Emmanuel Álvarez Agis, ejerció como vice ministro de Economía de la Nación entre 2013 y 2015 y, entre 2011 y 2013, fue subsecretario de programación económica, ambos cargos ejercidos fielmente durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, además de otros cargos en la función pública del Estado, banco Macro, banco Mundial y ONU. Además, es titular de una consultora económica denominada PxQ. En suma, ha prestado y presta servicios al capital financiero.
Ayer, dio a conocer una propuesta que generó discusión entre sectores del peronismo que se encuadran en el llamado “progresismo”, estando unos a favor y otros en contra.
La misma consistía en eliminar las compras con dinero efectivo para, desde los consumidores, obligar a los comerciantes a vender con medios de pago tales como tarjetas de débito, plataformas como mercado pago o Modo, etc. Una lógica que pone en la responsabilidad del usuario la recaudación fiscal al servicio de los intereses del capital, liberando al Estado de ese trabajo, emulando lo que las agencias de apuestas hacen con los menores a quienes les dicen que no deben apostar, lavándose así las manos, mientras riegan con sus redes los espacios televisivos, radiales y medios de comunicación digitales, consumidos masivamente por adolescentes.
El economista aseguraba de esa forma que así los consumidores obligarían a los comerciantes a “blanquearse” y a registrar todas sus ventas, evitándose de esa manera la elusión impositiva mediante las ventas en negro.
Claro que al explicar su propuesta “metió la pata”, como se dice habitualmente, y dio el siguiente ejemplo: “al sacar dinero del cajero, se marca $1.000 y salen $900”. ¡Hermosa propuesta para la gran cantidad de gente que se maneja con el efectivo que, comúnmente, son los sectores asalariados, jubilados y pensionados, incluidos los más pobres de la sociedad!
Este señor que asesora a los oligarcas del sistema financiero, porta la iniciativa que los bancos vienen empujando desde hace tiempo: absorber en sus arcas todo el dinero disponible para multiplicar sus negocios.
Con ella, se eliminaría gran parte del dinero circulante el que quedaría en poder de los bancos y aplicaciones de pago como las mencionadas y otras, lo cual significaría un flujo de capital adicional a disposición de la totalidad de la burguesía, pues, además de representar mayores ganancias a los apropiadores de ese efectivo, la masa del mismo podría orientarse a préstamos de la industria, el comercio y otros negocios de la burguesía.
Mientras tanto, quienes sacan de sus cajas de ahorro la totalidad del salario, la jubilación o las pensiones, obligados por las circunstancias de deudas infernales, nos encontraríamos con que las cantidades que figuran nominalmente en las mismas no serían tales pues nos descontarían un porcentaje por la utilización de dinero efectivo… Ni hablar de quienes no tienen ni siquiera una caja de ahorro y se dedican a hacer changas o servicios particulares para sobrevivir y no están inscriptos en ningún lado.
Sumemos los niños en edad escolar que pretenden comprarse algún paquete de galletitas, tendrían que pagar un porcentaje mayor al del precio de las mismas o bien tener una tarjeta de débito o acceso a una aplicación para no pagar más caro.
Las propinas y limosnas se reducirían en el mismo porcentaje y podríamos seguir enlistando una serie de “beneficios” que este señor atildado peronista, con su imaginación moldeada por los bancos y financieras, nos acerca con su propuesta.
Una prueba más de la vocación que tienen los opositores tanto como los componentes del elenco gobernante de pergeñar medidas a favor de la oligarquía financiera o gran burguesía monopolista, en contra de los intereses de los trabajadores y sectores oprimidos.