman parte de un mismo paquete político. Así es que en agosto del 2020 Arabia Saudita normalizó relaciones con Israel, en un lento camino hacia la alianza que se estaba tejiendo.

Y acá viene el problema político, porque esto no es el TEG. Por un lado, solo el 2% de los jóvenes sauditas apoyaron la normalización de relaciones diplomáticas con Israel, y es que el genocidio que este Estado perpetúa sobre la población árabe no se traga fácil en la región. Por otro lado, está el problema palestino.

Arabia Saudita reclama que Israel abandone sus pretensiones de anexionarse Cisjordania –que hoy ocupa ilegalmente-. Si bien es la primera vez en la historia que accede a negociar haciendo concesiones en cuanto a la causa palestina, el país árabe no está dispuesto a darle carta blanca a Israel para que concrete dicha anexión.

Ok, vamos un paso hacia atrás. Cuando en 1993 se firman los Acuerdos de Oslo, entre la OLP y el Estado de Israel, este último se compromete a liberar Cisjordania y la Franja de Gaza para que allí se establezca un Estado palestino. Sin embargo, Israel incumplió el acuerdo, y continuó su política de colonización y ocupación. En 1999 se contabilizaban unos 130.000 colonos ilegales en Cisjordania; este año la cifra supera los 700.000.

¿Y qué tiene que ver Arabia Saudita con todo esto? Es que una anexión total de Israel sobre Cisjordania acabaría desplazando millones de palestinos sobre los territorios limítrofes: estamos hablando de Jordania, un pequeño país que ya alberga unos 600.000 refugiados sirios, y unos 2,2 millones de palestinos. En Cisjordania viven hoy unos 3 millones de palestinos ¿Se imagina usted lo que sería Jordania si se ve obligada a acoger 3 millones de palestinos desplazados?

Irremediablemente la crisis social se aceleraría, sin contar la utilización del territorio como base para organizaciones armadas palestinas –sean Hamas, Fatah, Hezbollah o grupos de nueva formación-. Esto causaría inestabilidad política en la frontera con Arabia Saudita, y ni hablar de la agitación fronteras adentro si deciden cooperar militarmente con Israel.

Es en medio de esas negociaciones, en que parecía que Arabia Saudita estaba a punto de firmar el acuerdo con Estados Unidos, que se produce el ataque de Hamas, con un nivel de violencia pocas veces visto, burlando completamente las defensas israelíes, y contando con el apoyo político abierto de Irán, y encubierto, de Rusia. Como acto seguido, los bombardeos genocidas de Israel que apunta contra toda la población civil –bombardeando caravanas de civiles que buscan asilo en la frontera con Egipto, ambulancias, privando de suministro eléctrico y agua hospitales, negando el ingreso de ayuda humanitaria, y una larga lista de etcéteras-. Es en ese contexto que Hezbollah, financiado por Irán, declara la guerra a Israel y crecen las hostilidades en la frontera con el Líbano. Es en ese contexto que Israel, que ya venía de una política ofensiva sobre la población palestina en Cisjordania[1], haya lanzado una nueva ofensiva militar en esos territorios, repartiendo armamento entre los colonos.

Es en ese contexto, que Arabia Saudita da un paso hacia atrás en la firma del acuerdo con Israel y Estados Unidos, mientras Irán advierte que si continúan los bombardeos sobre Gaza “habrá represalias”, y el presidente de Estados Unidos Joe Biden advierte a Netanyahu que una operación militar de ocupación en la Franja de Gaza “Sería un gran error”.

Por eso decimos que, asentados sobre la justa causa de la liberación nacional palestina, la oligarquía financiera pretende desatar una nueva guerra imperialista para superar su crisis de superproducción, destruir fuerzas productivas, y triunfar sobre sus competidores. Es la competencia de mercado llevada al extremo: la guerra por los negocios.


[1] Ver https://prtarg.com.ar/2023/10/07/franja-de-gaza-terrorismo-de-estado-y-lucha-de-clases/

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