Inundaciones, ¿A quién le echamos la culpa?

Las lluvias que han castigado a localidades chaqueñas y del NEA ponen de manifiesto lo que se quiere ocultar: el agua reclama los espacios que siempre le pertenecieron.

Mientras el gobierno se ampara en los elevados registros de las precipitaciones para calificarlos como “desastres naturales”, la ciencia y la historia regional cuentan una historia muy distinta.

Los desastres no son naturales; son construcciones sociales producto de decisiones políticas, económicas y de una alarmante falta de planificación urbana, son producto de un sistema capitalista que solo prioriza la ganancia, sobre la vida de los seres humanos.

Solo negocios para desmontar extensiones de bosques sin volver a plantar nada: destrucción de los glaciares; negocios inmobiliarios tapando lagunas y paleocauces, obturando ríos, etc., solo para los negocios. No existe una planificación, a pesar de los miles de estudios que hay.

Esto es producto de un sistema que a demostrado su fracaso: El sistema capitalista, su eliminación es la salida para sobrevivir como especie.

Cada uno de los vecinos de los diferentes lugares que más de una vez nos hemos inundado, sabemos cuáles pueden ser las posibles soluciones, sin llegar a proponer obras faraónicas – propias de los gobiernos que pretenden nuevos y grandes negocios-, la salida sigue siendo involucrarse, juntarse con los pares , desde las bases, desde abajo, desde cada barrio, desde cada pueblo o ciudad y pelear por buscar salidas que nos acerquen un poco más a la sociedad que pretendemos; administrándonos  mediante el ejercicio de la democracia obrera, lo que implica que todas las responsabilidades sean definidas de manera directa por esta organización a la cual, además, deben responder; que promueva la urbanización o descentralización urbana con planes de viviendas, en armonía con el cuidado y protección ambiental, en pos de la calidad de vida y combatir así la lógica de la ley del valor, donde todo sea ganancia, donde todo sea negocios.

Estos principios de democracia directa u obrera disminuyen la posibilidad de corrupción y de traición que el atornillamiento a los cargos y “representaciones” facilitan y a los que nos tiene acostumbrados la organización verticalista de las instituciones reglamentadas por este Estado.

La garantía de poner en marcha este nuevo proceso de administración estará dada por la participación y movilización cada vez mayor de los trabajadores y el pueblo en los asuntos de Estado.

El propio desarrollo de la lucha de clases y el proceso de organización del proletariado irán determinando la profundidad y los mecanismos mediante los cuales podamos concretar esos logros.

Esto nunca se logrará en el capitalismo sino sólo con el proletariado en el poder. Hoy ya se están viendo en muchos lugares esto, de tomar en nuestras manos nuestras salidas.

Avancemos con los cambios. NO NOS QUEREMOS INUNDAR MÁS.

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