El verdadero objetivo del DNU


Es indudable que la burguesía necesita disciplinar a la clase obrera y a los oprimidos en general para sostener y aumentar sus porcentajes de ganancias.

También es claro que la cáscara de la Democracia Constitucional en épocas de alta concentración económica, es decir, en la fase imperialista del capitalismo, no constituye una herramienta adecuada para el sometimiento al pueblo.

Es que, a pesar de la alta concentración económica y la tendencia inexorable a la reacción que ella implica, las contradicciones políticas se profundizan, justamente, debido a la presión que ejercen los intereses antagónicos de la lucha de clases.

La Democracia Formal presenta puertas y ventanas que abrieron, durante años, obreros, trabajadores en general y pueblo oprimido, montados en el vehículo de las luchas y la confrontación, logrando instalar libertades democráticas, conquistas económicas y sociales que, en la situación de crisis capitalista actual, a la burguesía monopolista le presentan obstáculos legales que se interponen frente a su voracidad de ganancias.

En el marco de la Democracia, el Estado al servicio de los monopolios no les resulta ya eficiente, debido a que las decisiones políticas, económicas y jurídicas que necesita tomar el gran capital, están sujetas a cuestionamientos legales, demoras, anulaciones, etc.

Sabemos, por sufrirlo en nuestro propio cuero, que muchas veces, las leyes y postulados constitucionales, los gobiernos de turno y las instituciones estatales no las cumplen. Pero esto exacerba la lucha de clases y pone al descubierto, aún más, las arbitrariedades de la falsa democracia burguesa e incentiva las luchas populares, el descreimiento en las instituciones, la legitimidad del sistema, en una corta expresión, la crisis política de la clase dominante y sus contradicciones internas.

A pesar de la derrota ideológica impresa por la burguesía a la clase obrera, la materialidad en las condiciones de vida degradadas impuestas a quienes producen todo lo existente y generan las propias ganancias y capitales que se apropia la clase parasitaria, fue desarrollando una resistencia creciente que ha obstaculizado el apetito insaciable de ganancias de la clase dominante.

El punto al que se ha llegado, obliga a los monopolistas a tomar estas medidas anunciadas por Milei, poniéndose la corona dictatorial de la suma del poder público.

Quien crea que esto es una locura del presidente o piense que esto no hubiese ocurrido con otro mandatario a cargo del ejecutivo, no alcanza a ver que en la sociedad se desarrolla una lucha de clases y que detrás de los gobernantes de turno y de las instituciones estatales yace agazapada y manejando los hilos, la oligarquía financiera o burguesía monopolista.

No nos referimos a ciertas formas secundarias, a discursos más o menos “políticamente correctos”, ni a promesas vacías que terminan dándose de patadas con la realidad, por el contrario, hablamos de las necesidades burguesas de intentar darle una salida a la crisis que vive el país acorde a la defensa de sus intereses contrapuestos a los de proletarios y pueblo oprimido. ¡Ésa es la esencia!

Y si de intereses hablamos, es obvio que esta guerra en forma cada vez más franca y violenta, condiciones que impone la clase dominante, requiere enfrentarse para bien del pueblo.

En ella, la clase obrera juega un papel trascendental pues es la que posee la llave de la producción que es la que abre o cierra la puerta de las ganancias de los monopolios que nos dominan con el actual presidente autocrático al frente.

La burguesía no podrá avanzar en la implementación de estas resoluciones decretadas sin enfrentarse al proletariado y sectores populares. Las primeras muestras de resistencia al plan del gobierno comienzan a expresarse en los cacerolazos de éstos días, donde miles de compatriotas se autoconvocan por las noches como forma de protesta, no sólo en la Ciudad de Buenos Aires sino también en La Plata, Rosario, Córdoba, por mencionar algunas.

Por esa razón, el proletariado debe asumir su papel dirigente de todos los oprimidos contra el enemigo común: la burguesía con su Estado y los gobiernos de turno.

Nuestro partido y destacamentos revolucionarios, debemos incrementar nuestro compromiso para que el proletariado haga conciencia de su papel y se dirija sin titubeos, y a paso firme, por la senda que lo lleve a su definitiva emancipación y, con ella, a la liberación de todo el pueblo oprimido.

Esa tarea hay que ampliarla y desarrollarla desde cada sector de las fábricas, empresas y talleres, desplegándola hacia los barrios y centros de estudio, organizando en esa acción política a cada persona dispuesta a cubrir un puesto de lucha o una acción por más pequeña o circunstancial que parezca.

Sólo así podremos poner freno y avanzar contra esta orgía de opresión y miseria.

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