Nuestra tarea: profundizar la lucha de clases y construir destacamentos revolucionarios


Una caída fenomenal del consumo; el inminente aumento de las tarifas de luz, gas, agua, transporte y otros servicios; el aumento sistemático de los precios (en especial de los alimentos y los medicamentos) y el consecuente proceso de licuación del salario.

Y sigamos: la militarización de la calle, la persecución a dirigentes y luchadores sociales, la vigilancia de las redes sociales.

Se combinan ahí dos herramientas esenciales para la burguesía monopolista, lo cual no le garantiza ningún éxito en sus propósitos. Sin embargo, la desesperación de la clase dominante por sostener sus negocios y morigerar la caída de la cuota de ganancia la conducen a profundizar el ajuste a través de diversos mecanismos económicos, lo cual se acompaña de las medidas represivas que buscan garantizar la eficacia de su proceder, a expensas de la clase obrera y el pueblo. Estamos atravesando una clara etapa de agudización en la lucha de clases, y hay que prepararse para la profundización de los enfrentamientos.

No podemos confiar ni en las instituciones del sistema, ni en la “oposición” dialoguista y constitucional.

Da vergüenza escuchar a dirigentes que se rasgan las vestiduras y declaman en sus giras por los canales de televisión y demás medios de comunicación (Grabois, Santoro, solo para mencionar algunos casos) que hay que enfrentar al gobierno “con la Constitución en la mano.”

Caraduras: si tuvieran la Constitución en la mano, la hubieran utilizado para recitar y hacer valer por ejemplo el texto del Artículo 14 bis durante el gobierno deplorable de Alberto Fernández, que ahora descansa en España.

Compañeras/os: basta de confiar en las instituciones del sistema que nos oprime. Unamos nuestras luchas y confiemos mejor en nuestras organizaciones de masas allí donde funcionen en pleno ejercicio de la democracia directa.

Y construyámoslas allí donde aún no funcionen.

Comencemos por nuestros lugares de trabajo, por el barrio: todo avance, por pequeño que parezca, resulta importante.

La unidad de la lucha, más temprano que tarde, nos conducirá al resultado que buscamos: una sociedad en la que el héroe será el colectivo, una sociedad en la que la dignidad de la vida será la resultante de la apropiación por parte de los trabajadores y el pueblo de los medios de producción que están en poder de los “héroes de Davos” en palabras del payaso de Milei.

Los empresarios no son héroes, son los ladrones que viven del trabajo ajeno.

Su riqueza es el resultado de la acumulación de la plusvalía extraída durante décadas y siglos de explotación.

Compartí este artículo